Equidad

Autora de "Confesiones de una soltera” nos habla de su teoría de la "autoviolación"

Con más de 170 mil seguidores en redes sociales, esta deslenguada autora sorprende con su primer libro, “Confesiones de una soltera”, que revela historias familiares y sexuales sin filtro, bastante alejadas de los estereotipos femeninos que abundan en nuestra sociedad.

"Confesiones de una soltera”, de Penguin Random House, se encuentra entre los libros más vendidos de este año. Su autora es Paola Molina, una veinteañera deslenguada que no teme mostrar “las inseguridades y contradicciones de una mujer de clase media”, como ella misma se define. Comenzó en Internet con pequeñas historias familiares junto a su madre y su tía, y diversos episodios de sexo ocasional sin ese erotismo perfecto que vemos sólo en películas. Al compartir genuinamente su vida, se produjo el salto editorial.

De lectura rápida, el libro es divertido e invita a adentrarse en situaciones íntimas que las mujeres usualmente no contamos. “Solte”, su alter ego, describe cómo terminó teniendo sexo en la calle con un desconocido, su inesperado despertar sexual y reconoce que muchas veces “tiraba” porque sí, casi por pena.

Paola se tituló de Diseño Gráfico, pero trabaja como community manager en una agencia de publicidad. Paralelamente escribe libretos de stand up y un guión para una serie que profundiza en la prostitución. Más allá del formato, quiere expresarse con su género favorito: comedia.

¿En tu casa se leía mucho?

En mi casa de Maipú siempre se inculcó leer, pero no lo describo como un hogar de intelectuales. Es muy clase media, me decían “estudie para que sea algo en la vida”, pero mi tía o mi mamá no leían nada. Con suerte teníamos los libros de Zig-Zag, nada muy profundo. Sólo leía lo que me pedían en el colegio y revistas. Bueno, también leía la Biblia, porque mi familia es evangélica. Lo mío no es la literatura, sólo encontré un medio para expresarme.

¿Todo lo que escribiste realmente pasó?

Lo veo igual que el stand up comedy. Para que la gente se ría, exageré historias, y no puse otras porque me daba vergüenza que lo leyera mi familia. Creo que cuando uno escribe algo está ficcionado. Por ejemplo, “le desabroché el cierre, puse mis  dientes”… Uno le mete color para darle la intensidad que sintió en el momento. Por supuesto, los nombres, años y lugares están cambiados.

Escribes sobre situaciones que las mujeres no hablamos públicamente, como las aventuras de una noche…

Con mis amigas de la universidad, las de stand up y de la vida, somos muy libres para hablar. A veces conversamos de peos vaginales en el Metro, ¡y nos damos cuenta que toda la gente nos mira! (ríe). Somos bastante sinceras. Ningún tema nos da vergüenza, no sólo del ámbito sexual, sino que de la vida. Siempre hablamos de cómo nos sentimos, y no desde lo que creemos que es lo correcto.

Me parecía muy importante escribir el libro libremente, porque me costaba mucho identificarme con mujeres que veo en televisión o películas. Siempre son como sexies y están bajo la mirada masculina. Quería escribir sobre cómo me sentía. Dentro de las veces que tiré, no necesariamente era porque estaba caliente, sino que quería gustarle al otro”.

Cuentas que muchas veces tuviste sexo para no decirle que no, para no dejarlos con las ganas, casi “un premio al esfuerzo”.

Sí, en el cliché, la mina siempre es sensual o recatada, distintos polos. Desde el lugar que yo escribo, sé que muchas mujeres se identifican. A veces cuento una historia (en su página de Facebook “Confesiones de una soltera”) y pienso que me van a apedrear porque no le pasó a nadie más, pero me doy cuenta que era un lugar común.

¿Cómo cuál?

Una vez escribí sobre la autoviolación, es decir, cuando uno toma más copete para invocar una calentura porque la persona que tienes al frente de verdad no te calienta.

¿Cuestionas el número de parejas sexuales?

No es tema. Una amiga me preguntó con cuántos había tirado, y llegué como a 35. Pero como digo en el libro, “no me como más a weones que no me gusten, o comérmelo sin estar caliente”. A veces uno no quiere decir que no porque ya estás en su casa o porque vino de lejos. Si a última hora no me dan ganas de tirar por la razón que sea, no lo voy a volver hacer.

Reconoces que no eres de pololeo. ¿Por qué?

Soy cero de pololeo. A veces es entretenido, pero es bipolar igual. He pololeado tres veces. Mi primer pololo fue para aprender a pololear, y los otros dos estuvieron bien, aunque el último medio caótico. Entre medio he tenido relaciones de dos o cuatro meses. Relaciones intensas, terribles. Conocernos, vernos todos los días y que después terminan como el hoyo…

¿Por qué se da tanto ese tipo de relación?

Creo que la era del amor monogámico, y de la pareja para toda la vida, está obsoleto. No hago un juicio sobre si está bien o mal. Así como la autoviolación, antes existían parejas que todos vimos, como los papás o abuelos, que no pololeaban por amor, sino por miedo a estar solos o porque es más barato vivir juntos. Ahora se valora más el enamoramiento y la libertad. No sé si podría vivir con alguien. Me gusta mi espacio, me cargaría que un weon dejara la toalla tirada en el living.

¿A los hombres les acomoda una mujer que va de frente y pide otro tipo de relación?

Por lo menos con el tipo de hombre que me gusta, siempre ha sido bien recibido que tome la iniciativa. Aunque después se quedan con la tradicional o vuelven con la ex después de dos meses intensos contigo, y luego quieren otra vez contigo, y ahí chao no más. Creo que con las relaciones más libres pierden protocolos que los hace sentirse seguros. Yo digo lo que me gusta en el sexo, o si la otra persona no tiene plata, invito yo.

¿Y no te gusta, a veces, dejar que sea como el caballero antiguo que te paga la cuenta o abre la puerta?

No me gusta, no me atrae. Lo siento así genuinamente, sin hacer una valoración sobre si está bien o mal. Me encantan las sorpresas más que la caballerosidad. La caballerosidad y la rutina en general me aburren.

Una noche de sexo con desconocido o con la pareja, ¿qué es mejor?

Cuando he tenido pololeos largos no tiro mucho porque me aburre la rutina o lo predecible. Los pololeos monogámicos o tradicionales me aburren y me provocan menos. Pero con una persona nueva también da paja. He tenido la mala suerte que he bajado el cierre y aparece algo medio raro… Después de salir con una persona un par de veces, semanas, es la etapa que más me gusta.

¿Tienes rollos con desvestirte frente a hombres distintos?

Nada, ¡me encanta andar a poto pelado! (ríe). Antes me acomplejaba porque no soy ni pechugona ni potona, pero esa persona no va estar conmigo si no le gusto. Además, me gusta como soy. No me comparo. Igual me costó, no soy una persona súper resuelta.

Has salido con hartos extranjeros, ¿te gustan más que los chilenos?

Sí, haaartos extranjeros. Es que como me gusta lo nuevo, las emociones intensas para no caer en depresión, los extranjeros me dan todo nuevo. No vas a estar hablando de Piñera o la AFP, sino que de otras cosas. No sólo los gringos o europeos, también los latinos, un colombiano, uruguayo, argentino. Muchos países OCDE y del Mercosur (ríe).

Sacaste el libro, escribes en redes sociales. Te expones harto y es fácil que te lleguen críticas. ¿Qué pasa si te califican o te agreden con calificativos como “suelta” o “fácil”?

Me cerraron la página varias veces por cosas así. Al final me di cuenta que te molestan por suelta o por pacata. Soy promiscua cuando quiero serlo, no me he hecho rollo por ser fácil. De hecho en la universidad, en primer año, supe que mis compañeros me trataban así. Un año después, con el discurso del feminismo, me pidieron disculpas. El tiempo se encargó de hacer justicia. Tampoco me obligo a estar siempre en llamas. He estado hartos meses sin pinche, sin sexo ni Tinder, disfrutando la soltería.

Son etapas…

Sí. El año pasado estuve varios meses sin salir con nadie y me parece súper importante que no se trate sólo de legitimar la promiscuidad, sino también nunca sentirse forzada a tirar. No pensar “chuta, he estado seis meses sin tirar, no le gusto a nadie”.

Usas Tinder. ¿Cuál es tu experiencia?

Cuando lo he ocupado me he metido a tirar, básicamente. Me han tocado sólo dos personas que buscaban polola. Por mi experiencia, desde 32 años en adelante buscan polola, y los sub 30 quieren sexo. Las dos cosas son divertidas. Un “tinder” que quiere tirar te invita a fumar pito o tomarte una chela; y el de 32, a comer o a ver la exposición de Yoko Ono. ¡Atentas!