Lo que Walt Disney no nos enseñó de la vida

Una reflexión sobre el legado de sus dibujos animados a 49 años de su muerte.

Un 15 de diciembre de 1966, murió Walt Disney, el dibujante y productor cinematográfico estadounidense que fue pionero del cine de dibujos animados.

La causa de su deceso fue un paro cardiorrespiratorio tras padecer cáncer en su pulmón izquierdo, precio que pagó por ser un fumador empedernido durante su vida.

Aunque hubo rumores sobre la supuesta criogenización de su cadáver para resucitarlo en un futuro cuando la ciencia haya avanzado y así curar su pulmón, lo cierto es que su familia realizó un funeral íntimo y fue incinerado.

Walt Disney es y será recordado como el padre de Mickey Mouse y de otros dibujos animados que alimentaron los sueños de millones de niños alrededor del mundo. Además, del parque de atracciones Disneyland donde todas esas fantasías se hacen realidad.

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Pero, más que rendir un homenaje de todas las creaciones y maravillosas historias que dieron paso a las películas de Disney, en esta oportunidad quiero hablar del legado que dejó en quienes siguieron estos cuentos desde pequeños y creyeron en la magia que tanto se hablaba en ellos.

Las generaciones que crecieron con esos monitos animados son las que llevan una tremenda desilusión dentro de sus corazones. Es que todo lo bello que mostraba Disney, se fue derribando a medida que los niños de aquel entonces se volvieron adultos.

Como una seguidora de las películas de Disney y sus adaptaciones de los cuentos originales, agradezco de cierta forma, que se me haya mostrado un mundo donde los sueños no tienen límites y en definitiva que todo es posible, como la pobre y desdichada muchacha que pasó a ser princesa de la mano de un guapo príncipe.

Es cursi pensar que todos y en especial las niñas pensábamos que la llegada de un príncipe azul nos iba a salvar de nuestras terribles vidas. Eso sí que no se lo agradezco. Aunque es bonito crecer en un mundo de fantasías, luego te das cuenta que el mundo real dista mucho de eso.

Por lo tanto, todos esos cuentos donde se muestra siempre a la mujer subyugada ante la voluntad de un hombre, a la espera de su rescate desde la torre más alta, preocupada de los quehaceres del hogar y hasta humillada entre sus mismas pares mujeres, no tiene nada de mágico.

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Sólo muestra una realidad aceptable para quienes sí creen en los límites y se dejan dominar por las circunstancias impuestas por alguien más, ya sea, un príncipe azul o hasta una madrastra.

Fuera del enfoque de las historias, rescato la belleza de los dibujos y animaciones que, a mi parecer, eran más agradables a la vista que los de hoy en día. Por otro lado, recalco el vacío que dejó internamente en sus seguidores, ya que, lo único que logró es volvernos unas personas llenas de expectativas y sueños sin cumplir. No todo depende de la magia.