Ataque de pánico

Que tu vida sea una lucha continua por convertirte en la que siempre quisiste ser: una pequeña revolución.

Todo sucede en un abrir y cerrar de ojos. Este es el futuro al que le tenías miedo, ¿no? Ayer celebrabas tu cumpleaños número diez, hoy ya terminaste la universidad, ahora tienes un trabajo y, muy probablemente, una vida que tienes que definir (y defender).

Te preguntas a dónde se fue todo ese tiempo y por más que lo buscas en tu clóset desordenado, no encuentras una explicación convincente sobre tantas experiencias que flotan a tu alrededor como pequeñas luciérnagas que eres incapaz de tomar entre tus manos.

Ya no puedes sentir el sudor de aquella noche que bailaste hasta cansarte, no puedes volver a llorar las lágrimas de la primera vez que tu corazón se rompió y que lo curaste de tal manera que sólo quedó una cicatriz. Nada, todo se te escapa entre los dedos, este momento pronto será una fotografía mental que nadie más que tú entenderá.

¿Vida en qué lugar te guardas?

De pronto, vuelves a cerrar los ojos y en un intento por calmar tu respiración, que ahora mismo te ahoga, procuras no angustiarte por la “pérdida de tiempo”. Te das cuenta de que todas esas experiencias están en cada uno de tus poros, que si bien no puedes revivir historias, sí puedes sentir tu piel y saber que ahí viven muchas versiones de ti misma que se han construido a base de tantas experiencias, de tantos ataques de pánico. Tu vida se instaló en tu piel y no hay mejor recordatorio que eso, sentirte viva, sentir que está valiendo la pena, sentir la piel chinita.

Una vez más abres los ojos. Tal vez el miedo es una constante en la vida de todas. Temor a lo que viene. Temor a cosas tan básicas como no saber cómo iniciar una semana, ¿con una taza de café o con diecisiete? Es válido tener miedo y cafeína en el cuerpo. Lo que no es válido es quedarte pensando sobre lo incierto que es todo, porque esa es la única certeza.

Inicia tu revolución diaria, esa en la que estás segura de todo lo que haces y dices, aunque sepas que disolviste algunas de esas angustias en una taza de agua hirviendo.

Abre los ojos. Como dirían en Vanilla Sky, nos encontraremos en una vida en la que seremos gatos. Mientras tanto, pregúntate a qué estás jugando. Tú bien sabes que estos días nublados y llenos de preguntas, son necesarios para ponerte más linda, darte más seguridad y entender que tantas preguntas sólo se las pueden hacer las soñadoras, aquellas que no temen abrir y cerrar los ojos, apretarlos… no querer despertar.

Aquellas que cada mañana están dispuestas a hacer un pacto consigo mismas para silenciar todo ese mar de sentimientos y seguir luchando, para que en aquella siguiente vida en la que tal vez serás un gato, recuerdes esta como una lucha continua para convertirte en esa que siempre quisiste ser: una pequeña revolución, lenta, pero sincera; tu propia revolución.