La verdad sobre las personas solitarias

Un aplauso a los valientes que se atreven a estar solos.

Soy una chica solitaria, me gusta la soledad. No me da miedo ir a un bar, entrar sola y sentarme en la barra. No me importa caminar en silencio, entrar al cine sin compañía ni pedir snacks para uno, aunque me vean raro.

A la gente le agrada mi compañía, pero siempre preferí las tardes en casa después de la escuela, aunque mi mamá entrara a suplicarme que saliera a jugar. Pocas veces le hice caso.

Supongo que es algo con lo que naces: o amas u odias la soledad. Hay demasiada gente peleada consigo misma a tal punto que siempre tiene que estar rodeada de gente. Para mí eso nunca fue tan necesario.

Me duele el rechazo y la indiferencia, pero eso no tiene nada que ver con ser una persona solitaria. No tienes que vivir encerrada en tu mundo para considerarte como tal. Tampoco necesitas ser una sociópata ni guardar resentimientos extraños con tu alrededor.

Salgo, bailo, me divierto, voy a fiestas, me reúno con los colegas del trabajo para ir a tomar cerveza después de la oficina, hablo horas con mi mejor amiga en el café y convivo demasiado con la familia. La sociedad no es un problema real para las chicas solitarias.

Sin embargo, no concibo cómo la gente puede creer que cuenta con 20 personas en tiempos difíciles como para llamarlos “amigos”. Lo siento, soy una escéptica en la manera tan confianzuda con la que las personas eligen a sus amistades.

Sí puedo quedarme en casa un viernes en pijama, leyendo o viendo mi serie favorita. Puedo aprovechar los descansos para escribir, ponerme los audífonos y olvidarme del mundo. ¿Por qué? Porque me gusta mi espacio, mi tiempo y mi gran descubrimiento últimamente se ha vuelto un hobby: poder estar sola.

Las personas solitarias como yo no tenemos horario, ni adicción al teléfono, no necesitamos una invitación porque generalmente somos bien recibidos, no ofrecemos sonrisas hipócritas ni amistades por conveniencia. Pero eso sí, tendemos a ser un poco egoístas.

Nunca atentes con nuestra intimidad, ni te aproveches de nuestro espacio. Podemos compartirlo, ¡me encanta compartir! Pero debes ser igual de cuidadoso que yo. SI hay silencio, no hagas ruido. Si hay música baila, si hay comida cocina. ¿Me explico?

Las almas solitarias tienden a observar más de lo que hablan y sus reacciones son muy impulsivas. Pero no te rindas con ellas, siempre vas a necesitar una cuando vengas con el corazón roto o con ganas de olvidar. Somos buenos para eso, las personas nos buscan para eso; para hablar sin ser interrumpidos, para sentir un poco de paz.

Así que la próxima vez que invites a una chica o a un chico a una gran fiesta o a beber hasta morir, o a ser parte de la fraternidad más popular y te rechace, cuidado con el tono y la intención de tu risa, no te está diciendo “no me vuelvas a invitar nunca”.

Uno nunca sabe cuándo va a necesitar algo de soledad.