¿Por qué siempre llamamos "puta" a Taylor Swift?

¿Por qué el hecho de que una mujer cambie rápidamente de pareja es severamente juzgado como en la Antigüedad?

Por Luz Lancheros 

El hecho de que un hombre tenga sucedáneas parejas sexuales, una tras otra, ha sido tema de la picaresca occidental por siglos. "Don Juan", en el Siglo de Oro español. Casanova, en el siglo XVIII. Georges Duroy, en la "Belle Epoque". Guapos, encantadores, siempre se salen con la suya, reflexionan por "el amor", pero tienen redención.

Y al contrario, todas las mujeres que se han atrevido a hacer algo semejante han sido castigadas. Eva, la mujer mala, la pecadora. Algo que no morirá en mucho tiempo.

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Por eso, Anna Karenina termina bajo los rieles de un tren en Rusia por "egoísta". Madame Bovary, por su frivolidad y ansías de salir de su pueblo aburrido, termina agonizando con yodo. La Marquesa de Merteuill en "Amistades Peligrosas", en el siglo XVIII, es desfigurada con viruela por intrigante. Y así, hay cantidad enorme de ejemplos en las historias de nuestra cultura.

Imagen foto_00000001Bette Davis en los años 40 y Taylor Swift comparten algo: a pesar de las décadas, se les señala por su vida sexual. 

Por eso no es de extrañar que esa misma tara se aplique con las estrellas de nuestro espectáculo. Ya en los años 40, columnistas como Hedda Hopper destilaban odio y furia hacia mujeres como Bette Davis, Joan Crawford, Katherine Hepburn y Elizabeth Taylor, entre otras, por tener los hombres que querían, cuando querían y como querían. Y así ha sido hasta nuestros días.

El ejemplo actual es Taylor Swift. 

No importa que sea joven, tenga dinero y tenga belleza. Que sea talentosa y haya sido reconocida por su trabajo. Lo que importa es señalar la "pasmosa facilidad" con la que cambia de pareja y la inmadurez con que afronta sus rompimientos.

Incluso alimenta un estigma constante: cada vez que termina con un hombre, le dedica una canción. Sí, el mito que está en la misma categoría de "Jennifer Aniston es la víctima de Brangelina" y "Kim Kardashian es una prostituta".

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Porque seguimos creyendo que las estrellas son de nuestra propiedad e incluso debemos determinar con quién andan, por un parecer social sin fundamento, que parece de madre ceñuda y prejuiciosa de clase alta. Cuando este año se relacionó con Tom Hiddleston y Drake llovió el odio.

Con Hiddleston creían que ella era "vulgar" para él. Porque ser joven, estadounidense y desenfadada no da para un hombre inglés, culto y casi principesco, en el imaginario de Internet. "Pero si Cumberbatch (quien es su amigo) tiene una esposa que estudió en la Sorbona, Swift solo es una corriente", se leyó más de alguna vez. Tener éxito comercial e influenciar a una generación no basta.

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Y entonces llegaron las burlas con el rompimiento, con la polémica de Kanye West que zanjó con discreción y luego cuando flirteó con Drake. En Twitter se puso el grito en el cielo. Drake era "propiedad" de Rihanna, quien tiene más sentido de la moda que Swift. Drake "¿cómo pudiste?", se veía en todos lados.

¿Por qué podemos juzgar a una mujer famosa por sus relaciones con un rasero tan estricto como el que se ha tenido hace siglos? 

Swift siguió con su vida e indemne a pesar de los ataques. Ha aprendido que en un mundo donde una mujer famosa es señalada por todo, es mejor mostrar la valía con trabajo y discreción. Y que a pesar de todo, seguirá siendo como ella quiera en su aspecto más íntimo. A pesar de los hashtags y demostraciones de odio.