Cosas de las que no te deberías preocupar si eres joven

Si nos detenemos aunque sea por un pequeño momento a pensar en el futuro, todo parece tener que ver con la palabra “preocupación”. Desde que somos niños, la sociedad nos dice que tenemos que preocuparnos, que esa es la clave para ser exitoso.

Si no te preocupas eres arriesgado, si tomas riesgos eres despreocupado, si te preocupas demasiado eres exagerado y si no lo haces, todos te dicen que deberías preocuparte por eso.

¡Qué agotador! Sinceramente, creo que la preocupación es una necesidad que nosotros mismos nos creamos, una forma de poder mantenernos a nosotros mismos en control para no equivocarnos, o equivocarnos lo menos posible.

La preocupación, después de todo, es algo ficticio. Al preocuparnos, nos ponemos en una situación futura, nos preocupamos porque eso que va a pasar después sea algo bueno para nosotros y se nos olvida que el futuro es el futuro, y nosotros vivimos en el presente.

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(cc) Lourdes Nightingale / Flickr

A los adultos les encanta preocuparse porque así sienten que están haciendo lo correcto, que si algo malo pasa, tendrán la excusa de que “se preocuparon”, o sea, de que “hicieron algo al respecto” para prevenir ese desastre.

Como en nuestra sociedad, ser adulto es sinónimo de preocupación, al menos preocúpate —gran ironía— de ser un joven despreocupado. Ahora, si quieres ser un adulto que no piensa en el futuro como algo negativo, mucho mejor aún.

Apuesto que si llegara un adivino y te dijera todo lo que quieres oír, resolviera todas tus dudas y preocupaciones, una vez que sepas todo eso, te preocuparás por algo distinto, sólo porque es inadmisible que uno no se preocupe por algo.

Si eres joven, no tienes porqué gastar tu energía vital del presente pensando en si conseguirás comprarte un departamento, o si podrás tener un auto propio o si tus hijos se van a parecer a ti.

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(cc) Martin Fisch / Flickr

No deberías preocuparte por las enfermedades que quizás tengas cuando seas anciano, ni tampoco de con quién te vas a casar. Menos de las arrugas, los seremos humanos amamos reír, y la piel se arruga porque somos seres humanos.

Con esto, no me refiero a que vivamos la vida loca o que seamos totalmente irresponsables con nosotros mismos y los que nos rodean, sino que de dejar de preocuparse en vano por cosas que ni siquiera sabes si pasarán o no.

La preocupación es un pensamiento que ponemos en nuestras cabezas, pero que, por lo general, se queda ahí y nunca se convierte en una acción. Como no es una acción, simplemente no existe aún, o sea, no hay de qué preocuparse.