Diana María Soler se vive la adrenalina de ser partera

La joven madre de dos hijos encontró en los ejercicios la mejor manera de balancear sus arduos días de trabajo asistiendo a mujeres embarazadas hasta el inesperado momento del alumbramiento.

Por: Carmen Deliz Maldonado Rodríguez

Diana María Soler es una de las pocas parteras profesionales certificadas (CPM, por sus siglas en inglés) que hay en Puerto Rico y aunque se interesó por traer bebés al mundo desde muy temprana edad, nunca pensó que sería a través de la partería.

La joven de 37 años creció con la idea de estudiar obstetricia, mas al ver programas de televisión relacionados a los partos hospitalarios, desistió. "Todo lo que veía era mucha intervención, mucha cesárea, mucha mujer encamada por los dolores, como mucho sufrimiento y dije: 'no, esto no es para mí"", relató la madre de una niña de 11 años y un niño de seis.

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En aquel entonces, estaba haciendo un bachillerato en Biología en la Universidad de Puerto Rico y tras tomar la decisión de cambiar de profesión, redirigió sus estudios al campo de la nutrición. Años más tarde, se licenció.

El deseo de asistir partos parecía haber desaparecido, hasta que en 2005 quedó embarazada de su primogénita. Quedaba poco tiempo para el alumbramiento y visitó a su médico de cabecera para recibir una orientación sobre la lactancia.

Para su sorpresa, la recibió una partera, ocupación que no sabía que existía todavía. La cagueña recordó que "hablamos más de lo que es la partería que de la lactancia".

Con ayuda de la fémina, tomó varios cursos y se convirtió en doula, cuyo rol principal era acompañar a una mujer embarazada al momento de parir. Luego fue hasta The Farm, en Tennessee, y se preparó como asistente de parto.

Años más tarde, en 2008, se unió al Registro Norteamericano de Parteras (Narm, por sus siglas en inglés) para, mediante una metodología de estudio, obtener su CPM. De la mano de unas clínicas de parto en los Estados Unidos, donde un grupo de parteras atendía hasta una veintena de partos mensualmente, fue ampliando sus conocimientos y cumpliendo los requisitos que le exigía la organización.

Soler visitó el lugar en tres ocasiones por periodos de dos meses y, al regresar a Puerto Rico, lo único que le faltaban eran algunas destrezas de ginecología. Así que en agosto de 2011 acudió al único ginecólogo obstetra del País que hace partos en la casa, el doctor Ramón Pérez Ramírez.

"Él tenía que llenar una documentación a ver si el Narm lo aceptaba como preceptor porque no tenía el título de CPM. Eso fue tirarnos a la suerte porque ya yo estaba haciendo partos con él… Hasta que nos llega la carta en diciembre de que lo aceptan. Me acuerdo que yo brinqué y hasta tumbé una lámpara de mi casa", narró, entre risas, la fémina, quien pronto se convirtió en una CPM.

Actualmente lleva seis años trabajando junto a Pérez Ramírez y aunque es el oficio que siempre quiso tener, aseguró que es un reto constante.

Según explicó Soler, "al tener familia y dos hijos es bien complicado. El parto te coge donde sea, a la hora que sea". Por lo que se le imposibilita tener una planificación fija, incluso, hasta para hacer algo tan sencillo como ir al cine.

Sin embargo, lo realmente difícil para la cagüeña es el cansancio emocional que le provocan los partos, pues cada uno fluye según la siquis de la embarazada. La partera dijo que las preocupaciones, los miedos, los traumas del pasado o de la infancia, en fin, todo lo que la mujer haya vivido o esté viviendo influye en cuán largo o cuán corto sea su parto.

Como consecuencia, "las más que absorbemos es la dula y yo, que somos las que estamos ahí de mujer a mujer, y a veces es un reto. Obviamente, la recompensa después es buena: ver a una mujer que parió, que lo logró", sostuvo la también madre.

Fortalecer su cuerpo espiritual y físicamente es vital a la hora de balancear su día a día. "En momentos que siento que no puedo más y voy a desplomarme busco fuerzas en la oración. Siempre le pido a Dios que me ayude", indicó.

En cuanto al ejercicio, Soler siempre se interesó por la actividad física. La gimnasia, el voleibol, el cheerleading y el kickboxing fueron los deportes que practicó desde su niñez antes de fascinarse con el crossfit.

Desde el 2014 encontró en sus entrenamientos una fuente de energía y una manera de relajarse después de uno o varios partos corridos. De hecho, supo cómo entrelazar el trabajo con el deporte.

Soler hace un llamado a mujeres embarazadas y a madres con bebés de menos de un año interesadas en clases de crossfit básico. "Aprenderán movimientos funcionales que las prepararán para ser unas súper mamás y tendrán un espacio para desahogarse de la hermosa e intensa maternidad", concluyó la partera.

Esta es la primera entrega de Conoce a la nueva mujer, una serie de reportajes sobre féminas destacadas en distintos sectores de la sociedad con el fin de puntualizar que el rol de la mujer se transformó. La publicación será cada dos semanas.

 

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