(Mal) Criada por el cine

Si te gustaría que tu vida fuera una película, seguro algo de esto te ha pasado.

Vivimos en una época en la que no es necesario que nos planten frente al televisor para que una pantalla nos eduque. Están por todos lados. Y por muchos medios recibimos estas historias, que según Northrop Frye, son todas la misma que nos “enseñan” sobre el amor, la vida y otras cosas prácticas, como que los makeovers hacen magia, o a que hay que cubrirse con la sábana de pies a cabeza después de un rato de pasión.

Se dice que al cerebro a veces le cuesta trabajo reconocer lo que es real de lo que no. Y mientras es algo que según TIME le pasa a un 25% de la población muy seguido. Por otro lado, aprendemos por imitación. Miren a los niños de uno o dos años: tienen las mismas reacciones ante situaciones similares a las de sus padres. Así que no sorprende tanto que queramos que nuestras vidas funcionen como una película. Y así, nos convertimos, quizás no inesperadamente en una Madame Bovary millennial.

La inteligencia emocional es algo que no enseñan en el colegio, y cuando creces, te das cuenta de la mucha falta que te hace. Sobre todo porque creciste con la idea de que inventar historias, hacer estratagemas, crear enredos, mentir e involucrar a tus conocidos en todo eso era más fácil que simplemente enfrentar la verdad, como sucede en las películas románticas y comedias. Sin considerar, siquiera por un segundo que la opción de que ser honestos y directos será siempre la más sencilla de todas. Además de que es muy complicado seguirle el paso a tantas mentiras.

No es de sorprender, entonces, que las relaciones modernas no terminen, porque nunca empiezan. O que volvamos una y otra vez a las mismas relaciones destructivas. Porque, además de todo, nos empeñamos una y otra vez en cometer los mismos errores, para asegurarnos de que sí lo son. Vamos por la vida dando muchos tumbos emocionales, en parte por la gran cantidad de contenido que recibimos, y no que no podamos analizarlo y distinguirlo como tal, el problema es que a veces el subconsciente ni se entera.

¿Les ha pasado que tienen que prepararse unos meses preparando un proyecto importante? En el cine, todo es tiempo es un montaje de apenas unos segundos donde se puede apreciar, sí, la lucha del protagonista, pero no demasiado. Porque las narraciones audiovisuales suelen centrarse más en el resultado: el campeonato, el concurso, el examen. Sin embargo, en la vida es el viaje, esos meses de esfuerzo y concentración totales los que importan, aunque a la primera dificultad desearíamos saltarnos hasta el “5 años después”.

Aunque hoy en día me sigo sintiendo muchas veces como una niña, hay algo que ha definido ese cambio en mi vida adulta (y no es que a veces por error me digan señora): dejar de querer hacer todo como sucede en el cine: hablar con la verdad, no huir de los problemas, y, sobre todo, disfrutar cada paso del viaje, que es lo que importa.