Consuelo Hermosilla, la punta de la flecha por la ley contra la violencia en el pololeo en Chile

Entrevistamos a la madre de Antonia Garros, que hoy lucha por un cambio en la ley tras la muerte de su hija.

Consuelo Hermosilla y yo nos juntamos en un café muy ruidoso en el Apumanque. Conozco su historia desde los primeros días, y su lucha me produjo admiración, curiosidad, y mucho orgullo.

Consuelo es la madre de Antonia Garros, que el 7 de febrero se lanzó del piso 13 del departamento de su ex pareja, Andrés Larraín. Antonia ya había iniciado un proceso judicial por violencia el 9 de diciembre de 2016, por los golpes y abusos que Larraín cometía con ella.

Su familia, después de su muerte, abrió la página Justicia para Antonia, que hoy es la carta de presentación para poner en Chile una ley que condene la violencia en el pololeo y del femicidio por inducción al suicidio, figura legal que no existe en nuestro país.

Posted by Justicia Para Antonia on Monday, April 10, 2017

Cuando llegamos, vimos la carta, tuvimos una conversación liviana y decidimos qué pedir. Le aclaré que no sabía bien cómo empezar a hablar con ella porque me parecía muy invasivo preguntarle algunas cosas. Me respondió que le preguntara lo que quisiera.

Su apertura e instinto maternal aguerrido me intimidó. Pensé en un momento que sus respuestas serían cortas y brutas, como las de una madre protegiendo a sus pequeños lobos. Ya han pasado más de cinco meses desde que Antonia se suicidó.

-Cuando supe del caso, muchas personas preguntaban por la familia ¿Cómo aprecia ese tema? ¿La familia tiene que salvar a los hijos de alguien?

Esos son los prejuicios a los que me he visto enfrentada todo este tiempo. Ahora vengo de una capacitación donde los asistentes son fundaciones, ONGs, policías, jueces, abogados, en su mayoría. Y yo formo parte como sociedad civil y soy la única persona de un hecho de violencia como éste. Y un policía dijo: “Bueno, yo creo que como padres uno debe enseñarles a los niños desde chiquititos el tema de la autoestima y que se defiendan”. Los otros papás que opinan o la gente que opina ¿Qué pensarán? ¿Que yo crié a unos animalitos y que crecieron como Dios quiere? No.

-La gente está llena de prejuicios.

Tú te enfrentas a una sociedad tremendamente prejuiciosa. Por ejemplo: la violencia ocurre en las poblaciones, o que esto le pasa a las mujeres tontas: tontas, no preparadas, “Oye, es profesional, cómo le pasa”. Yo lo único que leo es la página de la que soy administradora, y eso lo tomé recién después de un mes. La usaban mis sobrinas y ellas respondían, pero todos querían hablar conmigo. Ellas igual son súper cariñosas, pero yo soy la mamá. El compromiso es no leer las cosas que donde se expresan mal de la Antonia, veo el primer indicio y no pesco. Porque lo encuentro una insolencia, que alguien venga a hablar mal de mi hija que ya está muerta.

-¿Qué piensa de estos comentarios?

Las opiniones que yo leí en un principio eran tremendamente falta de respeto y súper indolentes, nadie piensa que hay una familia atrás, o que mi hija se quitó la vida producto del dolor que tenía. Yo te puedo asegurar que como mamá sería capaz de abstraerme de esto y de decir: “Sabís qué, la Antonia tenía una depresión, estaba súper triste”. Pero no, yo veía venir esto por los maltratos que ella recibía, ella tenía la maleta a medio hacer, nos íbamos el jueves. Yo creo que fue tanta la vergüenza de haber vuelto con este niño, porque debe haberle creído y se dio cuenta que esto iba a ser de nuevo lo mismo, tiene que haber sido tanta su desesperación, tanto su ahogo, y algo de alcohol, porque había estado tomando micheladas toda la tarde con unas amigas. Todo eso sumado con lo que pasó te aseguro que fue un impulso, si es que no se dice todo lo contrario, porque se está investigando, pero yo tengo certeza de que el Andrés es culpable de esto. Yo creo que me quedaría tranquila hoy día si él me mirase y me dijese: “Yo asumo que fui responsable”.

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-Usted no ha vuelto a hablar con él.

¡Estás loca! Ni siquiera se acercaron a dar las condolencias. Si muere un vecino cercano que tú no conoces pero si lo ubicas, vas y das el pésame. Antonia pololeó dos años con él y no fuera de la casa, yo te diría que en agosto a Andrés le compraron el departamento y se cambió. Pero antes, todo el pololeo, sucedió en la casa de sus padres. Por lo tanto, no es una persona que no ubicaran. Si yo hubiese sido su mamá, yo voy a dar el pésame. Me da lo mismo lo que me vayan a decir o si me van a recibir mal, pero yo voy. Porque ella era una buena niña cuando ellos empezaron, que le hace tan bien, pero después cuando empezó a ponerse todo esto con peleas y que ellos se dieron cuenta, entonces la Antonia era loca. Si aquí siempre fue ella. Mi hija tenía 23 años y él 33. Aunque no la quisieran, el hecho de verla, de haberla visto todo ese tiempo ¿Cómo no hay algo dentro de ti que te motive a hacerlo? Es por solidaridad, una cabra que conozco que cuando viajaba le traía un regalo, no se condice además con lo católicos y opus dei que son.

Maltrato y poder

Llega la comida, hacemos una pausa. Me explica que no podrá comerse la tartaleta que pidió sola y que tendré que ayudarle, y me entrega un dato: el chocolate entremedio del bizcocho y fruta es para que el primero no se seque.

Me parece muy tierna. Y demasiado compuesta para tanto dolor, pero teníamos que seguir conversando mientras comíamos.

-¿En qué se momento se dio cuenta de los maltratos?

Yo creo que llevarían unos seis meses, en un asado, que la hueoneaba. La llamé y le dije inmediatamente ¿Por qué te está diciendo hueona? y me responde: “Pero mamá, no te pongai’ brígida, si está curao’, él no me trata así”. Nosotras con la Antonia éramos súper unidas, y en los tiempos que empezó con él me comenzó a evitar, pero era porque yo le preguntaba. Soy la menor de cuatro hermanos y ellos me cuidaban, me hablaban como hombres, me decían: “Nunca juegues a golpes ni a empujarse con tu pololo”, entre otros consejos. Yo les enseñé eso a mis hijas, y la Antonia era súper pará’, tenía una tremenda personalidad. Yo le dije: “Cuidado, una más y yo hablo con él”. A veces pienso ¿Por qué no bajé y le dije?, pero yo sé si lo hubiese hecho, me queda la cagá’ con mi hija. Sí pude haberlo hecho, pero como era él, enfermo, te aseguro que la Antonia hubiese pagado las consecuencias, y habría significado que no estuviesen en la casa nunca, pero eso lo fui aprendiendo con el tiempo, cuando yo veía en la cara de pavor de mi hija que ella iba a sufrir.

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-¿Trató de denunciar el caso?

Cuando yo me di cuenta y fui a una comisaría fue súper vergonzoso, estás en un módulo y en el de al lado están denunciando un choque. Les dije: “Lo que pasa es que mi hija tiene problemas con el pololo” y me respondieron “Bueno, entonces no la deje salir señora ¿Usted no la manda?”, les digo que es mayor de edad, y los carabineros me dicen “Entonces que venga ella, porque así no se puede, señora”. Es súper incómodo.

-¿Qué solución le dieron?

Me dijeron que no podía hacer demanda, pero sí podía dejar una constancia, y eso significaba que iba a quedar ahí no más y que la denuncia la tenía que rectificar sí o sí ella, y mi hija no admitía que era golpeada.

-Y ella tampoco iba a rectificar el tema.

La Antonia cuando contó todo el nueve de diciembre, fue porque fue encontrada en flagrancia, porque hubo gente que estaba al lado que fueron los que pidieron ayuda, que eran gente del aseo. Como es un edificio nuevo, ellos estaban en el departamento de al lado, escucharon los gritos, y llamaron. El sargento que lo llevó detenido y que llevó a a mi hija a la casa, me contó que lo primero que hizo Andrés fue llamar al papá (que estaba en Miami) y le pasó el teléfono al sargento. Y el sargento le dijo a su padre: “Yo sé muy bien quiénes son ustedes, pero fue encontrado en flagrancia, me lo tengo que llevar detenido”.

-Quizás Antonia trataba de sanar algo.

Este niño era golpeado, por su padre. Y era súper solo, el único hermano, los otros son dos abogados, un médico, el había estudiado ingeniería en algo pero se salió porque le gustaba construcción civil, en realidad le gustaba la mecánica pero lo obligaron a estudiar ingeniería. Tiene harta presión social. Y la Antonia, al encontrarlo tan solo, ella hacía como de mamá, cuando no tenía comida en la casa, él le decía, tráeme esto, tráeme lo otro, vente que estoy aburrido. Ella le suplía todas las cosas. Ahora pienso, tal vez le suplía todo porque sino quedaba un desastre.

-Yo creo que también es parte del ejercicio de manipulación: “Haz esto o…”

…me muero, me voy a matar, te voy a matar, y voy a matar a tu mamá, a tu hermana, a tu perro, esas eran sus amenazas.

-Y a medida de que usted trataba más de encontrar respuestas, seguía este mismo efecto.

Y lo mismo con sus amigas, ella se quedó sola. Solo una amiga fue la que le aguantó, pero las otras amigas se alejaron, porque se enojaba con él, y las llamaba, y en ese rato obvio que él manipulándola y le decía ponte tú “ya ven”, y ella iba y dejaba botadas a las amigas y si había hecho planes para la noche no cumplía y se fueron aburriendo.

7 de febrero

Cuando Antonia se despidió de mí la última vez yo no le di un beso, estaba enojada con ella porque no había llegado el día anterior. Y le dije cuando salió, Antonia, tienes que pedir hora al psicólogo, estás haciendo las mismas cosas que hacías con Andrés. No es que ella no supiera que yo la quería, de hecho estuvimos durmiendo todos los días juntas desde que terminó con él, y a mí me daba mucha pena cómo dormía ella conmigo porque suspiraba, saltaba, me daba tanta pena porque pensaba ¿Qué tendrá en su cabecita? ¿Qué le habrá pasado en todo este tiempo, que habrá sufrido?. No era un sueño tranquilo.

Cuando pasó todo esto en la noche me dijeron “Tiene que llevar una muda de ropa para vestirla” y al otro día yo llevé su ropa, incluso le puse un pañuelo porque un carabinero me hizo el comentario de que su carita le quedó bien. Entonces dije, seguramente voy a poder verla, yo soy súper toquetona, lo único que quería era abrazarla. Y cuando llegué al Servicio Médico Legal y hablé con el médico y le digo “Aquí traigo la ropa” y me pregunta: “¿Para qué?” yo le respondí que me dijeron que tenía que traer la muda, y me responde: “No. No puede. Simbólicamente se la podrían poner encima de la bolsa pero ella no… no”, y ahí me explicó que estaba reventada, me dijo: “Yo no le puedo negar que la vea. Pero todos los años que tengo de experiencia, yo le pido que no lo haga“, y entendiendo eso, no la vi. Entonces después cuando fui a buscar el cuerpo, yo le dije al hombre que estaba ahí trabajando, que por favor me dejara tocarla. Me explicó también que no se podía, y le dije que necesitaba tocarle la piel nomás, y sacó la mano derecha, y ahí le pude tocar su mano, ahí me despedíEl beso que no le di antes se lo di en ese momento

Mientras me relataba esto traté de ser lo más fuerte que pude y no dejar de mirar a Consuelo a los ojos. Me cuesta mirar a los ojos, en especial en momentos así. Mientras más avanzaba en la historia, más brillosos se ponían los ojos de ambas.

Lloramos ¿Cómo seguir la conversación después de algo así? Nunca había llorado frente a una entrevistada. Supongo que llevo muy poco tiempo en esto. Le pedí disculpas y ella siguió hablándome.

1 mes sin nuestra Anto

Posted by Justicia Para Antonia on Tuesday, March 7, 2017

-Perdón -Le dije después de haber hablado y de haber dejado de llorar.

Por eso es imposible que yo no haga cosas por las niñas que están pasando por esto. Lo que me quede de vida voy a trabajar contra la violencia en el pololeo. Porque mi hija era feliz, porque fue injusto, no se merecía morir, era una buena cabra independiente de lo apasionada que era, de buenos sentimientos. Yo creo también que esa fue la misión de ella y me eligió a mí para hacerlo y voy a hacer todas estas cosas, que me desgastan tremendamente, porque son agotadoras. Imagínate que anoche la Rosario estaba con una crisis de pánico y estuve hablando con ella hasta las 3:45 de la mañana, estaba desesperada, en la casa de mis papás, a mi papá le dio un ataque cerebral no hace tanto, todo ha sido de pena. La Antonia invadía los espacios. Llegaba, gritaba, se iba gritando, y toda la gente que la conocía se ríe cuando la recuerda, yo me río mucho cuando me acuerdo de la Antonia porque hacía mucha tontera.

-¿Usted empezó a meterse en estos temas por Antonia?

Sí, solo por ella. Yo dejé de trabajar, yo tenía el tema de banquetería y restauración de muebles y dije “No, no más”. Yo estoy dedicada en un 100% a esto, casi siempre estoy en Santiago. Me siento súper responsable, veo los inbox que me llegan (yo digo cartas, y la Rosario me huevea de una forma) a diario, son de cabras que te juro que saco el patrón de la Antonia y lo pongo en el de cualquiera y es exactamente lo mismo, pasan por lo mismo.

-¿Qué ha aprendido estos meses? Su vida ha cambiado mucho.

Es que se fue la mitad de mi corazón, pero he aprendido a dar las gracias. Estoy enamorada de la palabra gracias. Estoy enormemente agradecida de todas las oportunidades que he tenido, estoy tremendamente agradecida de tener a los tres meses de lo de la Antonia dos proyectos de ley ingresados. He aprendido que si uno no hace las cosas, se queda en la casa, llorando, criticando, no se hace nada. Si tú quieres hacer cambios, tener cambios en nuestras sociedad, tenemos que trabajar. La mayoría de la gente que critica el país en el que vivimos su misión es solo criticar, no hacen nada. Cuando pido apoyo para las velatones que son nuestra forma de manifestarnos y va poca gente o no va mucha gente porque la persona que convocó era de este partido político, es porque no entendieron nada, porque no se están dando cuenta de que estamos en junio (N. de la R.: la entrevista fue realizada en junio) y ya llevamos más de 30 femicidios, no entendieron que esto no es para mí, no es porque yo quiera salir en la tele.

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El Desconcierto

-Además de que está viviendo un luto y una lucha al mismo tiempo.

Yo debería estar preocupándome de mis dos hijas, de pagarles las universidades, de la ropa que tienen que usar este invierno, qué me toca comprarles, sin embargo, la vida me eligió, y estoy preocupada de sacar una ley, finalmente siento que a los gobernante no les interesa, hacen los proyectos y los dejan durmiendo. Yo me voy a encargar de que eso no sea así, y si para eso tengo que dejar todas mis energías… Yo me doy el permiso para tener pena, para llorar, pero en las noches, en el día tengo que trabajar, tengo que hacer este tipo de cosas, dar entrevistas, hacer cosas que a mí me interesan, mantenerme para poder generar conciencia, la gente no es consciente, aún no. Yo estoy en una capacitación en donde solo hay gente que trabaja en esto y todavía no son conscientes, porque es súper fácil decirlo ¿pero hacerlo? porque yo te digo, sabís qué, hay que ir a una velatón un sábado en la tarde y te puede dar lata no moverte para ir: ahí perdemos.

Cómete eso -me señala su plato con un resto de tartaleta que aún le queda.

-Quizás es un don.

Tal vez (ríe). Yo siempre tengo un lado espiritual que me ayuda, y ella sabía que yo iba a poder. Si no la pude ayudar antes sería muy penca que me quedara llorando y que no hiciera nada con su muerte, que esto sea un número más. Yo te prometo, le prometo a toda la gente, la Antonia va a trascender, va a existir esta ley y va a ayudar a mucha gente. Con los políticos que tenemos (que son uno peor que otro) yo también tengo que ser súper agradecida porque ellos me han abierto puertas, no siendo yo política. Yo me estoy armando después de una tremenda tragedia, sin embargo elegí ver las cosas positivas de mi vida. Cada vez que me llega un inbox no me agobio, siento responsabilidad y digo ya po, por esto tengo que tener ánimo, porque estas cabras y mamás necesitan este ánimo, no sé por qué, pero me necesitan. Soy como la punta de una flecha.

-¿Qué tipo de mensajes le llegan?

De mamás que pasan por lo mismo, de niñas que se han atrevido, que han salido de esto con tremendas secuelas. Una que tiene treinta y tantos que pasó por esto hace más de diez años y me contó que todavía salta cuando suena su puerta. Son cosas que tú decís que es terrible el daño. Y la sociedad cuando ya saliste de esto no tiene una reparación.

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Revista Paula


-¿Dónde cree que está el primer paso a salir del círculo?
En promedio las mujeres se demoran siete años. La familia no se puede meter, las amigas se aburren y se enojan. Por eso te digo que yo creo que las niñas se enferman, porque la Antonia de estar en una relación sana no habría permitido esto, pero entró en esto. Yo creo, primero que todo, es una cosa personal. Lo que aguantas tú no es lo mismo que aguanta otra. Cuánto tiempo vas a aguantar sin aburrirte, sin hacer tu vida, mi hija se anuló, se aguantó golpes, insultos, que la denostaran, que la humillaran ¿Dónde estuvo el punto?

-Parece que no hubo.

Por eso te digo, y estuvo con psiquiatra, con psicólogo, y ellos nunca pudieron detectar esto. Y yo los encaré, les pregunté ¿Cómo? Pero ahí viene mi estómago de mamá, ellos me respondían que era mayor de edad y que le tenían que decir todo a ella.

-¿Usted cuál cree que es una señal de ser víctima de violencia?

Cuando se aíslan, el cambio de carácter, se ponen más calladas, te evitan, la Anto ya no iba a las reuniones familiares. También es una tremenda señal cuando el pololo no va a la casa, no comparte, una relación puertas afuera. Los papás tienen que estar alerta. Cuando pololeas, tienes que relacionarte con todo el mundo. No tienes que estar todo el día metido, pero que te ubiquen, estar en algún almuerzo, es lo lógico.

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-Sobre el tema de las amigas…

Son tan importante las amigas. Cuando doy charlas en universidades, yo les digo a las amigas que aguanten, que escuchen, le vas a decir diez veces que es malo y las diez va a volver, pero va a haber una onceava que tal vez no vuelve. Si eres una súper buena amiga, eres de corazón, porque tu amiga se está jugando la vida. Te va a dar lata porque piensas que no te pesca, pero sí te pesca, sí te escucha, si entiende, es la misma amiga que tenías, solo que ahora no es capaz de tomar esa determinación. Que sepa que estás ahí, no hagas que te mienta, ella necesita creer en alguien y poder tener confianza, porque imagínate lo solas que quedan, que le pasan todas estas cosas solitas. En algún medio me dijeron que era malo que dijera que la Antonia era valiente porque era un mal ejemplo, yo lo siento, para mí lejos mi hija es lo más valiente porque vivió todo ese año y medio, lo vivió callada, sin que sus amigas, su familia y terapeutas supieran. Me podrán decir que es cobarde, me da lo mismo. Para mí fue súper mujercita, es una valentía mal entendida, pero fue encaradora, aguerrida, por una plasta de hombre.

-¿Por qué Antonia lo ocultó por tanto tiempo?

Para protegerlo a él. Por nada más.

-Cuando uno tiene esta edad, uno se siente capaz de solucionar todos los problemas del mundo.

Y te crees la mejor mujer del mundo, todas eran menos buenas, tú eres la que es capaz de cambiarlo. Un poco de ego.

-Eso no sucede.

Obvio que no, porque los cambios van en la persona. Yo sí creo que la gente cambia, pero cuando quieren hacerlo, uno puede aprender a cualquier edad. Hoy una persona me dijo que no le podemos decir enfermo a la gente víctimas de violencia, yo le respondí: “Tú puedes tener toda la teoría, pero yo tengo la experiencia, y a mí eso no me lo quita nadie”.

-Hay una frase que siempre escucho: “A nosotras no nos deberían enseñar a defendernos, a ellos deben enseñarles a no matar” ¿Qué opina? ¿Es posible?

Yo creo que esto va de mano de la educación, nosotros tenemos que educar a nuestros hijos desde niño al respeto, a crecer y tratar con cariño a las demás personas, pero si eso tú lo ves en nuestro mundo es tan difícil porque vivimos en un mundo súper agresivo, es violento hasta en la calle. Creo que uno, en su mini mundo, tiene que hacer los cambios, nuestros mini mundos harán uno grande. Pero ahora, eso es lo más pronto, y si tú esperas que el gobierno haga políticas donde incluya textos, donde le enseñen a los profesores el tema, estamos hablando de cuatro generaciones más. Si queremos cambios ahora, es con tus hermanos chicos, con tus sobrinos, con tus amigos. Ahora muérdete la lengua cuando te quieras burlar de alguien, y empieza a dar las gracias, a disfrutar, a ver la belleza de la diversidad de las personas, a ser tolerante. Dentro de lo que te corresponde, tú se un aporte. Uno debe dejar de alegar, si estás en desacuerdo, hacerlo. Somos súper críticos y no hacemos nada.