"El país se va a la mierda" y con tu indignación y mensajes solidarios no vas a evitarlo

De cómo nuestro enojo no aporta nada en la construcción de un país mejor

Por María Tapia

Columna de Opinión

Nunca he logrado entender por qué los políticos, celebridades y demás figuras públicas envían mensajes de "solidaridad" cuando sucede una desgracia. Recuerdo muchos ejemplos, el último de ellos ayer ante la balacera ocurrida en Monterrey, dónde un joven de 15 años ingresó con una pistola a su salón de clases y disparó a cuatro de sus compañeros y a su maestra para después suicidarse. Hasta el momento todos los heridos se reportan en estado grave y el suceso, que antes parecía algo que solo ocurría en Estados Unidos, conmocionó a todo el país. Pero nadie se preocupe, el presidente ya expresó en cadena nacional que lamenta los hechos y que se une al dolor y la pena que sienten los familiares. A esta revolucionaria y transformadora iniciativa se han sumado ya otros políticos. Pero no solo ellos, también las estrellas de televisión, protagonistas de telenovelas y cantantes de moda. Y la cosa no para ahí, todos mis contactos de Facebook también han alzado la voz y se han indignado. Todos ellos han enviado mensajes solidarios, todos exigen que se castigue a los responsables: a los padres por no estar atentos a su hijo, a la escuela por no tener las medidas necesarias para evitar el ingreso de un arma, a la psicóloga de la escuela por no detectar que el chico tenía problemas… y al final, si de verdad se castigara a los responsables, seríamos muchos (muchísimos) los enjuiciados.

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Culpables o no, todos nosotros, pioneros y neófitos del activismo 2.0, hemos llegado a la conclusión de que el país "se va a la mierda", y es bien sabido que nada es mejor que publicarlo en redes sociales o decirlo en la sobremesa para cambiar el mundo. Parece que estamos convencidos de que enojarnos e indignarnos es el camino directo al progreso y la evolución social, aunque yo, honestamente, comienzo a dudarlo. Por eso, con un poco de miedo por salir de la norma y con más temor aún de no ser considerada lo suficientemente solidaria, me he propuesto aplicar una serie de cambios en mi día a día como mero experimento. ¿Quién quita y al final resulta algo bueno? Y si no, me indigno y me vuelvo a enojar. Después de todo este mundo es de los que se atreven. Así que aquí voy:

1.- Dejaré de decir que "el país se va a la mierda", que "todo está de la chingada" y que "nos estamos yendo al carajo" para que los niños y jóvenes no tengan pavor y estrés del futuro que les espera. En cambio, les enseñaré con el ejemplo a tomar acciones para transformar su mundo.

2.- No tengo hijos, pero si percibo que algún niño o joven de mi entorno tiene problemas, no me quedaré de brazos cruzados, intentaré ayudarlo. No pensaré que solo es responsabilidad de sus padres y que ellos deben de solucionarlo todo; quizá pueda estar en mis manos la oportunidad de salvar una o varias vidas.

3.- Nunca regalaré "juguetes" inspirados en armas, ni videojuegos violentos, y en cada oportunidad que tenga le sugeriré a mi familia, amigos y conocidos que tampoco lo hagan.

4.- Buscaré la conciliación y no la confrontación en todos los aspectos de mi vida. Aunque eso signifique intentar conocer mejor a ese compañero de trabajo que tan mal me cae.

5.- Abandonaré la filosofía del "no te dejes". Esa que se manifiesta, por ejemplo, cuando un automovilista alcanza a otro que le cerró camino para demostrar su 'superioridad'.

6.- Dejaré de dividir un mundo ya de por sí dividido y dejaré de usar peyorativamente términos como "los gringos", "los chilangos", "los del piso 8", "los de marketing", "los priístas".

7.- Dejaré esta lista abierta para adoptar las acciones que otros desertores y desertoras del enojo y la indignación me puedan aportar. Si eres un@ de ell@, tus sugerencias son más que bienvenidas.

 

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