Equidad

Sin televisión ni fama, estas mujeres dejaron todo en los incendios

Fueron hace más de un mes, pero no podíamos dejar de destacar a estas mujeres luchadoras que desde el más completo anonimato hicieron frente a los peores incendios del último tiempo. Sin televisión ni fama de por medio, sólo garra.

En la foto Estefanía Villela

Por: Carolina Palma

"ÍBAMOS EN UN CAMINO DE FUEGO"
Estefanía Villela (20) es de Con Cón, y pertenece a la Defensa Civil. "Nuestra labor es ayudar a la comunidad en lo que sea necesario, tanto en catástrofes como en eventos masivos. Nos capacitan en primeros auxilios, rescate y telecomunicación", cuenta. Se tituló como Técnico Paramédico y este año entrará a estudiar Enfermería. No niega que se emocionó al ver tanta destrucción, pero siempre se descargó en silencio y alejada de la multitud. "Sólo queríamos sacar a todos adelante. Estuvimos en Santa Olga, San Ramón, me embarqué por el río Maule con la Armad. Mi labor se relacionaba con la sanidad, curar heridas, limpiar la zona ocular, entregar mascarillas y también distribuir la ayuda que iba llegando. La gente ofrecía agua pese a que ellos no tenían en abundancia. Fue fuerte". Además de ver muchos hogares destruidos y familias que perdieron todo, también vivió un peligroso episodio. "Fuimos los últimos en salir de Santa Olga, y cuando nos íbamos a Constitución, en un momento era un camino de fuego. El Ejército iba guiándonos, y se sentía mucho el calor. Debíamos pasar rápido o las llamas nos atraparían". ¿Sus ganas de ayudar a la comunidad? Continúan intactas.

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"DEJÁBAMOS LA PENA EN LA BOMBA"
Hace un año que la Prevencionista de Riesgo, Pamela Muñoz (22), trabaja en su profesión, aunque su gran pasión son sus actividades como bombera. Forma parte de la Primera Compañía de Bomberos de Constitución, la que por un mes apoyó el combate al fuego en Cauquenes, Empedrado, Santa Olga y Constitución. Hace dos años ya había estado combatiendo un incendio forestal, pero nunca de esta dimensión. "La vida de una bombera es igual de dura que la de un bombero. Trabajo igual que ellos, nos cuidan más, pero hacemos los mismos trabajos. De hecho podía estar muy cansada, pero es tal el lazo y el compañerismo que existe que si venía a un compañero subiendo, uno iba a ayudarlo. Teníamos mucha pena porque perdimos a un compañero que venía a relevarnos, de la Primera Compañía de Talagante. Estábamos con la presión de los incendios, la pena por la muerte de Hernán, pero la dejábamos en la Bomba y salíamos a combatir el fuego. No teníamos tiempo para pasar la pena.. En algunos momentos sentí mucho miedo. Quería ir donde mi mamá, sólo a abrazarla y decirle que tenía miedo, pero que no me iría hasta que los incendios terminaran", cuenta Pamela. Los momentos más felices se viven con el agradecimiento sincero que, en este caso, eran también aplausos y muchas frases "fuerza bomberos". "Creo que ese es el mayor pago para nosotros". A juicio de Pamela su trabajo no debe ser remunerado, porque es una vocación, aunque sí considera importante que el Estado entregue más apoyo para compra de materiales y equipos.

"NECESITAMOS UN TELÉFONO"
La señora Fresia Orellana (61) es secretaria de la Junta de Vecinos en Maquehua, en la Séptima Región, donde acumularon las cosas que la gente donó desde distintas zonas de Chile. A ella se le quemó parte de la casa donde vive sola tras la muerte de su marido, hace 9 años, específicamente la cocina, el gallinero y sus árboles frutales. "El fuego no logró quemarla toda, porque traté de apagarlo con lo que tenía. La pena es que se me quemaron mis gallinas, mi perro y mi gato. Los tuve que enterrar aquí mismo. Ahora me traje dos gatitos de Constitución", cuenta. Por eso el Serviu la ayudará a reconstruir parte de su casa. Las mujeres organizaron toda la ayuda en Maquehua, todas las cajas para repartir a los vecinos afectados, y siguen ayudando. "Es que todavía siguen en carpa algunas personas, porque aún no llegan las mediaguas, así que ojalá que no venga la lluvia todavía". Pese a esto, a un mes del incendio, asegura que su sector está bien, ayuda no les ha faltado. "Ahora lo único que necesitamos es un teléfono…Aquí viven muchas personas de la tercera edad, y lo necesitamos por cualquier urgencia", pide Fresia.

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Flor Espinoza

"LES QUISE DAR COMIDA DE CORAZÓN"
Flor Espinoza (61) vive en Mellico con su esposo, y atiende un negocio. Observó cómo se quemaban los terrenos de sus vecinos, pero su casa no gracias a la ayuda de diferentes personas, incluidos sus hijos que llegaron desde Constitución. Durante esos duros días de enero se encontró con muchos voluntarios que prestaban ayuda, y decidió agradecerles. Vio que sólo traían alimentos secos, como barras de cereal, por lo que los invitó a almorzar, y se convirtió en una constante. Cocinó diariamente para alrededor de 70 personas, incluidos bomberos, doctores, sicólogos, veterinarios y militares. "Nosotros recibimos su ayuda, entonces cómo no ayudarlos si ellos se sacrificaron, arriesgaron sus vidas. Les quise dar un plato de comida de corazón. Me enriquecí mucho con estos sobrinos e hijos. Algunos me decían que hace cuatro días no comían verdadera comida. Me daban las gracias por lo que estaba haciendo, y por mi pan amasado", recuerda Flor. Varios le pidieron su número para llamarla más adelante, y no faltó quien le preguntó si podía ir acampar en otra oportunidad en su terreno. Aceptó feliz.

"HICE UN MALETÍN CON TODO LO QUE TENÍA, Y PARTÍ"
En Talca, Dafne Salgado tiene su propia clínica veterinaria. Cuando vio lo que pasaba en el incendio, decidió partir sin dudar. Justo un amigo, relacionado con el Colegio Médico, iba desde Santiago, así es que se unieron. Estuvo más de dos semanas ayudando. "Hice un maletín con todo lo que tenía, y partí. Primero llegamos a Santa Olga y luego nos comunicaa la zona de Mellico. Ahí encontramos caballos chanchos, gatos y perros muy heridos. Los más graves los llevamos al hospital de Constitución. Después recorrí un montón de zonas afectadas. Dormía todos los días en el albergue de Constitución. Me levantaba a las 6,y me acostaba a las 12 de la noche, y hasta el otro día", relata Dafne, quien no consideró un sacrificio dormir sólo con una colchoneta.

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Dafne Salgado

Ella tiene 3 niños, de 5 a 20 años. "Ellos vieron que estaba haciendo los bolsos, y me dijeron que estaban esperando que les dijera cuándo me iba. Al más chico le tuve que explicar que iba a ayudar a los animales del incendio, y me dijo que fuera. Mi marido también me apoya, porque él también es solidario. De hecho nos conocimos ayudando en el terremoto del 2010". Ayudó a más de 20 animales diarios, continuó sus curaciones y les dio sus medicamentos. No sólo eso; adoptó un perro y a una gata, la que perdió su cola arrancando de los cerros de Santa Olga…