No más flores muertas ni chocolates amargos

Columna de opinión sobre la conmemoración del Día de la Mujer.

Hoy es un día contradictorio. Por un lado recibimos halagos, flores, chocolates, besos y abrazos, solo porque nacimos mujeres. Pero al mismo tiempo, seguimos viviendo en una sociedad que no respeta aún los derechos de millones de ciudadanas en todo el mundo. ¡De nada nos sirven flores que se marchitarán si lo que queremos es VIDA!

Es complejo hablar de género. Solo por el hecho de discutirlo pareciera que entramos en la misma diferenciación de la cuál estamos pidiendo igualdad. Pero bien, de acuerdo a los últimos acontecimientos acaecidos tendremos que discutirlo.

Hace unas semanas nos impactamos profundamente por el asesinato desalmado de dos argentinas en Montañita (Ecuador). Tras su muerte hemos sido testigos de cientos de opiniones por parte de hombres y mujeres. Ha sido un tema ampliamente debatido en la sociedad. Desde la prensa, pasando por los políticos y llegando a las conversaciones en los barrios, oficinas, ascensores, etc.

Personalmente, he escuchado y leído en redes sociales a mucha gente que comenta lo terrible que es todo esto, pero que al mismo tiempo es capaz de naturalizar y justificar lo ocurrido argumentando que las chicas viajaban solas, que estaban bebidas, que provocaron al destino…señoras y señores el destino no fue quien mató a estas mujeres. Hoy hay un solo hombre detenido por este caso. Un solo hombre se ha atribuido la muerte de ambas mujeres. Según informa el abogado de la familia, Héctor Vanegas, el presunto culpable ha sido amenazado por un grupo de colombianos que trafican drogas en el popular balneario Ecuatoriano. Si esto es verdad, es un claro ejemplo de cómo la violencia de género afecta a todos. Hombres y mujeres por igual. Si unas bestias que no logran controlar su deseo sexual -porque creen que las mujeres existen para eso, para satisfacerlos, para darles placer- al ser rechazados, evidentemente pensarán que ellas deben ser castigadas y luego será simple obligar a algún dealer de segunda a responsabilizarse por su maldad, ignorancia y falta de respeto por la vida.

Porque no se trata de usar minifalda, no se trata de viajar solas, no se trata de beber más de la cuenta, se trata de que nadie tiene derecho a obligar a otro a someterse sexualmente ni de ninguna forma. Tenemos derecho de movernos por el mundo solas o acompañadas, de usar la ropa que se nos antoja y de tomar nuestras propias decisiones sin la intervención ni imposición de nadie. ¡Qué se creen! ¿Hasta cuándo vamos a seguir en esta dinámica?

También tenemos el caso de la activista y medioambientalista, Berta Cáceres en Honduras, quien fue asesinada hace unos días. Y quien tiempo antes de su muerte ya había sido víctima de acoso y constantes amenazas de ser violada, del posible asesinato de su madre y secuestro de sus hijas. Frente a este caso, hay quienes se preguntan por qué esta mujer no está en su casa cuidando a sus hijas en vez de luchar por una idea en la que cree. ¿Es realmente el único rol de la mujer solo ser la matriarca de la familia? Hace mucho que no y creo que no es, ni siquiera, necesario entrar en detalles.

El Día de la mujer no se trata de celebrar, tirar challa, regalar chocolates o flores. El Día de la mujer es un momento para restregarnos en la cara todo lo que ha pasado -a lo largo de la historia, hasta hoy en día- a tantas mujeres en todo el mundo que han muerto, luchado, sacrificado, sufrido, sido vilipendias, violadas, abusadas por otros seres humanos que parecen no entender, de ninguna manera, que no son nuestros dueños. Tenemos derecho de caminar libres y sin miedo, tenemos derecho a conocer el mundo, tenemos derecho a opinar, tenemos derecho a proteger el medioambiente, tenemos derecho a amar, tenemos derecho a vivir nuestra sexualidad como escojamos, tenemos derecho a arrepentirnos de nuestras malas decisiones.

Pero junto con esos derechos, también tenemos deberes y esos parece que no han sido bien entendidos tampoco. Ambos trabajos mentales y sociales son fundamentales. Debemos respetarnos a nosotras y a los hombres. Debemos dejar de dañar a quienes nos rodean sin importar su género. Cuántas veces hemos visto y oído a cientos de mujeres denigrando a otras mujeres, refiriéndose a ellas como “Putas” porque aquella se decidió a dejar a su esposo o porque escogió vivir una sexualidad libre y sin prejuicios. Nos segregamos a nosotras mismas y les enseñamos eso a nuestros hijos. Somos creadoras de matriarcado machista que tanto daño le ha hecho al mundo. Somos el primer eslabón (junto a los hombres) de esta cadena que no tiene la palabra género en su génesis y razón de ser. Se trata de ser más humano, del respeto por la vida y la naturaleza. Lo bueno es que, al parecer al fin, nos estamos dando cuenta de nuestra responsabilidad y el llamado es a comenzar con el cambio AHORA MISMO.

No basta con ser lindas y exitosas. Debemos instruirnos y cultivarnos. Las invito a hablar con otras mujeres, a comentar lo que nos pasa. Es urgente que abramos nuestra mente. Permitámonos vivir y dejemos vivir a los demás. ¡Dejemos de perder el tiempo!