Serendipia

Esperaba algo diferente y fuiste mi mejor evento.

Me encanta el día de la semana que llega vestido de lluvia. Carga en sus sombras palabras y fotografías del pasado que va dejando repartidas en la ciudad. Me gusta poder oler la tierra cuando todavía no está mojada pero que advierte una tormenta.

Corro por las banquetas mojándome los pies y pienso que si ese momento tuviera una canción, seguramente sería “Nightingale” de Norah Jones. Todo sucede muy lento, no se escapa ni un solo rayo de luz del cielo y yo me apresuro para llegar a la cafetería que está por mi casa.

De los mejores momentos del día, es cuando abro esa larga puerta de cristal y me empapa el café con su aroma, el sonido de las voces que por un segundo se callan y me ven entrar agitada y aliviada por llegar al fin. Las sonrisas de bienvenida, el repertorio del menú, las opciones de temporada suenan como a mi canción favorita. Sólo necesito un café.

Nada se compara con los momentos de lucidez e inspiración, no necesitas estar sola ni en silencio, no son necesarias las posturas incómodas ni los espacios cerrados. Hay mil cosas que distraen a mis sentidos y aun así puedo poner todo en pausa para mirar cómo se mojan los cristales y cómo la gente va esquivando los ríos de la calle.

Vueltas y vueltas con la cuchara en la taza y mi cabeza no deja de pensar en lo afortunada que soy de poder estar aquí sentada, con la bosa empapada, el cabello esponjado y mi maquillaje escurrido. Ruego por no encontrarme con nadie conocido y empiezo a cruzar las miradas con la gente.

De pronto me estaciono y regreso a la mitad de la enorme sala en donde te veo en el mostrador medio perdido, medio indeciso, medio bañado por la lluvia. No eras precisamente lo que estaba esperando, sin embargo ahí estabas tratando de arreglártelas con el mesero, el café y el montón de cosas que traías en la mano.

Palabra del día:

Serendipia: hallazgo afortunado e inesperado que se produce cuando se está buscando otra cosa distinta.

Un cartel en la pared del fondo era todo lo que necesitaba para ponerle nombre a ese momento. No había visto palabra más linda hasta ese día.

Los lunes se convirtieron en mis días favoritos gracias a ese afortunado deseo del cielo por llover, del mío por un café y del tuyo por preguntar por mí, sentarte en mi mesa, acompañarme, tomar mi mano discretamente y comenzar esta maravillosa historia.