Todos lloramos a Lucía: el brutal caso de la joven argentina violada y asesinada

Es difícil creer y asumir que tantas niñas y mujeres sean sometidas a un sufrimiento tan extremo, que se les robe la vida sólo por su género.

Cómo nos gustaría no tener que escribir sobre estos temas. Cómo agradeceríamos que casos así no ocurrieran y menos, con la violencia inhumana ejercida en el brutal crimen de la joven argentina Lucía Pérez.

Esta adolescente de 16 años vivía en el barrio El Alfar en Mar del Plata y como ha ocurrido en muchos casos más, un par de hombres sin alma decidieron que era tiempo de terminar con su vida. Pero no lo iban a hacer rápido, sino que se “preocuparon” de cada detalle para que el crimen horrorizara a Argentina y al mundo entero.

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Cosecha Roja

El hecho ocurrió el pasado sábado 8 de octubre y además de drogarla, violarla, maltratarla y sodomizarla, Matías Gabriel Farías, de 23 años, y Juan Pablo Offidani, de 41, provocaron la muerte de Lucía usando una de las técnicas de tortura más terribles: el empalamiento.

Es realmente horrible, repulsivo; en realidad, no tenemos palabras para explicar lo que sentimos. Por si no lo saben, el empalamiento es el terrible acto de tortura y ejecución en el que se atraviesa o penetra con una estaca u otro objeto violento a una persona. En el caso de Lucía, fue por el ano.

Es difícil creer que existe tanta crueldad y mentes tan perturbadas que son capaces de cometer actos así: estamos en el año 2016. Según las investigaciones, la joven no habría muerto por sobredosis de cocaína, sino que de un paro cardíaco provocado el extremo dolor que sintió.

La psicoanalista Miriam Maidana escribió una carta que fue publicada en el portal Cosecha Roja. Recomendamos leerla, ya que ahí se describe la impotencia, el dolor, el horror que se experimenta cuando uno se entera de este caso.

Y no sólo de este, sino que el de las chicas argentinas asesinadas en Montañita, Ecuador, y de todas las mujeres en América Latina y el mundo que han sido víctimas del machismo enfermo:

Lucía Perez tenía justo eso: 16 años. No sé de ella, no la conocí. Veo una foto donde sonríe, tiene un piercing, el pelo enmarañado, rastas, chaleco, buzo. Es muy linda y sonríe con ganas. No hay miedo en la foto. Es una adolescente que cursa el último año del secundario, hija de una familia trabajadora, que vive en Mar del Plata. Las rastas ¿serán porque escucha reggae? El piercing del labio,¿se lo habrá hecho algún amigo? ¿Le gustará lengua, historia o físico-química?

Releo: hablo de Lucía en presente. Y no lo está: el domingo 9 de octubre –el día que fusilaron al Che Guevara, el día que nacieron John Lennon y PJ Harvey- fue drogada, violada y asesinada por empalamiento. Ese mismo día en Rosario 100.000 mujeres –donde seguramente habría muchas chicas de su misma edad- debatían todo el día en talleres, eventos artísticos, marchaban, vivían.

Creo que no conocería el término “empalamiento” si no fuera por mi temprana lectura de Drácula, quien fuera apodado “el empalador” por cierta afición a empalar enemigos y dejarlos como trofeo en un bosque.

No es un término de la vida moderna, hasta que dos ¿hombres? matan a Lucía –con un dolor inimaginable, esto es seguro-, lavan el cadáver, la llevan a un centro médico y se “disculpan” con la excusa de la sobredosis. Parece que estos femicidas venden drogas, y sospecho que intentarán “atenuar” lo bestial de su acto bajo el mote de “adictos”.

Yo tengo una larga y extensa formación y experiencia en trabajo clínico con adolescentes y con adictos: lxs adolescentes suelen confiar a veces un poco más de lo debido, y ningún consumo justifica o “disculpa” delitos de crueldad tan extrema. Así como no cualquiera puede linchar a una persona hasta matarla, tampoco por el consumo de drogas una adolescente de 16 años es violada, sodomizada y empalada hasta la muerte.

Una conducta tan regresiva, con tanta perversidad, habla de una sociedad donde el vale todo cada vez más tiene nada de freno: acá no hay ley, no hay salud, no hay lazo social. Tampoco aplicaría el término “animal”, ya que los animales matan para alimentarse, sobrevivir, escapar de amenazas: no aplica.