En defensa de "Epa Colombia": Criticar a Daneidy te hace "superior"

La odian por un clasismo y arribismo que es tan criollo como el ajiaco o la bandeja paisa. No hay más.

Por: Luz Lancheros/ @luxandlan

No hay otra explicación. Con problemas tan importantes como Mocoa y la Guajira, símbolos del abandono estatal que hemos tenido por décadas, el hecho de que los políticos hagan lo que se les pegue la gana y con tantísimas cosas de corrupción, poca planeación y baja calidad de vida y la gente farfulla, con rabia atávica, sobre esa "guisa" (no hay otra palabra más usada en estas últimas horas) que salió desnuda en Soho, como si no existiera nada más en nuestra pequeña sociedad encerrada en montañas físicas y sobre todo, mentales.

 

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Una publicación compartida de Revista SoHo (@revistasoho) el 5 de Abr de 2017 a la(s) 2:33 PDT

 

Daneidy Barrera es ahora esa "que no da ningún buen ejemplo a nuestros niños", porque todo lo que se salga de los estándares estrato 10, blancos, europeos, religiosos y heterosexuales en este país es un peligro "para los niños".  Y así, seguimos con nuestras taras, porque si fuera por todos los policías del "buen gusto" (palabra que acá está asociada con la señorialidad porque falta mucho, muchísimo mundo), la gente con ruana seguiría siendo perseguida por la policía o sacada de los cafés y espacios públicos, como se hacía en los años 20,30 y 40. La gente que se atreviera a usar alpargatas en Bogotá (que Chanel vende ahora por miles de euros) sería mirada con desprecio porque "campesina e indígena" y la que se atreviera a usar una mochila wayuú o alguna cosa originaria, claramente sería atacada y llevada a la comisaría, como le pasaba a la pobre muchacha campesina en 1948, de la novela "El día del odio". 

 

 

 

 

 

Sí, esa policía del "buen gusto" es algo que no nos hemos podido ni quitar siquiera cuando pasamos de la mula al avión y a pesar de que el mundo haya avanzado lo suficiente, allá afuera, para defender cualquier modo de ser. Cualquiera. Vayan a París ahora. ¿Ven a los jóvenes vestidos de Chanel o a lo Audrey Hepburn? No a todos. Hay una firma llamada Vetements , que es la más exitosa del momento y vende sudaderas de Titanic en 900 dólares, así como prendas oversize.

Esa estética callejera, inmigrante y millennial es la que usan los jóvenes ahora en la "Ciudad Luz". Y eso es solo un ejemplo de tantísimos que han pasado y están pasando en la historia de las estéticas y la moda. Algo que en Colombia, claro, sería visto con ese provincianismo típico, como algo "absurdo" y para "ñeros".

Lo más curioso es que esas muestras de odio y violencia hacia Daneidy Barrera por posar en Soho no vienen de personas con cierto poder económico o social. Vienen de todos los estratos. Porque criticar a Daneidy hace sentir superior al colombiano que ve en ella lo que realmente no se atreve a admitir que es. Con esa aspiracionalidad barata, llena de apariencia pero tan hipócrita en sus formas. Porque no es blanca, no es rubia y porque representa a muchas colombianas que son así, como ella. Porque viene de un lugar humilde, pero que en ese arribismo atroz y estúpido, debe ser destrozada, por lo mismo, a todo lo que da. Porque criticar a Daneidy te da una especie de señorío, de superioridad, por no lucir como ella, por no reírte como ella, por no representar lo que es ella. Te junta, en tu imaginario arribista, con los cacaos de este país y con Olguita de Brigard con su Dior para tomar las onces. Eres de la realeza, amigo internauta.

 

 

 

 

Ahora, encuentro otra crítica más o menos justificada, pero que ha pasado con cantantes, presentadores e influencers "" de todo tipo: ¿Por qué ensalzar a alguien sin talento? ¿Por qué darle tanto bombo? Listo. Está bien que se le critique por violar la ley. Eso es inaceptable. Pero si hablamos de talento, contemos cuántos Youtubers, en esta era de la viralidad, tienen un don real. Uno que de verdad los haga unas lumbreras en su campo. Y ahí están, firmando libros, ganando millones, mientras ustedes se desgañitan por alguien que es producto de su tiempo. Si no les gusta, no consuman sus contenidos y no le den fama. Critiquen lo que hace que alguien como ella o sus colegas sea famoso. Pero sabemos de sobra que es preferible ser predecible tuiteando o ranteando en Facebook que hacer algo real. Y eso incluso aplica a los niños, la excusa de siempre, que solo encubre los prejuicios de siempre.