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La cantidad de velitas en el pastel no tiene que ver con tu felicidad

La receta perfecta no tiene que ver con los años que tengas. La madurez y la sabiduría hacen que todo sea más sabroso.

Un día como hoy, hace varios años, era la misma persona. Tenía el mismo nombre, el mismo color de cabello y el mismo apellido. Nada de eso ha cambiado y tampoco cambiará, a no ser que decida teñir mi pelo de otro color.

Soy la misma persona, pero no me percibo a mí misma de la misma forma. Crecer y madurar es extraño; sólo te das cuenta de que te ha ocurrido cuando eres capaz de mirar atrás y saber que todo eso que te pasó, ya sabrías cómo manejarlo si te ocurriera nuevamente.

Es como si tu vida fuera una receta. Partes con un ingrediente, vas agregando más y más, los mezclas y te das cuenta de que el plato final quedaría mejor si intentaras hacer esa receta por segunda vez.

Quizás necesites más tiempo de práctica para que el plato que quieres hacer te resulte perfecto, aunque quizás nunca lo sea . Lo que sí tienes claro es que si lo intentas, cada vez estarás más cerca de hacerlo cómo lo planeaste.

La receta perfecta no tiene que ver con los años que tengas. Dicen que la mejor época de la vida es la juventud y yo disto enormemente con esa teoría. Claro, objetivamente estás más energética, más ansiosa por aprender, más dispuesta.

Personalmente, a medida que he ido agregando velas a mi pastel, he notado que la madurez es mucho más importante que todas esas otras cosas externas que supuestamente nos hacen felices.

Crecer también implica responsabilidades, y no todas son sencillas. Nadie dice que no habrá problemas, pero, ¿para qué ocupar tu tiempo presente especulando sobre ello?

¿Todo tiempo pasado fue mejor? Prefiero pensar que la madurez y la sabiduría hacen que todo sea más sabroso y que esa receta que trataste de hacer a los 20, quizás a los 30 ya la manejes al revés y al derecho.

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