Cuidadores o familias de acogida: un puente de amor para la adopción

Los llamados "cuidadores" reciben a menores de entre 0 y 17 años para brindarles el amor, atención y cuidado que ha sido vulnerado en sus familias de origen. Así se influye positivamente en su desarrollo emocional y físico hasta que puedan ser reinsertados en sus familias, o bien sean dados definitivamente en adopción.

Por: Rebeca Ubilla Madrid.

Amor y entrega desinteresada quizás sean las palabras que mejor definan a los cuidadores o familias de acogida, como prefiere llamarles el Servicio Nacional de Menores (Sename), a aquellos que, voluntariamente, participan del programa que la institución tiene a lo largo del país para que niños que fueron vulnerados en sus derechos fundamentales reciban atención, cuidado y cariño hasta ser colocados nuevamente en sus hogares de origen, o bien adoptivos.

 

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Hoy, cuando se dice que prima el individualismo por sobre la solidaridad o la preocupación por el otro, no deja de llamar la atención que haya quienes deciden libremente compartir tiempo, gastos y por sobre todo amor de manera desinteresada. Cuando la conductora Mey Santamaría contó que es guardadora de un bebé de 5 meses –y antes otros rostros lo fueron, como Bárbara Rebolledo– quisimos conocer cómo funciona este programa, y qué características se deben cumplir si se quiere participar en él.

En el Sename indican que las familias de acogida son una forma de cuidado alternativo y transitorio para niños, niñas y adolescentes de 0 a 17 años que son víctimas de desprotección o que han sufrido vulneraciones en sus familias, tales como abandono, violencia sexual u otras formas de maltrato físico o sicológico. Hoy este Servicio administra en forma directa el programa en Santiago, Bío Bío y Valparaíso, pero cuenta con organismos colaboradores acreditados en todo Chile, a quienes subvenciona y supervisa técnica y financieramente.

Pero, ¿cuántos niños chilenos necesitan anualmente esta medida de protección? Demasiados, a nuestro juicio. Según indican en la institución, durante el 2015, 7.879 niños y niñas debieron ser separados de sus familias por dictamen de Tribunales, debido a graves vulneraciones de sus derechos. De ellos, el 30% fue derivado a familias de acogida, y el 70% restante a centros de protección; el objetivo del Estado y de los organismos colaboradores es que a futuro la mayor cantidad de esos niños lleguen a familias de acogida.

Familias para un niño

Bernardita Cárdenas, del departamento de Protección del Sename, explica que en 1990 Chile ratificó la Convención de los Derechos del Niño, lo que hizo que los temas de la infancia se atendieran con un enfoque basado en los derechos de los menores. Según esta línea –que nuestro país se comprometió a cumplir– "uno de los derechos que tienen los niños es a vivir en familia de manera protegida y estable, más aún en su primera infancia".

Bajo ese alero Sename ha ido mejorando el programa y poniendo en el centro del mismo al niño vulnerado. "Nosotros queremos una familia para un niño, y no un niño para una familia. Buscamos que un menor que fue sacado de su familia de origen no sufra un castigo mayor al tener que ser puesto en una institución". Pese a ello, reconoce que las residencias son necesarias "porque no tenemos una red de familias de acogidas potente a lo largo de Chile, que es a lo que nosotros aspiramos".

¿Qué se necesita para pertenecer a esta red? Ser mayor de edad (ojalá no más de 50 años de diferencia con el niño que se recibe), tener interés y aptitudes para crianza infantil, ingresos estables que satisfagan las necesidades básicas del grupo familiar, salud física y síquica compatibles con las labores propias del acogimiento, y manejar vínculos de afecto y desprendimiento, ya que el menor volverá a su familia de origen o adoptada.

"Hablamos de familia en el término más amplio posible, no hay límites ni prejuicios; lo que nos interesa es que aunque se trate de una persona soltera, sea la persona idónea para cuidar a un niño y protegerlo. Aquí caben parejas, o mujeres y hombres solteros", indica Bernardita.

Desde esta perspectiva explica que "siempre se busca que el niño quede en la mejor familia para sus intereses y necesidades", la que puede tener un máximo de tres niños ingresados, y un total de cuatro si se incluyen a los que viven en el hogar .

Quienes postulan al programa son sometidos a evaluaciones físicas y sicológicas, y luego de ser seleccionados ingresan a un proceso de capacitación que incluye aspectos sicológicos, de conocimiento de redes de apoyo, etcétera. A ello se une un acompañamiento frecuente después que se entrega al niño a través de visitas domiciliarias y talleres para tratar temas específicos.Imagen foto_00000001

Beneficios
Un video de Unicef relativo al tema señala que "por cada año que un niño reside en una institución de protección, pierde cuatro meses de desarrollo (…) La violencia en las instituciones es seis veces más frecuente que en los hogares de acogida (…) La violencia sexual es cuatro veces más frecuente que alternativas basadas en el cuidado familiar".

Paula Quilodrán, coordinadora técnica de acogida de ADRA Infancia –entidad que atiende cerca de 1.280 niños en sus programas de acogida en todo Chile– señala que "la falta de contención de un menor en una familia produce daños sicológicos y físicos que afectan su desarrollo orgánico". Incluso hay estudios que demuestran cómo el desarrollo del cerebro también se puede ver tocado por estas carencias. "Los niños que no están bajo el cuidado familiar forman vínculos de apego inseguros. Hacen muchas cosas para ser queridos, sienten que el amor y afecto deben ganárselos, y esto trae consecuencias como que las niñas sexualizan su forma de relacionarse. Hacen cosas para recibir alimento, atención y afecto", agrega.

Por el contrario, los menores que reciben los cuidados en una familia de acogida reducen el estrés de las vulneraciones recibidas, entienden el afecto como algo natural y gratuito, y experimentan un desarrollo físico y emocional adecuado.

La separación
No hay que olvidar que las familias que acogen a estos niños –cuyo plazo máximo no está establecido por Ley, pero se sugiere que no sea más de 2 años– no tienen la posibilidad de adoptar al niño acogido. Cómo olvidar la historia de la periodista Bárbara Rebolledo, quien en una ocasión en que fue guardadora de un menor reconoció sufrir por la separación y la imposibilidad de seguir alguna solución definitiva.

En el Sename explican que la razón es simple: las familias de acogida son un agente social y solidario que por un período de su vida cuida a un menor vulnerado, por lo que desde el principio trabajan para que ésta entienda que ese es su rol. En palabras simples, son las encargadas de cuidar al menor mientras se les busca una familia definitiva, o bien puedan volver a la suya de origen.

Bajo este enfoque "el programa es para satisfacer una necesidad solidaria y de ayuda, y no para cubrir el nido vacío ni para quienes no pueden tener hijos. El camino para ello es la adopción", puntualiza Bernardita Cárdenas.

"Donde caben 2, caben 3"
Con este nombre el Sename acaba de lanzar la campaña que busca fomentar la inscripción de personas interesadas en ser familias de acogida. La iniciativa –que se extenderá hasta este 11 de septiembre– busca mostrar los beneficios que obtienen los niños de entre 0 y 6 años que ingresan a protección familiar. Se hará un fuerte énfasis en redes sociales y el trabajo se focalizará especialmente en La Serena, Talca y Coyhaique.

"La mayor recompensa son sus avances"
Hace aproximadamente dos meses la conductora Mey Santamaría es guardadora de un bebé de 5 meses. No se pudo resistir a la mirada y necesidad de apego que tienen los niños que llegan al Sename."Este tiempo que llevamos con él ha sido maravilloso. Hasta mi hijo (de 1 año 8 meses) está revolucionado de amor con él y sabe que debe ser cuidado por todos".

¿Y la tristeza que te puede causar su separación?
Estoy muy consciente que soy un puente de amor para cambiar su destino, hasta que sea adoptado. Tenemos que dejar de ser egoístas y pensar sólo en nosotros, en lo que nosotros sufriremos. Cuando se vaya tendré la satisfacción de haber entregado amor. La mayor recompensa son los avances que logran estos niños cuando reciben cariño, cómo pasan a ser guaguas regocijadas y sonrientes. El cambio es tan maravilloso que suple cualquier pena.