“Ya no creo en el amor”, dicen

Sanar una herida, volver a creer y dejarse ir en el amor es la única manera en la que seremos capaces de recuperar nuestra voluntad.

No creo en la gente cuando asegura que no se volverá a enamorar, no las juzgo ya que seguramente sus historias tienen valor. Pero creo que es más desgastante vivir bajo el régimen de una lista que se imponen como su propia constitución del amor, en la que se prohíben abrir su corazón de nuevo.

Quizá la solución sería no tener tan buena memoria para pasar al siguiente capítulo sin arrastrar los estragos del pasado.

Recuerdo a varias personas que pasaron por momentos súper difíciles en sus relaciones; cuando éstas terminaron, decidieron alejarse de la vida romántica y explorar más en la amistad, la soledad, su vida profesional, etc. De repente, y sin darse cuenta, ya estaban metidos en el agujero infinito del rechazo sentimental y la simple idea de compartir con alguien les causa escalofríos.

¿Por qué sucede esto? Quizá es una mezcla entre la memoria de la última mala experiencia y un poco lo agradable de la vida solitaria. Un poco el deseo de seguir siendo uno, el confort y la libertad.

Hoy, ser independiente y libre es de las primeras cualidades en la lista. Si las descuidas un poco, te vuelves más vulnerable de lo normal. La cuestión es que seguimos viendo a las relaciones como un límite en lugar de una puerta abierta.

El compromiso sigue siendo algo aterrador para muchos, y léase bien, el compromiso no inicia a partir de un anillo, el compromiso inicia desde la mutua decisión de –simplemente—estar juntos. Es necesario empezar a entenderlo como tal.

Cada vez que me topo con un argumento del por qué el amor apesta, o enamorarse es para débiles y cursis, me pregunto si esas personas realmente encuentran la felicidad en su vida solitaria, o en algún momento se arrepienten de haberse negado a la posibilidad de intentarlo de nuevo.

Es verdad que la dinámica respecto a las relaciones ha cambiado, y ahora no toda la plenitud está en el matrimonio, tener hijos o la vida en pareja. Pero de eso a vivir resistiéndose a la oportunidad solo por un resentimiento o una mala concepción, los vuelve cada vez más insensibles.

No confío en la gente que va por ahí predicando que el amor no es posible, ni duradero, ni fiel. Cómo podrían lograr una relación sólida bajo esos pensamientos radicales. Es decir, ni siquiera puedo imaginar que alguien quiera acercárseles.

Lo más chistoso, las personas con las que he tenido este tipo de discusión sobre si el amor merece una segunda, tercera o cuarta oportunidad en sus vidas, en algún momento terminan deseando volver a encontrarse en ese estado mágico. Añoran sentirse amados y arriesgarlo todo. Mera condición humana, tal vez.

Sanar una herida, volver a creer y dejarse ir en el amor es la única manera en la que seremos capaces de recuperar nuestra voluntad. Desde mi punto de vista, es y será siempre la forma más humana de conectarnos con todo lo que nos rodea.

Gracias por ser, estar y compartir.