"Mi vida corría peligro y no lo sabía": La realidad detrás de una relación violenta

Cuando leí aquella escalofriante noticia, lo primero que vino a mi mente fue la violenta relación que tuve cuando cursé la preparatoria; 38 % de los feminicidios ocurridos en la región de las américas fueron a manos del esposo, novio, o ex pareja.

Colaboración de Antes de Eva
De: Gabriella Nava

Recordar es volver a vivir. Cuando leí la escalofriante noticia sobre "el matanovias", lo primero que vino a mi mente fue la violenta relación que tuve cuando cursé la preparatoria, esa que sin dudas pudo convertirse en un feminicidio más.

Cuando empezamos, yo tenía 15 años y él 19. Mi yo del pasado estaba obsesionada con el hecho de salir con alguien mayor, me gustaba aparentar que era madura para mi corta edad.

Aquella relación duró casi dos años, dos años de violencia emocional, verbal y física. Todo estuvo mal desde un principio, siempre ignoré las señales, aquellas que ahora veo claramente, pero que en ese entonces no impidieron que siguiera con él, ignoré sus antecedentes de violencia con sus antiguas parejas, ignoré el hecho de que él hablaba muy mal de sus ex novias, incluso de su propia madre, las llamaba putas, zorras, decía que todas fueron estúpidas y lo hicieron sufrir.

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Ese hombre hizo de mí lo que quiso, lo que le permití. Me hizo creerme fea, indeseable, me hizo pensar que al estar conmigo me hacía un favor, me decía que bien podía estar con alguien más guapa e inteligente que yo, pero que a mí me quería mucho. Criticaba mi aspecto, mis gustos, mi forma de vestir, mi forma de pensar. Viví esa etapa de mi vida muy confundida, todo lo que creía, mis valores, pensamientos, todo lo puse en duda.

En México, el 50 % del total de mujeres de 15 años o más, ha enfrentado agresiones por parte de su pareja a lo largo de su relación. Según cifras del INEGI. Los tipos de violencia más comunes son: emocional con 34.8 %, económica con un 29.3 %, física con un 9.3 % y sexual con 7.8 %.

Su violencia aumentó progresivamente, primero fueron comentarios sobre mi aspecto físico, "con esa blusa te ves gorda". Después llegaron las prohibiciones sobre lo que iba a vestir para salir con él, "¿vas a usar esa falda? parece que sólo quieres que me arriesgue a darme en la madre con todos los cabrones que van a voltear a verte, nunca piensas en mí". Dejé de usar la ropa que me gustaba sólo para "no causarle problemas".

Después vinieron los golpes, la primera vez que me pegó fue cuando llegué 30 minutos tarde, iba a acompañarlo a una cita y nos quedamos de ver en su casa, él vivía solo. Cuando llegué estaba furioso, jamás olvidaré la expresión de su rostro, lo primero que me dijo fue "¡perra egoísta, por tu culpa voy a llegar tarde, llevo aquí media hora como tu pendejo!". Traté de explicarle que el metro venía lento, ni siquiera me dejó terminar, me jaloneó y rompió mi blusa, me azotó contra la pared, recargó su codo en mi pecho y con la otra mano me dio una cachetada. Unos vecinos pasaron frente a nosotros y nadie me ayudó, nadie le dijo nada, en ese momento supe lo que es sentirse inexistente.

Me dio vergüenza contarle a alguien, pedir ayuda. Me imploró perdón, juró jamás volverlo a hacer, lo perdoné. Lo volvió a hacer, una y otra vez. Perdí la cuenta de cuantas veces me golpeó y lo perdoné.

Según el Consejo Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia Contra las Mujeres, la forma más común es la violencia ejercida por la pareja en la intimidad, el 60 % de las agresiones suceden en el hogar de las víctimas, la cual a veces culmina en su muerte.

Cada que nuestras discusiones acababan en golpes de su parte, me hacía sentir culpable, aceptaba que sí, que" se le pasaba la mano", pero que yo debía aprender a no hacerlo enojar tanto. Que lo entendiera, que llevaba una vida difícil, que sus papás lo abandonaron, que vivía solo, que no podía con la escuela, con los gastos de su casa, que no podía con su vida, que lo comprendiera, que me amaba y que lo último que quería era hacerme daño, pero que por favor no lo hiciera enojar. Yo trataba de entender.

Fue una etapa dura, mi vida corría peligro y no lo sabía, mis papás no lo sabían, mis amigas no lo sabían. Me sentía sola, me hizo creer que lo único valioso que tenía era él.

Una vez me golpeó en la nariz afuera del colegio, sangré tanto que manché toda mi ropa y mi mochila. Tuve que inventar que me habían asaltado camino a casa. Esa noche lloré muchísimo, tenía vergüenza de decirle a mi familia lo que en realidad había ocurrido, me había golpeado porque le dieron celos de mi mejor amigo. No pude. A partir de ahí las peleas fueron cada vez más violentas, me acostumbré a ocultar mis moretones, arañazos y raspones, ponía mil pretextos, que me había caído, que me golpeé en el gimnasio, que tenía la piel sensible, infinidad de pretextos para encubrirlo.

Entre octubre de 2010 y octubre de 2011, aproximadamente 9.8 millones de mujeres de 15 años y más, fueron agredidas física, sexual o emocionalmente por su actual o anterior pareja.

Los golpes se volvieron cotidianos, normales en mi vida. A veces me llenaba de claridad mental y me disponía a dejarlo, pero llegaba él con su perfecto discurso manipulador y me hacía cambiar de opinión. Si las palabras no eran suficientes entonces me jaloneaba, me decía que a él nadie lo dejaba, me azotaba contra la pared y no importaba cuánto gritara, nunca nadie me auxilió.

La ONU manifestó que el 35 % de las mujeres de todo el mundo ha sufrido violencia física y/o sexual por parte de su compañero sentimental.

Cuando por fin me convencí de dejarlo, me rogó, se arrodilló, lloró, pataleó y como nada de eso me hizo cambiar de opinión, me encerró en su casa. Intenté escapar y me alcanzó en el zaguán, me cargó de vuelta al interior. No importó cuanto pataleara, gritara, forcejeara, él me golpeó, me desnudó, se encimó y puso toda su fuerza sobre mí, me inmovilizó. Me dijo: "eres mía, ¿te queda claro?". Me sentí tan pequeña e insignificante, sentí terror, y en ese momento entendí lo frágil que era ante un hombre muchísimo más fuerte que yo. Ahora sé que si yo no hubiera fingido perdonarlo en ese momento, tal vez él me hubiera matado con tal de no dejarme ir de su vida.

Y no, no era suya. Como pude escapé esa última vez, me buscó pero lo amenacé con denunciarlo, con acusarlo con mi papá, con mis primos, con mis amigos. Ahora el pequeño era él, quien tenía miedo era él. Lo más triste es que tuve que anteponer una figura masculina para hacerle entender que no se me acercara nunca más, sólo de esa manera me dejó en paz.

Más de 365 mil mujeres fueron víctimas de la violencia a manos de su pareja durante 2010. De las cuales, 65 mil tuvieron que ser hospitalizadas por la gravedad de sus lesiones, en alguno de los tres centros de salud pública: IMSS, ISSSTE o Salubridad. De hecho, una mexicana corre mayor riesgo de ser violada o maltratada en su propio hogar que de sufrir cáncer, una de las enfermedades que provocan más muertes a este género, de acuerdo con el Banco Mundial.

Jamás lo denuncié, jamás le dije a mis papás, viví mucho tiempo sin decirle nada a nadie. Tenía mucha vergüenza, además pensé que nadie me creería porque ante todos, él era una maravillosa persona, un hombre divertido, inteligente y simpático, además de ser independiente, un buen estudiante y trabajador.

La violencia que mata es sólo la consecuencia fatal de un problema cultural. Es muy fácil juzgar a las víctimas de violencia de pareja, es fácil decir "no seas pendeja, déjalo", comúnmente quienes agreden son personas manipuladoras, crean todo un ambiente específico para poder violentar a su víctima, le hacen creer que está sola, así no podrá pedir ayuda.

La violencia la viví yo, seguramente si hubiese sido consiente del riesgo que implicaba estar con un macho como él, jamás me le hubiera acercado. No lo supe, ni lo quise ver, y me siento afortunada de poder contarles esto. Es verdad que el feminismo me hizo abrir los ojos ante muchas circunstancias, ahora sé reconocer las señales de violencia y nunca más me permitiré tener una relación violenta. Trato de concientizar a otras mujeres para que no vivan lo que yo viví.

Cifras de la Organización Mundial de la Salud, indican que 38 % de todas las mujeres asesinadas en la región de las américas, de la cual forma parte de México, fueron victimadas por sus parejas.

Y no, no estoy exagerando, las cifras oficiales no exageran, yo pude ser víctima del matanovias, o tú también. Los feminicidas o potenciales feminicidas no tienen un letrero en la frente que nos lo adviertan, los matanovias no sólo tienen tatuajes, no son sólo bar tenders, pueden no tenerlos e incluso ser deportistas, pueden ser catedráticos, policías, funcionarios públicos, puede ser el vecino buena onda que aparenta ser el mejor esposo pero que madrea a su pareja todas las noches, puede ser tu ex novio o incluso tu actual pareja.

Tenía 15 años, 17 cuando terminamos, y puedo decir que era demasiado joven, tal vez mi inexperiencia me hizo permitirle los golpes, los insultos, las humillaciones, pero no olvidemos a las mujeres que son asesinadas por sus esposos, son mujeres de mayor edad. No sólo me golpeaba por mi falta de conciencia, él es un macho violento, que antes y después de mí golpeó y seguirá golpeando a sus novias. Siempre temeré por la siguiente que esté con él, por la siguiente que enamore, a quien prometa el mismo cielo pero que la lleve al infierno en vida, o en muerte.

Cuando terminé esa relación pude escapar de un ambiente potencialmente feminicida, pero la solución ante la violencia contra la mujer por parte de su pareja no se erradica con "cortarlo" y ya. Hay cosas que seguimos sin ver, y esas son las señales importantes que no podemos dejar a un lado.

El problema de violencia que vivimos las mujeres es sistemático, él me pegaba como muchas son golpeadas en estos momentos por su pareja, muchas son asesinadas a manos de su novio, otras violadas a manos de su esposo. ¿Por qué? porque vivimos en una sociedad machista que les enseña a los hombres que las mujeres somos objetos de su propiedad, objetos que desde hace años pueden violar, golpear, estrangular, acuchillar o prenderles fuego impunemente.

No sigamos permitiendo que la violencia contra las mujeres sea un asunto normal, cotidiano en nuestras vidas, hay mucho trabajo por hacer todavía, hay muchas vidas de mujeres por salvar, mucha violencia que eliminar, muchos matanovias que erradicar. Si te pega, definitivamente no te ama.

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