Lo que aprendí del rechazo

Para ser felices, debemos ser del tipo de persona que hace de un tropezón una lección, y así buscar mejorar constantemente.

Cuando llegas a un lugar y eres nuevo, es muy probable que tengas miedo. Te aterra pensar que dirán los demás, o si no tendrás amigos. Te asusta ser rechazado.

Somos humanos, y siempre hay un momento en la vida en el que tememos a esta situación, pero con el tiempo, he aprendido que el rechazo no es tan malo.

En esta ocasión, no quiero enfocar mi post en las personas, sino en las situaciones que nos dan la oportunidad de crecer, madurar y mejorar.

Creo que todos saben que una de mis ambiciones más grande es ser escritora, pero no saben todos los rechazos que pasé hasta llegar al punto en el que me encuentro ahora, en el cual puedo compartir mis ideas en diferentes espacios y medios.

Cuando me dijeron “NO”, me sentí mal, y me preguntaba muchas veces qué era lo que me faltaba para poder llegar a ser “lo suficientemente buena”. Mi constante curiosidad y mis ganas de lograr mis metas, me hizo no tener miedo a volver a tocar puertas.

¿Y saben qué pasó? Me volvieron a decir NO.

Otra vez me volví a sentir mal, pero mi deseo de escribir era más grande, y aunque lo hacía solamente en un documento de word, no paraba de buscar y leer en que podía mejorar.

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© Favim

Llegó una tercera vez en la que volví a tocar la misma puerta, y esta vez había dicho que era la definitiva. Al parecer la constancia y el trabajo tuvieron su recompensa, porque finalmente fui aceptada donde quería estar.

En el momento que sucedió esto, solo podía pensar en lo increíble que era y lo agradecida con la vida que me sentía.

Ahora que veo atrás, me doy cuenta que las cosas suceden por un propósito, y cada vez que siento que voy a rendirme, recuerdo esta pequeña anécdota para motivarme.

Así como en esta ocasión, me he encontrado con muchas en las que han dicho “NO”, pero me he dado cuenta que han sucedido dos cosas: la primera, es que me preparo hasta lograr mi meta, y la otra, es que ese rechazo se convierte en un entrenamiento para que venga algo mejor a mi vida.

Para ser felices, debemos ser del tipo de persona que hace de un tropezón una lección, y así buscar mejorar constantemente.

El rechazo no debería de verse como algo malo o algo que nos puede detener, al contrario, se debe convertir en el motor que nos impulse dar esa milla extra y probarnos tanto a nosotros mismos como a los que dudaban de nuestras capacidades, que tenemos mucho que aportar.