Vivir sin culpas, sólo porque así lo quieres

La culpa no tiene ninguna utilidad; no te moviliza, ni tampoco te ayuda a remediar cosas si no haces algo para que desaparezca.

Si la culpa se pudiera proyectar en una pantalla, sería algo pesado, un objeto que tienes que cargar, o que en realidad, tú decidiste cargar porque crees que te lo mereces. 

Pensémoslo de otra forma. Si llegara alguien y te dijera que tienes que sostener un pedazo de cemento muy pesado durante 24 horas, sin soltarlo nunca, ¿lo harías? 

Me imagino que no, a no ser que te guste sostener cosas pesadas y quedar adolorida. Eso es la culpa; es algo con lo que tenemos que cargar siempre, que se siente sobre los hombros o la conciencia, que te molesta y no te deja avanzar.

¿Para qué vivir con culpas, si podemos elegir alejarnos de ellas? Quizás, en distintas circunstancias de la vida, debamos sostener ese pedazo de cemento por unos segundos, minutos o tal vez, por algunos días.

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(cc) Pixabay

En algún momento nos vamos a cansar, no vamos a querer hacerlo, pero nuestra mente es tan poderosa que nos va a convencer de seguir, porque eso “nos hace mejores personas”.

Sentirte culpable no te hace mejor o peor que nadie, la culpa es abstracta, los demás no la pueden ver y sólo tú tienes que lidiar con ella cuando decides conservarla. Peor aún, es si conservas las culpas pero no haces nada para remediarlas.

Se puede pedir perdón, se puede seguir adelante, puedes perdonarte a ti misma como lo haces con los demás. Todo eso ayuda a lidiar con la culpa, todos los seres humanos la vamos a sentir alguna vez, el punto es que la dejemos ir.

Si te sientes culpable todo el tiempo, también te sientes culpable por ser un ser humano y en consecuencia, te sientes culpable por vivir. ¿No crees que es hora de liberarte y dejar de cargar ese pedazo de cemento?