Cómo superar pérdidas materiales

¿Te robaron el bolso, el celular y los cosméticos finos… y no puedes superarlo? Supéralo, tienes 24 horas.

Suelo repetir “lo material circula” cada vez que se le da demasiada importancia a las cosas, las pertenencias. “Son objetos”, me digo, “en la vida hay realidades más importantes”. Pero la semana pasada, cuando me rompieron el cristal del auto y me robaron el bolso (con todo lo que contenía), no pude pronunciar mi mantra.

Acto seguido, me sentí como una hipócrita. La pérdida ya me había fastidiado el día y la noche, y aunque intentaba convencerme de que sólo eran un vidrio, un bolso, un móvil, unos cosméticos, ninguno de mis métodos funcionaba.

La otra parte de mí, la que estaba desconsolada, ninguneaba los argumentos de la parte más optimista: eran el vidrio de mi auto, uno de mis bolsos favoritos, el móvil que sigo pagando mensualmente a mi cuenta de crédito, los cosméticos que compré en Japón. Además de las llaves, las memorias USB, los libros, el perfume…

No me robaron la cartera con identificaciones y tarjetas, porque la llevaba conmigo cuando bajé del auto. Tampoco me asaltaron a mano armada. Yo estaba bien. Bastaba con reparar la ventana, reponer mis cosas, seguir adelante. Cierto… e imposible en ese momento.

¿Qué hice entonces? Voy a contarles qué hice. No soy una persona optimista. Me hundo fácilmente. Después del robo, lloré como Magdalena, como bebé, como ser irracional. En ese sentido, tal vez mi técnica pueda serles útil. Porque si me funcionó a mí, que no tengo remedio…

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(cc) coco Hu / Flickr

 

Inténtelo, y muy probablemente hayan dejado de sufrir al día siguiente del exabrupto. A mí me tomó menos de 24 horas.

Llorar, enojarse, hacer berrinche

Porque todas esas cosas eran tuyas, y te las quitaron. Y no es justo. La vida no es justa, ésta es sólo una pequeña prueba de ello. Este punto incluye la búsqueda de consuelo. No basta con llorar (es necesario que los demás escuchen los lagrimones y la moquera). Llora durante una hora, no más, y luego vete al segundo paso.

Calmarse

Es decir, dejar de estar enojada. Porque la vida sigue. El trabajo, los amigos, los pendientes siguen. Costó mucho, pero intenté poner mi mejor cara al día siguiente. Hasta elegí ropa linda en mi clóset, aunque no tenía ganas ni de vestirme. Haberme puesto guapa, haber conversado con mis compañeros de trabajo, funcionó.

No culparse

Porque no es culpa de nadie que haya ladrones de bolsos y maleantes rompevidrios. Porque por más precauciones que se tomen, hay posibilidades de que algo así suceda de nuevo.

Pedir ayuda

A los amigos, al marido o la mujer, a quien se deje. En mi caso, no podía andar en un auto sin vidrio, así que pedí a mi esposo que me llevara al trabajo. Pedí dinero prestado. Pedí comprensión. Al que no habla Dios no lo oye, dicen.

Trazar un plan de acción

Es decir, definir cuáles serán las metas para recuperarse. En este caso: quiero mi celular de vuelta. Como no he terminado de pagarlo… ¿qué debo hacer para saldar mi deuda con el banco y hacerme de un móvil nuevo? Eché mano de lápiz y papel. Fue horrible, pero me dio claridad.

Redimensionar

Darse cuenta de que en la vida hay pérdidas verdaderamente graves. No estamos hablando de una casa ni un auto ni un porvenir económico, sino de un vidrio, un bolso y un celular.

Pensar en lo que no se perdió (desde la cartera hasta la integridad física, pasando por el susto que habría implicado un asalto a mano armada). Pensarlo cada vez que una recuerde su flamante móvil, nuevecito, que tanto amor le provocaba.

Agradecer

Sin la ayuda de los otros, una no andaría ahora tan campante. Hay que dar las gracias, no como acto de cortesía, sino como un acto genuino y meditado, que ayude a cobrar perspectiva de todo lo que sí se tiene.


Al día siguiente del robo, ya estaba de buenas. Y tenía esperanzas. Todavía las tengo. Mi celular está en camino. Ya repuse el cristal del auto.

En cuanto a los cosméticos y todo lo demás, les cuento que unas horas después del robo recibí un correo:

Encontré tu bolso tirado debajo de mi auto. No tenía cartera ni identificaciones, pero encontré una memoria USB. Ahí venía tu currículum, de donde saqué tu correo. Contáctame.

Y eso hice. Además de gente que rompe vidrios y roba teléfonos, en el mundo hay quienes devuelven bolsos. Que no se nos olvide.

Así que… sí, seguiré pagando mi celular. Mi nuevo móvil me habrá costado casi el doble. Pero estoy de buen humor. Robo superado.