Rosario Castellanos, la poetisa feminista que luchó por la equidad de género

Conoce un poco de la historia de esta poetisa mexicana que alzó la voz en contra de la inequidad de género

Por Viridiana Mirón

Rosario Castellanos fue una de esas personas que descubrió desde corta edad que la vida no es fácil, que hay decepciones, que hay que luchar por lo que uno cree y que la reflexión y la palabra son la mejor forma de abrir las mentes de los otros.

Nació en la Ciudad de México el 25 de mayo de 1925, pero desde muy pequeña se fue a vivir con su familia a Comitán, Chiapas. Cuando tenía 7 años su hermano falleció y a los 23 años quedó huérfana de padre y madre. La soledad y la falta de recursos económicos la hizo volcarse en la escritura y fue así como se convirtió en la primera mujer escritora de Chiapas.

 

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Años más tarde se fue a vivir a la Ciudad de México y obtuvo el título de maestra en filosofía por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Se desempeñó como profesora en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM y también en la universidad Estatal de Colorado y la Universidad de Indiana.

 

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Rosario Castellanos no sólo se desempeñó como maestra, sino como poetisa, ensayista, escritora y feminista.

Escribió poemarios, novelas, libros de cuentos, ensayos, obras de teatro y textos periodísticos, todos ellos con tintes autobiográficos y con trasfondos políticos; la mayoría en denuncia de la discriminación del indio frente al blanco y de la mujer frente al hombre y inequidad de género. 

Como feminista, Castellanos se vio muy influenciada por el pensamiento existencialista de la también filósofa y feminista francesa Simone de Beauvoir. Siguiendo el pensamiento De Beauvoir, Castellanos llegó a la conclusión de que ser mujer u hombre era una configuración social y no un destino ineludible.

 

 

En algunas de sus obras, habló sobre la desigualdad que existía en el ámbito de la cultura, la ciencia y el arte. También apoyó el movimiento feminista y criticó la inequidad en el trato entre hombres y mujeres, así como la inequidad laboral y la expresión propia.

También juzgó duramente las dietas, los tratamientos embellecedores y los tacones, que consideraba "instrumento de tortura cotidiana".

 

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Sobre el matrimonio, Castellanos opinaba que era una forma de demostrar la dependencia de la mujer y la falta de identidad.

Rosario Castellanos también se enfrentó a la depresión, vivió varios abortos y sufrió mucho por las infidelidades de su esposo, un profesor de filosofía con el que estuvo casada trece años.

Los últimos años de su vida, de 1971 a 1974, vivió en Tel Aviv, donde fungió como embajadora de México en Israel.