Mi historia de violencia: "Yo creí que era una puta"

Esto es lo que pasa cuando una mujer se destruye poco a poco en una relación abusiva.

"Yo creía que era puta".

Este texto fue originalmente publicado en el portal "Locas del Coño", por Henn Kim.

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Lo creía porque él me lo decía, mientras me arrepentía por haber agregado a un amigo a Facebook. Lo creía cuando le decía a mi amigo si por favor podía borrar una foto en la que se veía conmigo. Lo creía mientras mi amiga me decía que si yo estaba de novia había cosas que no podía hacer, como subir ciertas cosas a Facebook. Yo creía que era una puta por haber coqueteado con otros hombres cuando él todavía no se decidía a estar conmigo. De hecho, cabe aclarar, yo creía que su mujer era la que "lo hacía poner nervioso", y "lo llevaba a romper el monitor del ordenador de un golpe". Sí, yo había coqueteado con otros hombres, aún cuando él me recordaba que no se iba a separar, yo era una puta, claramente.

Después además de creer que era una puta, empecé a creer que estaba loca, y que además era una mala persona.

Empecé a creer que estaba loca, porque él decía que había gente que pensaba eso de mí, que él lo sabía. Empecé a creer que estaba loca, porque había elegido amigos que "me habían llevado por mal camino". Empecé a creer que estaba loca, porque cada vez que él me lastimaba insultándome, elegía la autolesión para demostrarle lo mucho que me estaba haciendo daño. Empecé a creer que estaba loca, cuando empecé a contemplar el suicidio como forma de escapar al dolor.

 

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Y obviamente que era mala persona, ¿cómo yo podía dejar que él sufriese tanto?. Era mala persona por no excitarme con él, porque siempre que me peleaba atacaba mi sexualidad. Era mala persona porque no hacía nada cuando él lloraba como un desquiciado porque yo había empezado a actuar como él, a prohibirle hablar con gente, a tirar cosas, a patear puertas. Me estaba volviendo una loca mala, y que ni se me ocurriese contar lo que pasaba puertas para adentro, no podía contar que me había arrastrado por el piso, que había agarrado un cuchillo y amenazado con matarse, no podía contar que había amenazado con matar a mi gato, dos veces, o que me rompía mis cosas. No podía porque entonces "él iba a contar lo que yo hacía, él iba a contar que yo me cortaba, o que me quería matar, o que le rompí un almohadón de una patada".

¿Quién me iba a creer a mí? Él tenía testigos, él tenía una amiga abogada, él tenía todas las herramientas patriarcales para hacerme quedar como una loca. Y entonces ¿yo qué podría hacer?, soy docente, no podía dejar que esto llegase a afectar a mi profesión, no podía lastimar así a mi familia, tenía miedo de tener miedo, tenía miedo de defenderme. Llegué inclusive a sentir culpa porque, el día que vino la policía al apartamento, porque una vecina llamó, lo hice firmar a él un papel administrativo; debería haberme ido corriendo a la comisaría.

No fui capaz de irme por mis propios medios. Me dejó con la excusa que yo lo engañaba, con una pobre amiga mía con trastorno bipolar. Otra presa fácil. Y haberme ido no fue suficiente como para curarme. Tuve ideas suicidas por mucho tiempo, angustias que no sé de donde salen, dolor, desconfianza en mi misma, inseguridad, perdí casi 10 kilos. Y aún ahora, un poco más entera, con mi pareja de hoy en día, siento la necesidad de reaccionar con violencia defensiva ante ciertos estímulos, la necesidad de defenderme constantemente de un peligro que ya no existe. El ímpetu de desgarrar con los dientes a quien sea que se me acerque porque me puede hacer daño, y ya no quiero que me hagan más daño.

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Ayer tomé la decisión de retomar terapia, para ordenar algunos patos que se salieron de su fila.

Ninguna de nosotras tenemos por qué terminar de esta manera, rotas, porque aún cuando la herida haya cerrado, las cicatrices quedarán. Y son esas marcas eternas, las que nos recordarán para siempre no quedarnos de brazos cruzados, salir a contar nuestras historia, y rezar porque probablemente le sirva a otra chica.

No piensen en que "pasó mucho tiempo, ya es en vano", "pasó hace mucho tiempo, ¿por qué no lo superas, y ya?", no, siempre va a haber alguien a quien su historia pueda salvar. Siempre va a haber alguien dispuesto a ayudar. Cuando estamos metidas de lleno en una relación abusiva y violenta, creemos que nadie nos va a entender, que estamos solas, que nunca nadie se sintió como nosotras. Pero no es cierto. Somos muchas las que hemos sufrido las mismas heridas, y estamos dispuestas a contarlo, si con ello logramos ayudar a que otras no pasen por el mismo infierno. No estás sola.

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