Me fui a buscar mi pasión

Lo pensé mucho, leí miles de artículos, lo hablé con las personas que más quiero y al final, lo consulté conmigo misma, y hasta la fecha, es la mejor decisión que he tomado.

Tenía aproximadamente más de un año de no tener el lujo de disponer del tiempo, de mi propio tiempo.

Siempre me ha gustado tratar de ir un paso más adelante, y es por eso que desde el segundo año de la universidad comencé a trabajar, a veces por proyectos y en dos ocasiones, en un lugar fijo, como un adulto responsable, o lo que puede ser un adulto responsable con una plaza de medio tiempo.

En todos estos meses, siempre tenía la sensación que alguien más era el dueño de mis horas. No sé si era por el tipo de trabajo, que implicaba estar pendiente del móvil en todo momento, pero sentía que a pesar de hacer mis cosas, siempre estaba en contacto con lo laboral.

No era tan malo ni estresante como se escucha, simplemente creo que todo esto era parte del proceso de crecer, convertirse en adulto y tomar responsabilidades.

A pesar de eso, sabía que iba por buen camino en cuanto a lo profesional, porque a pesar que era algo que no me apasionaba, estaba orgullosa del hecho que a mi edad tenía oportunidades en áreas propias de mi carrera. Todo eso suena bien, pero decidí cambiar la historia, y un día, después de meditarlo por meses, me armé de valor y renuncié.

Lo pensé mucho, leí miles de artículos, lo hablé con las personas que más quiero y al final, lo consulté conmigo misma, y hasta la fecha, es la mejor decisión que he tomado.

Les mentiría si no les dijera que todavía tengo un poco de miedo, en especial en el área económica, pero sé que ahora tengo algo que nada ni nadie lo puede pagar, y es el tiempo para dedicarme de lleno a lo que me hace feliz.

No estoy ganando nada, pero estoy aprendiendo, luchando y saliendo de mi zona de confort. Ahora soy dueña de todo lo que hago y de lo que no hago para cumplir mis sueños, y a pesar que en este último mes he tenido más tiempo para estar en pijama frente a la computadora, estoy feliz, porque en algún momento, el esfuerzo que estoy haciendo dará sus frutos.

¿Por qué escribo esto? Porque con todo este proceso de cambios que ha pasado en los últimos meses he aprendido que una de las mejores cosas que hay es tener la oportunidad de hacer lo que uno le gusta. La vida es muy corta como para estar en cuatro paredes que no llenan el alma de felicidad.

Las mil y un frases motivacionales dicen que hay que seguir las pasiones, y que luego el dinero vendrá, y es algo que quiero creer en esta etapa. Las cosas buenas no llegan de la noche a la mañana, y hay muchas que requieren un gran esfuerzo, pero nada es imposible.

Ahora que veo atrás, agradezco por las oportunidades que tuve y por las personas que creyeron en mí y me abrieron las puertas. Esas son experiencias que siempre abonan a nuestro crecimiento, y sean grandes o pequeñas, dejan huella en nuestra vida, y nos dan las armas para pasar a la siguiente fase de la vida.

Todavía falta mucho por aprender y estoy más que segura que falta conocer a muchísimas personas más y tocar muchas puertas más, pero ahora, se que debo -y es algo que todos debemos hacer- buscar incansablemente las oportunidades que nos llenen el corazón y que nos motiven, no solamente por un cheque o un salario estable, sino porque queremos crecer, aprender y dejar el alma en lo que hacemos.