“Unmentionable”, el libro que revela las creencias sexuales en la era Victoriana

El texto no sólo habla sobre sexo, sino que también revela los moldes que la sociedad imponía a las mujeres en relación a su comportamiento, al matrimonio y a su rol como género sumiso.

Sexo, masturbación, orgasmos, sexo oral, VIH, embarazo, métodos anticonceptivos. Todos estos términos son familiares para nosotras, o al menos, para la mayoría de las mujeres adultas.

Aunque aún existan lugares en el mundo en que se trata de deformar la visión y el concepto del sexo, y sociedades que deciden fijar velos a la sexualidad para imponer ideologías, tenemos que exigir nuestro derecho a vivir el sexo de forma plena, aceptándolo como algo natural.

Sin embargo, sólo basta con hacer un flashback y ver cómo se abordaba este tema hace algunas décadas. De hecho, podríamos ir mucho más atrás y evaluar las creencias e ideas del sexo en la era Victoriana.

La escritora e historiadora Therese Oneill extendió esa investigación y condensó todos esos moldes sociales en “Unmentionable”: The Victorian Lady’s Guide to Sex, Marriage, and Manners”.

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El libro habla sobre la ignorancia que existía sobre el sexo en un momento de la historia en que, paradójicamente, se vivían cambios culturales, políticos, económicos, industriales y científicos en el Reino Unido.

En una entrevista con Daily Mail Online, Therese Oneill relata la actitud de esa sociedad que trataba de frenar el placer de la mujer en el sexo; para ellas, estaba prohibido tener relaciones sexuales luego de cenar, porque eso podía provocar un ataque cardíaco.

Las mujeres tampoco podían tener sexo si habían bebido, porque eso pondría en riesgo al bebé que se podría concebir y además, tener sexo y disfrutarlo estaba prohibido, porque se supone que las mujeres “no tenían que sentir placer”. 

Las posiciones sexuales eran restringidas: jamás se podía tener sexo de pie, porque los hombres suponían que eso jamás sería placentero para ellos.

En relación al rol de la mujer, el libro revela las prácticas y costumbres que debían seguir para ser respetadas en sociedad. El corset era obligatorio, debían usar capas y capas de tela para lograr el efecto acampanado de sus faldas. Eso incluía un armazón de madera.

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Las mujeres no podían lavar sus propias zonas íntimas, porque eso se consideraba impuro. Por lo general, los baños no eran costumbre, así que las mujeres se bañaban en perfume, pero esos perfumes no eran como los actuales: se elaboraban con ingredientes como fluido intestinal de ballena.

Para el cabello, ellas usaban amoniaco puro, una sustancia que se vuelve tremendamente corrosiva cuando se mezcla con agua. El maquillaje era igualmente tóxico: el de los ojos se hacía a partir de tinta para escritura y la base de maquillaje, con albayalde, pigmento que ahora se usa para blanquear muebles.

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Las mujeres que querían casarse y tener un buen marido, debían ser obedientes, calladas y “mantener su útero ocupado”, así no darían problemas.