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Haz lo que amas y no mueras en el intento

Aprende a usar la duda y la comodidad a tu favor y verás resultados bellos en tu vida.

Recuerdo que antes de salir de la universidad, la presión por buscar trabajo era desgastante. No solo estaba mi propia preocupación, también la de mis papás y mis amigos.

De todos los discursos que escuché, el más recurrente se titulaba “no importa lo que hagas, pero ámalo”. En mi inexperiencia tachaba a todos de locos porque, si en realidad hiciera eso, entonces en dónde quedaba lo de ganar mucho dinero, viajar, ahorrar, etc., porque seguramente lo que más me gustaba hacer en ese momento no me permitiría todo eso.

Me costó un poco de trabajo encontrar el equilibrio entre hacer lo que me gusta y ganar lo suficiente.

La incertidumbre de esa edad es tan común y aterradora que no me dejaba construir un plan, es más, ni siquiera saber exactamente qué era lo que me gustaba, empezando por ahí.

Hace algunos años que dejé esa etapa atrás, tuve tiempo para descubrir lo que me apasionaba y encaminé todos mis esfuerzos hacia eso. Nadie me dijo que el hecho de que amaras demasiado algo, significaba que todos estarían de acuerdo o irían a tu lado haciéndotelo más simple.

A veces, tu sueño viene acompañado de gente tóxica, ambientes hostiles y millones de obstáculos que aparecen así, de repente. En estos casos, la prueba es qué tanto deseas estar en donde estás haciendo lo que haces.

Hoy te comparto 4 cosas básicas que me facilitaron mucho las cosas cuando de pronto pensé que me había equivocado en mi decisión:

Aprender a decidir cuando ya es suficiente

Muchas veces puedes exigirte demasiado para alcanzar algo, y no está mal, pero es importante ponerte límites cuando aquello que deseas está acabando con otras cosas en tu vida, como tu salud emocional, tu familia, tu tiempo a solas, etc.

Ningún exceso es sano, ni siquiera aplicándolo en el amor hacia una persona o una actividad. Lo mejor es evaluar constantemente el costo-beneficio de lo que estás haciendo y si vale la pena continuar.

Ganarle al ego

El segundo paso, si es que reconoces que has llegado a tu límite, es luchar con tus propios demonios. Los pensamientos son algo así: “si tanto trabajo me costó llegar a este punto, ¿cómo voy a reunciar?”.

La idea no es renunciar, simplemente buscar una manera distinta de hacer las cosas. No vas a dejar de luchar por seguir tu pasión, pero sí vas a tratar de que esa lucha no termine consumiéndote a ti.

Dudar no es suficiente

Este es el otro lado de la moneda, porque tampoco se trata de tirar la toalla a la primera. Algunos creen que el simple hecho de cuestionarte es una señal de que vas por el camino equivocado. No es verdad.

El chiste de cualquier experiencia es preguntarse y, obviamente, la reflexión. No toda duda es mala, al contrario, puede ayudarnos a resolver bastantes acertijos, pero solo cuando estamos ecuánimes. Recuerda que las peores decisiones se toman cuando estás en un estado eufórico.

Haz las paces con tu zona de confort

Las zonas de confort no siempre son malas, solo que les damos un mal uso. Estar en ellas y dejar de producir te lleva al ocio, entonces todo es negativo. Pero si la utilizas como una oportunidad para replantearte las opciones y arriesgarte a hacer algo nuevo, entonces son muy útiles.

Aquí el chiste es no dejar de movernos, buscar, sentir curiosidad. Los seres humanos nos transformamos todo el tiempo, por lo tanto hoy nos gusta algo que mañana ya no nos va a despertar el interés, y es normal.

Como te lo dije antes, lo interesante es explotar tus capacidades y alivianarte con las cosas que dan tanto miedo, como la duda o la comodidad. Aprende a usarlas a tu favor y verás resultados bellos en tu vida.

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