Hoy voy a ser la mujer, que me dé las ganas de ser

Me cansé de pedir permiso o perdón por cómo soy, de censurarme a mí misma, de criticarme antes de siquiera haber hecho lo que tenía pensado hacer.

¿Te ha pasado que sientes que te gusta cómo eres, pero que de todas formas hay algo que te incomoda? No eres la única, todas lo sentimos. Es como un pequeño Pepe Grillo que sólo aparece en los momentos importantes, en esas ocasiones en que necesitas tener la mente clara y despejada, pero él la confunde.

Ese “bichito” es la incertidumbre. Desde el momento en que llegamos al mundo, hasta que lo dejamos, vivimos con esa necesidad de controlar el destino, aunque sabemos que no siempre lo podemos hacer. Es algo humano; los animales se preparan para el futuro, pero no tratan de manipularlo, sólo hacen lo que tienen que hacer.

Si le prestas demasiado tiempo a la incertidumbre, te vuelves insegura, temerosa y ansiosa. Te preocupas demasiado, incluso por cosas que no tienen nada que ver contigo, y gastas energías en eso. Yo decidí que no voy a darle protagonismo a esa inseguridad en mi vida, ya no más.

Sobre todo, en relación a mí misma con los demás. Como una vez dijo la sabia y talentosa Meryl Streep, “perdí la voluntad de agradar a quien no agrado, de amar a quien no me ama y de sonreír para quien no quiere sonreírme”.

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© Favim

Me cansé de pedir permiso o perdón por cómo soy, de censurarme a mí misma, de criticarme antes de siquiera haber hecho lo que tenía pensado hacer. La cortesía agota, y aunque ayuda a convivir en una paz relativa con los demás, no tienes que engañarte a ti misma siendo extremadamente amable, cuando en realidad, te importa un carajo.

Sé como quieres ser. Hay muchos que te van a criticar, que no les va a gustar cómo eres, pero, ¿qué importa? ¿Tienes amigos? ¿Tu familia te quiere y es agradable contigo? No necesitas más. Tus días no van a ser mejores porque le sonríes a todo el mundo, ni tampoco van a mejorar porque eres la reina de los favores y de complacer a los demás. Primero, complácete a ti misma.

No se trata de ser amargada, todo lo contrario; es ser de la forma que siempre has querido hacer, porque te sale natural y antes, te habías estado censurando. Se trata de libertad, de salir de esa jaula que tú misma te has creado, y los barrotes que no te dejan salir son tu dependencia a la opinión de los demás.