La dura historia de Nadia Murad, víctima sexual del Estado Islámico que ganó el Nobel de la Paz

El Estado Islámico mató a su madre y a seis de sus nueve hermanos. A ella, la tomaron de esclava sexual.

Hoy tiene 25 años y Nadia Murad fue galardonada con el premio Nobel de la Paz. Nació en Iraq y su familia pertenecía a la etnia religiosa yazidí.

Pero en 2014, su vida cambió drásticamente. En Kojo, ciudad donde vivía y estudiaba, irrumpieron combatientes del Estado Islámico tomaron la comunidad  yazidí, asesinando a 600 personas.

Y entre esas personas, seis de sus nueve hermanos y su madre. Nadia, de 19 años, sobrevivió y fue tomada como esclava, junto a otras jóvenes del pueblo.

¿Por qué? Porque para el Estado Islámico, la minoría religiosa yazidí es considerada como infiel.

Su captura

En un abrir y cerrar de ojos, Nadia Murad se convirtió en esclava sexual del Estado Islámico.

La violaron, le quemaron la piel con cigarrillos, la golpearon y la mantuvieron prisionera, a merced de los deseos del Estado Islámico.

A Nadia Murad se la llevaron junto a otro grupo de 150 niñas y jóvenes. “En el trayecto nos tocaban los senos y frotaban sus barbas en nuestra cara”, contó a la BBC.

A pesar de la dura situación que tuvo que enfrentar, confesó que nunca cuestionó su fe.

“Dios estaba en mi mente en cada minuto, aun cuando estaba siendo violada”, señaló la joven a la prensa.

Cómo logró escaparse

Lo logró al segundo intento. La primera vez, fue sorprendida por un guardia que la atrapó de inmediato.

¿El castigo? Violación grupal, práctica llamada yihad sexual.

La segunda vez que intentó escaparse, lo logró porque sus captores no le habían puesto seguro a la puerta una familia vecina la ayudó a salir del área controlada por el Estado Islámico, con un velo negro y un documento de identidad islámico.

Nadia Murad

Activista y símbolo de la lucha por los derechos humanos

Nadia Murad se ha convertido en una figura que viaja por el mundo en defensa de los derechos humanos.

Desde 2016 es Embajadora de la ONU para la dignidad de las víctimas de tráfico humano.

Y es un símbolo de la lucha contra la violencia sexual, calificada como crimen de guerra por el Consejo de Seguridad  de la ONU, al adoptar la resolución 1820 en 2008.

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