La rabia de una infidelidad, ¿es más poderosa que proteger la intimidad?

Las redes sociales se han convertido en la vitrina preferida para ventilar los problemas sentimentales y, de paso, vengarse del infiel ¿Será la mejor opción para terminar una relación?

¡Yo no miento! Así de lapidaria y concreta fue la respuesta de la modelo argentina “Pampita” tras ser acusada de mentirosa y, además, de “cornuda”.

A esto se suma las fotos de su habitación y la cocina donde se mostraba una romántica escena entre Carolina y Benjamín, demostrando que sí estaban retomando su relación, que sí estaban enamorados, ¡y sí! todo se terminó por culpa de la “otra” (según Pampita).

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Mientras los programas de farándula de Chile y Argentina hacían un festín sobre los detalles más íntimos que los mismos aludidos se han encargado de ventilar, yo estaba viendo los memes, los comentarios en favor y en contra de Pampita, el prontuario amoroso de Vicuña y las fotos de sus hijos en medio de este asunto que ya se está convirtiendo en el show de un circo pobre y lastimero.

Sólo me faltaban las palomitas de maíz y el tejido para completar un escenario perfecto del “escándalo de la semana”, aunque siempre imaginando y tratando de buscar un sentido a toda esta explosión de rabia producida por la decepción de un hombre.

Pero, ¿qué es lo que lleva a una mujer a descargar  toda su ira en Internet? ¿Por qué se prestó gratuitamente al juicio de todos quienes pueden opinar a través de las redes sociales? ¿Por qué Pampita? ¡Por qué!

Sólo puedo decir que entiendo -un poco- a Pampita. Primero que todo, hay que decir que ambos (Pampita y Benjamín) se encargaron de publicar su perfecta relación a través de los medios y redes sociales; no escatimaron tiempo en entrevistas, portadas e incluso, dieron una apoteósica fiesta tipo “Brangelina” celebrando sus diez años de relación.

Es decir, la frase “dime lo que te jactas y te diré lo que careces”, se aplica a esta relación. Y esto no es sólo un tema de imagen, sino que ellos mismos se posicionaron en un pedestal de perfección a toda prueba que, ante cualquier mal rato o un error, fue lo más parecido a una caída del piso 300 de un edificio.

Con eso, el dolor y la decepción debió ser mucho más profunda. Los sentimientos están mucho más exacerbados y la reacción es más fuerte dado los millones de cibernautas que opinamos sobre la escabrosa situación.

Por más que intentaron desaparecer las polémicas e infidelidades con bencina, no les sirvió mucho, ya que ellos mismos eligieron esa exposición.

Cada una de las partes debe asumir esa responsabilidad y no, como siempre se ha hecho, culpar a los periodistas que se meten en sus vidas en vez de contratar a unos buenos profesionales que les ayude a solucionar el “quilombo” que ellos mismos armaron. De hecho, son los mismos periodistas que ellos critican los que hacen esta labor.

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Segundo, la rabia de una mujer que se da cuenta que él fue infiel, es tan poderosa como las bombas de Hiroshima y Nagasaki juntas. No es una exageración de mi parte, puesto que las acciones de las mujeres con ira- y por culpa de un hombre- deja varios heridos en el camino.

Consecuencias no previstas que generan una especie de bola de nieve llena de rencor, violencia y más rabia entre las partes involucradas y que no tiene fin hasta que uno o una decide detener esta gran avalancha de odiosidad.

No lo juzgo, solamente es así. ¿O acaso hay alguien que no le ha dicho, al menos, una palabrita hiriente al “tal por cual” cuando termina una relación?

En mis pocos pero bien vividos años, he conocido mujeres que le han rallado el auto, le han quemado todas sus cosas e, incluso, le han avisado a los jefes de que el “innombrable” que está como empleado en su distinguida empresa fue un miserable infiel, ¡y mostrando evidencias fotográficas del hecho del suceso!

Es decir, la reacción de Pampita es sólo el producto de la naturaleza que nos hizo ser así; emocionales, reactivas y, en este caso, vengativas.

Sin embargo, no hay que andar por la vida vomitando odiosidad, porque al final de esta triste historia, Pampita quedó como la loca, la mentirosa, la mala mujer, la mala esposa y la mala madre, ante una sociedad machista que sigue observando a las mujeres como las culpables de todos los males de los hombres, quienes no dicen nada y que – según informaciones de su propio manager- Pampita se dedicó a perseguir y encerrar en su propia casa. ¡Pobre tipo!

Pampita, ¡no es toda tu culpa! No eres mala persona, ni mala mujer, ni mucho menos mala madre, pero antes de publicar tu estado sentimental en tus redes sociales, debes dejar la rabia a un lado, respirar, hacer yoga, contar hasta mil si es necesario y ahí pensar que lo que se publica en Internet no desaparecerá nunca.

Pampita, tú vales más que unos tuits demostrando que sí dices la verdad, eres más que unas fotos mostrando tu feliz relación con Benjamín, eres más que un chat de Facebook diciendo que el hombre que te prometió su amor y te dio unos lindos hijos te fue infiel con su compañera de trabajo.

Pampita, no tienes que demostrar a nadie que te rompieron el corazón, que te humillaron y que lo estás pasando pésimo, porque a nadie le gusta que lo vean vulnerable, rabiosa y descontrolada. Tu vales más que un millón cuatrocientos mil fans, que el prestigio de una marca que auspicias o el programa que participas.

Pampita, tú te mereces otra oportunidad y las redes sociales no tienen por qué saberlo. Tienes tus hijos que merecen lo mejor de ti, y seguro se sentirán mucho más felices si te ven a ti feliz, con otra persona o sola.

Pampita, eres joven, inteligente, eres la envidia de todas nosotras que te vemos sin una gota de celulitis, por lo que no tienes por qué demostrar que la “otra” te quitó tu familia.

Nadie te la quitó, el que te prometió fidelidad y amor fue Vicuña y no ella. El que quiso esconderse y callar, fue él. El que no te defendió ante los comentarios y burlas fue él. No puedo decir que Benjamín es el culpable del rompimiento de tu matrimonio, porque ese es un problema de ambos y de varias terapias de pareja, pero claramente, tú no puedes responsabilizar a la amante de este desenlace.

Ella está soltera, puede hacer lo que quiera y su conciencia será la mejor juez de sus acciones.  Las redes sociales no te ayudarán a recuperar la felicidad que alguna vez tuviste en la relación, la venganza tampoco te va a asegurar que te sientas mejor y la rabia sólo contamina, hay que dejarla pasar y tratar de no explotar a través de Facebook o Twitter.

El punto es, ¿vas a seguir sufriendo, exponiendo tus rabias y emociones por alguien que dice que “está separado hace meses”?

Por lo pronto, aléjate de Twitter, de los diarios, de la prensa, dedícate a trabajar, a juntarte con tus amigas que de seguro te van apoyar y, sobre todo de tus hijos, que sólo desean que estés feliz. Sea con quien sea, sólo feliz y realizada.