Las deudas del postnatal masculino

Hace siete años es una posibilidad en Chile, sin embargo, la cifra de hombres que lo toman no alcanza el 1%. La falta de información y estímulo estatal, entre otros inconvenientes, se interponen a la hora de ejercer este derecho.

Desde octubre del 2011 está vigente la Ley de Postnatal Parental, que busca, entre otras cosas, fomentar el apego y la lactancia materna ampliándolo a seis meses.  Además, en un intento por avanzar en corresponsabilidad, se incluyó la posibilidad de que ellas traspasaran entre una a seis semanas al progenitor, durante el último mes del postnatal. Este derecho sólo abarca a hombres y mujeres que estén acogidos a algún sistema previsional.

Por ley, existe un postnatal masculino de cinco días hábiles. Estos pueden tomarse inmediatamente después del parto o en el transcurso del primer mes. Al contrario de lo que ocurre con las mujeres, que reciben una subvención estatal durante el período, en el caso de los hombres son los empleadores quienes deben pagar esos días.

“En teoría, la creación del permiso postnatal parental es un avance desde el punto de vista de la corresponsabilidad, sin embargo, en la práctica, al no entregar un derecho exclusivo a los hombres, se sigue reproduciendo una estructura tradicional en la distribución del trabajo reproductivo, que deposita solamente en las mujeres la responsabilidad y los costos asociados al cuidado de hijos e hijas”, explica Nicolás Aros, del Área de Estudios de Comunidad Mujer.

Según cifras de la Superintendencia de Seguridad Social, durante el 2017, sólo un 0,2% de los permisos postnatales fueron transferidos en algún punto al padre, cifra que resulta prácticamente simbólica. La falta de información, los prejuicios de la sociedad, la precariedad laboral, y la obligación de las madres a ceder parte de su tiempo, son algunos de los baches que entorpecen el camino hacia un postnatal que se viva en corresponsabilidad.

Conocimos de cerca una historia de postnatal masculino. Apenas Eduardo Acuña y Daniela Báez supieron que iban a ser padres, decidieron que él aprovecharía las últimas tres semanas de permiso para compartir con su hija, mientras ella se reintegraba al trabajo. La intención era que ambos pudieran involucrarse al ciento por ciento en el proceso de crianza de la pequeña, aprendiendo a conocerla y a entender sus necesidades.

Al indagar en las dificultades que pueden surgir a la hora de tomar este permiso, uno de los primeros problemas apunta a que en Chile las políticas públicas de cuidado se estructuran en torno a las mujeres, pues todo lo que se vincula al hogar y la crianza sigue recayendo principalmente sobre ellas. De ese modo, el punto de la ley relativo a los padres no se establece desde el derecho y obligación que tienen de cuidar a sus hijos, sino que se piensa como un beneficio que se les puede o no ceder.

El acceso a la información también aparece como un factor que juega en contra para que esta política funcione. Durante el proceso, Eduardo y Daniela vieron que gran parte de la información disponible estaba orientada exclusivamente a las futuras madres. “Nosotros mismos nos informamos de la ley”, comenta Eduardo. En muchos otros casos, la gente puede no enterarse de la posibilidad simplemente por desinformación.

El subsidio entregado tanto a padres como a madres durante el período de postnatal es equivalente al sueldo que les corresponde en su trabajo, a menos que este supere el máximo imponible ($2.051.414 brutos, aproximadamente). En Chile, quinto en términos de brecha salarial dentro de los países de La Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE), donde las mujeres ganan en promedio 21% menos desempeñándose en el mismo cargo, resulta un desincentivo que quien, probablemente recibe el mayor ingreso, deba renunciar a una parte para poder dedicarse –aunque sea por un par de semanas– a las tareas de cuidado.

“Según los últimos datos disponibles de la Encuesta Nacional de Empleo (trimestre febrero-marzo-abril de 2018), un 29% del total de las y los ocupados está en condiciones de informalidad. Es decir, casi 2,5 millones de personas son trabajadoras y trabajadores dependientes que no tienen acceso al sistema de seguridad social”, afirman desde Comunidad Mujer, agregando que eso impide a todos acceder a garantías sociales básicas, incluyendo las de maternidad y paternidad.

Hay otro punto que resulta paradójico si se observan las principales intenciones de la Ley de Postnatal Parental. Si por un lado quería aumentar el tiempo de lactancia exclusiva, ciñéndose a los seis meses que recomienda la Organización Mundial de la Salud, la política enfocada en promover la corresponsabilidad va en detrimento del derecho a amamantar, pues el tiempo que reciben los padres tiene que ser obligatoriamente cedido por la mujer. “Una vez que una vuelve a trabajar, es muy difícil mantener la lactancia, el ritmo de trabajo hace que disminuya”, explica Daniela.

Por último, el juicio social que se desprende de una cultura donde la maternidad es patrimonio y responsabilidad de las mujeres se ve como otro problema. En la práctica, para muchas personas resulta inconcebible que una mujer ceda parte de su tiempo al padre. “Al momento en que ella vuelve, su entorno es crítico con que ella haya cedido el permiso”, revela Eduardo.

posnatal masculino

Un derecho y un deber para los padres

“Una distribución justa de las tareas de cuidado entre madres y padres no sólo es favorable desde un punto de vista de equidad de género, sino que también está ampliamente demostrado que la participación de los hombres en la crianza de sus hijos e hijas tiene importantes beneficios para los padres y los recién nacidos/as”, afirma Nicolás, de Comunidad Mujer, apuntando a la importancia de mejorar las condiciones.

Para Daniela, que exista el postnatal para el padre es una buena medida, porque la relación mejora y el vínculo se fortalece. Pudo ver cómo la relación de Eduardo con su hija Ema cambió luego de pasar tres semanas continuas con ella. “Antes, cuando la guagua lloraba, él no sabía por qué. Son cosas que no logras determinar si llegas a las siete de la tarde del trabajo y la guagua se acuesta a las ocho”.

A su vez, para Eduardo, ese tiempo fue muy importante: “Mi relación con Ema cambió, aprendí a conocerla mejor y a verla en su cotidiano, cómo era. Esa experiencia de compartir y hacerme responsable y cargo sólo fue súper buena experiencia, provechosa para mí, porque la madre tiene un vínculo desde el inicio por la lactancia que uno como padre no tiene, entonces es un buen desafío. Finalmente todo resulta  bien, puedes superarlo, estar ahí y disfrutar”.

“Esto es importante, se tiene que perfeccionar, debería ser un derecho exclusivo”, indica Daniela. “Es muy extraño que mi derecho vaya en detrimento del de ella”, afirma Eduardo. Ambos coinciden en el postnatal debería ser independiente y para ambos, permitiendo incluso coincidir en las fechas, en lo que Eduardo denomina como un círculo virtuoso en donde las tareas se compartirían, algo que con la ley actual no puede ocurrir.

Desde Comunidad Mujer concluyen que para corregir este problema es necesaria una reingeniería del sistema de protección a la maternidad y paternidad, pues el de ahora no otorga ni el derecho ni la obligación a los hombres, explicando que es necesario que estos últimos tengan derechos exclusivos, que no dependan de la pérdida del postnatal materno. “Así se igualan los derechos y deberes de la paternidad y maternidad, asumiendo que tanto hombres como mujeres son cuidadores y proveedores al mismo tiempo”, finaliza Nicolás Aros.

Mira más acá: