Por qué no deberíamos darle más tribuna al Pastor Soto

Tras el último ataque homofóbico del famoso evangélico chileno, tenemos que decir basta.

Ya conocemos de sobra quién es y qué hace el Pastor Soto: un evangélico chileno que está metido en el acontecer nacional, mandando al infierno a algunos, intentando bendecir a otros, yendo al Congreso del país a imponer (más que exponer) sus creencias en contra de reformas como la aprobación del Pacto de Unión Civil, donde habló de la inmundicia de los homosexuales y fue sacado con guardias de la discusión.

Y bueno, ayer lo hizo otra vez: durante el programa “El Interruptor”, conducido por José Miguel Villouta, el que era invitado era Javier Soto, quien, luego de rezar en el estudio contra la voluntad del conductor, sacó una biblia que puso en su mano y la bandera que supuestamente representaba a las comunidades LGBT+ (en realidad era la bandera de Cusco) y puso sus pies sobre ella, denominándola “alfombra de la inmundicia”.

Tras aclararle al pastor que lo que estaba haciendo era una falta enorme de respeto, la directora de contenidos del canal le solicitó retirarse del estudio, puesto que no era posible realizar una entrevista en estas condiciones.

Al ver el video, la indignación viene de forma natural y la falta de respeto se ve a kilómetros. Muchos, en comentarios y redes sociales, insisten en que para qué invitar a un fanático religioso como él a un programa a conversar, porque se dan situaciones como ésta.

Sí, era necesario de cierto modo dar el beneficio de la duda y creer que el Pastor Soto efectivamente podía ir a un programa a debatir y exponer su punto de vista frente a un conductor homosexual, y también que tal vez la intención de la producción era mostrar, simplemente, lo idiota o intransigente que podía ser.

Efectivamente, lo lograron y muchos están molestos con la situación y otros empatizan, incluso quienes son cristianos aseguran que un hombre como él no representa sus creencias, pero ¿A qué se exponen al invitar a alguien así? Sabemos que los evangélicos tienen mucha cabida y son muchos los que son de esta religión en Chile, e incluso políticos han querido aliarse con ellos para asegurar este voto.

No obstante, es peligroso exponer a los espectadores, comunicadores y trabajadores a una persona fanática a la que no le importa ofender y herir la orientación sexual de otros a través de la denigración, con ataques homófobicos conscientes de un hombre como él ¿No queda claro cómo afecta al bienestar de personas que están atormentadas por su orientación el dar tribuna a gente como el Pastor Soto?

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radio.uchile.cl

No se puede hacer debate ni discusión con personas que no quieren escuchar. No podemos defender la libertad de expresión de alguien que cree que su punto de vista es el único válido, y que el resto son personas sucias y pervertidas.

No hay democracia en alguien que no ve como iguales (o como hijos del mismo Dios, en este caso) a personas diferentes, enseñando el cristianismo que él profesa de forma intolerante, ignorante y errónea, malinterpretando todo a su favor. No necesitamos a personas como el Pastor Soto en la opinión pública, más aún en un mes como éste, donde se conmemora el Día Internacional del Orgullo LGBT+.