Aló Policía: La repugnante misoginia de la Policía Nacional de Colombia

En muchos casos de abuso, ellos también se convierten en los abusadores.

Por Luz Lancheros, @luxandlan*

Muchas veces he dicho, hasta el cansancio y con más impotencia que rabia, que Colombia es un país en el que como te ven te tratan. Y que, en ese ajuste de “las buenas formas”, todo el que se salga de la norma será denigrado hasta con violencia por ser distinto. Sobre todo las mujeres. Si eres gorda, si eres pelicorta, si tienes un piercing, si tienes un jean y un "cuerpazo", serás objeto de múltiples violencias, por parte de mujeres y hombres en Colombia, hasta que te mueras. Incluso de agresiones públicas (como las que hacen los medios de comunicación) y también en todos los espacios de tu vida. Pero lo peor es ver cómo en muchos casos algunos efectivos de la  Policía, ante las agresiones contra las mujeres, también se convierten en los victimarios.

He oído casos, donde la mujer siempre es tratada de loca, histérica y los policías tratan de “conciliar” y no castigar al verdadero agresor. Pero el que denunció la tuitera Laura (@abrahemconm), es la tapa, aunque no sea el primero ni el último. Un guache la acosa por su forma de vestir de la manera más repugnante. Llama a la Policía y el agente no solo la trató con desdén, sino que comenzó a burlarse, como y con su agresor, también de la forma de vestir de ella. Tan chistoso, diciendo que ahora a las mujeres “hasta nos violan con la mirada” y amenazó a la víctima con darle los datos a su agresor para que este la demandara. Claro, porque las mujeres por vestirnos como queramos somos las “malas”, ¿verdad?

Incluso esa vergüenza de policía dudó de su versión y su compañero terminó invitándola a salir.

Acá queda claro que para las instituciones en Colombia, sobre todo las de orden público, somos las locas que no podemos ser respetadas, que somos un objeto y no unos sujetos que vamos más allá de la imagen, porque no la controlamos, porque no somos sus dueñas, porque el machismo que le brota a la Policía Nacional de Colombia, sobre todo en sus efectivos, los sigue cegando a ver quiénes son víctimas y victimarios, ¿verdad? Porque tras ese uniforme hay mucho guache con ínfulas de poder que determina que las víctimas son las victimarias solo por vestir medias de malla, porque detrás de esa placa no hay ni empatía, ni conocimiento, ni siquiera un ápice de ecuanimidad, sino solo individuos rudimentarios y corruptos que justifican su misoginia tras ese chalequito verde. ¿Qué pasa con la Policía Nacional de Colombia, que pone efectivos que en verdad parecen más delincuentes que otra cosa?  Porque cada agente debe dar EFECTIVAMENTE los datos de a dónde pertenece. Pagamos impuestos, todos, para que cumplan con su servicio y eso no los exime de decir la verdad. Y sobre todo, de protegernos, a nosotras, cuando nos sentimos realmente vulneradas.

No valen las disculpas y las medidas de la Policía. No valen, nunca han valido, porque jamás han estado ahí cuando suceden verdaderas tragedias relacionadas con las mujeres. ¿Se acuerdan de la mujer asesinada por su pareja en el centro comercial Santa Fe? ¿Qué hizo la policía cuando el enfermo de su exmarido la acosaba? ¿No le dijo uno de esos agentes que el sujeto tenía derecho a ver a su hijo e ignoraron repetidamente la peligrosidad del que terminó siendo su asesino? Desestimaron repetidamente las llamadas de auxilio de esta mujer, subestimándola, viéndola, tal y como a Laura, como una molestia. Y ahí tienen las consecuencias.

Creo que es hora de que la Policía Nacional de Colombia entrene a sus efectivos en políticas de género. Eso no es “debilidad” ni “histeria”. Es estar en consonancia con la ciudadanía. Una de la que también hacemos parte nosotras, que también les pagamos y que también tenemos derechos para exigir cuentas de su trabajo, que es público. Y una en donde los representantes de la ley no sean tan misóginos como los agresores.

*Las opiniones de la columnista no son las del portal Nueva Mujer*

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