Afronta los cambios como una guerrera

La vida da muchas vueltas, y no todas parecen paseos.

Las vueltas de la vida, uy, qué tema. Nadie sabe dónde estaba, hasta que está del otro lado, es como eso de “nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”. Es decir, parece que para darnos cuenta de lo que somos, lo que tenemos y lo que amamos, tenemos que estar lo más lejos posible para entonces decir “Estaba mejor ahí”.

Así como la Tierra gira, las vueltas de la vida también son inevitables. El chiste es tratar de fluir con ellas y estar claros siempre en que nada es permanente y lo mejor que podemos hacer en cada etapa de nuestra vida, buena o no tan buena, es disfrutarla, agradecerla y aprender.

Hay dos principios básicos en el tema de los cambios; y es que nadie puede asegurar que ha vivido lo peor o lo mejor, sino que todos –sin importar la circunstancia—tenemos la opción de bajarnos del tren o quedarnos arriba. Y aquí viene lo interesante, porque bajarte o quedarte no te hace más o menos valiente, lo que importa es el propósito de tu decisión.

Yo siempre he admirado a las personas que pueden aceptar una mala decisión sin tratar de justificarse por todo. Su experiencia no solo los hace más honestos y sensatos, sino que se vuelven personas capaces de poner límites, saber hasta dónde pueden llegar, volverse autocríticos y adaptarse a los cambios de mejor manera.

Los guerreros de los cambios son y dejan ser. Pueden darte un buen consejo porque ya lo vivieron y no porque idealizan en ti algo que ellos harían o hubieran hecho. Pero, ¿cómo le hicieron? No es que haya un manual con paso 1 y paso 2, no es algo científico.

Es una cuestión de auto-observación. Los cambios tienen muchas presentaciones, algunas con moñitos y globos, otras ni envoltura tienen. Puede ser la llegada de un bebé, tu próxima boda, una nueva relación, un viaje, o una trágica separación, la soledad, cambio de trabajo, un robo o la pérdida de un ser querido.

Lo único que tienen en común estos cambios es que el tren no para y los guerreros son los que se aferran a su tren (a su vida) con la suficiente fuerza para seguir haciendo la única cosa que los mantiene en pie y que yo diría que es el secreto de todo: creer.

Cree en ti y ningún cambio será demasiado radical, ni fuerte, ni imposible. Habrá dudas y de repente vas a sentir que pisas mal, pero siempre cree en lo que viene y en para qué estás aquí. El propósito de tu cambio es lo que encierra el valor, acuérdate de eso cada vez que estés a punto de rendirte.

Escribe, llora, lee, habla con alguien, enfrenta lo que te asusta. Todo es parte del juego de la vida y mientras estés en él, tenemos que defenderla como eso, como unos guerreros.