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Por qué nos da por morder a la gente que queremos

Ese jueguito de las mordiditas tiernas, no es más que una reacción para controlar las emociones.

A pesar de lo aparatoso que suene el título de este post, no es ninguna locura. Al contrario, existen muchísimas personas a quienes esta práctica les encanta. Morder es una respuesta a la ansiedad, empezando por ahí. No, no te estás convirtiendo en caníbal ni nada de eso.

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Si eres de las que clavan el diente con frecuencia, a tu novio, tu mejor amigo/a, tus hermanos o las personas que quieres, debes saber que tiene una explicación científica. Empezaré por decir que sufres de constantes ataques de ternura y amor.

Pero si eres víctima de una mordelona o mordelón, esto también es para ti, para que la próxima vez que suceda no salgas corriendo y mejor entiendas el porqué de este ataque eufórico.

La Universidad de Yale determinó que se trata de una “agresión tierna” y que es más frecuente y normal de lo que creemos, incluso necesaria para controlar nuestras emociones y regresar a un estado normal.

De pronto no sabemos cómo expresar ciertas emociones y la manera en que lo hacemos muchas veces expresa todo lo contrario de lo que queremos decir y esto de alguna manera nos ayuda a mantener un balance emocional.

Lo que sucede es que, por un momento, no soportas lo que pasa en ti a nivel emocional. Un ejemplo es llorar de alegría cuando sucede algo que no podemos llevar más allá, como cuando nace un bebé o vemos a alguien después de mucho tiempo.

Según los psicólogos, una mordida es la expresión a la que nuestro instinto emocional recurre cuando las emociones se sobrepasan de manera positiva.

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En resumen, una mordida es la salvación de nuestro cerebro para no volvernos locos de amor o ternura.

Sin dejar de lado la parte no tan lindo de esta manifestación, una mordida también es una respuesta a la frustración del ser humano. Una persona suele morder cuando es incapaz de hacerse cargo de sus emociones o por un trauma previo.

Así que la próxima vez que sueltes la mordida, asegúrate de que sea más una muestra de cariño que de frustración, y si puedes hacerlas suavecito o a manera de juego erótico con tu pareja, qué mejor.

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