Corazón de piedra

Quédate ahí, con tu vida fría y sola. Yo me voy.

No entiendo cómo a la gente se le puede hacer tan fácil perder algo que aman, o bueno, que quieren, porque “amar” se volvió la palabra prohibida. No entiendo cómo el orgullo y la soberbia pueden hacerlos sentir merecedores de lo que ni ustedes están dispuestos a dar, ni entiendo cómo, con la mano en la cintura (como dicen), pueden aventar al aire frases como “piensa si esto es lo que quieres” cuando por dentro son ustedes quienes ruegan porque alguien los AME.

De dónde viene tanta incongruencia, que se empeña en destruir todo lo que con tanta disposición y cariño las personas que las aman han construido alrededor de ustedes, ¿acaso están ciegos? O de plano estamos hablando de una memoria emocional bastante dañada por malas decisiones que al final ustedes tomaron.

Entiendan esto, el presente, SU PRESENTE, no es culpable de los reflejos descompuestos con los que reaccionan como defendiéndose, como si todos los que se acercan a ustedes les fueran a hacer daño.

No he venido aquí a lastimarte, a mi edad ya no juego a la venganza, y no puedo evitar preguntarme ¿cómo sobrevives a tanto auto sabotaje? Cada vez que pones en duda mi voluntad por quedarme a tu lado, un pedazo de mi esperanza se pudre.

¿Qué pasará el día que me quede sin para qués? Tal vez ese día desates la furia en mí y por fin sacaré el carácter que tanto me has reclamado, que tanto has buscado, y te diga lo mucho que me molestan tus muros y disfraces, lo mucho que me ha dolido tu rechazo y tu estúpida manera de intentar convencerme de que llorar está mal, extrañarte está mal y quizá quererte también lo esté.

Tal vez personas como tú estén hechas sólo para que personas como yo, tengamos claro lo que no queremos. Tal vez te haría más feliz si me midiera y me negara a darte tanto siempre. No sabes cómo lidiar con la responsabilidad de que alguien te quiera, y prefieres huir.

Tu estructura no soporta los gestos amables, ni las canciones románticas, ni el hecho de que llore porque no te tengo. ¿Qué vas a hacer con todo eso? De pronto te imagino acomodando todo lo que sientes en pequeños cajones que llenan y llenan muros dentro de ti, a punto de colapsar.

Para mí está bien, que nunca destapes lo que crees, que tus alas sigan rotas y escondidas, que prefieras el piso mientras todo revolotea. Para mí está bien que te quedes así, infeliz y mediocre, rotundo y radical.

Al final no entiendo nada de lo que tú eres, y por algo será. Quizá me equivoqué, tal vez seas la lección y no la historia. Yo deseo que descubras lo que traes bajo la piel y que sonrías de vez en cuando para que entiendas lo bien que se siente ser feliz.

Hazlo, amor mío, pero mientras lo averiguas suéltame, que algo mejor me está esperando.