Amor en 2.0

No por hablar mucho por Facebook o WhatsApp somos algo, o por hablar poco hemos dejado de serlo. Simplemente no.

Las redes sociales y yo tenemos una extraña relación. No puedo negar el hecho que éstas han impactado mi vida en un aspecto positivo y que también me han abierto muchas puertas, pero en el tema de las relaciones, digamos que son un arma de doble filo.

Me he dado cuenta que sutilmente todos hemos cambiado, y se nos ha olvidado lo bonito que era compartir en tiempo real con la persona que te gustaba sin distracciones y sin notificaciones.

Muchas veces me pregunto cómo sería si en lugar de una foto en Instagram, recibiera un ramo de mis flores favoritas, y si en lugar de una conversación en Whatsapp, tuviera una cita en un lugar romántico.

¿Qué pasó con los detalles que hacían la diferencia? ¿Dónde quedó la emoción de tener una conversación real? ¿O de esas charlas nocturnas en las que se comparten secretos y sueños? Ahora muchas se limitan a textear hasta que el primero quede dormido.

Creo que todos somos culpables, porque preferimos estar cómodos en casa, en lugar de invertir en la persona que queremos conocer o nuestra pareja. Usamos excusas como “estoy cansado”, “no puedo” o “nos vemos otro día” y para no quedar mal, hacemos el chat más fluido, para que así podamos, al menos, sentir que estamos frente a frente.

Mientras escribo esto, pienso y me doy cuenta que en ocasiones, yo también he usado estas frases. Sí, he sido culpable.

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© Relevant Magazine

Entiendo que cuando existe una gran distancia de por medio, Skype o cualquier otro medio resulta maravilloso, y es de apreciarlo; pero cuando se encuentra a una distancia razonable… ¿por qué no damos un poco más de nosotros y compartimos con nuestra persona sin conexión a Internet?

La forma en que te dicen “me gustas” o el tono en el que te recuerdan lo especial que eres importa más que un punto, una coma o un emoji. Cómo te ven cuando apareces en el lugar que acordaron es mejor que un mensaje directo en Twitter.

Ahora ya hemos perdido la costumbre de sorprender y conquistar, y pensamos que por subir una foto con ese alguien, ya es una forma de enamorar. Díganme anticuada, pero prefiero una carta a un estado en Facebook o una notificación.

Esto ya lo he dicho antes, y es que no puedo alejarme del Internet, pero pienso que debo comenzar a desconectar mis relaciones de éste. No por hablar mucho somos algo, o por hablar poco hemos dejado de serlo. Simplemente no.

La única conexión en la que comenzaré a enfocarme será en la que ocurre en la vida real. En la nuestra.