Nostalgia

Todo conspiraba a nuestro favor y sin miedos; explorábamos el mundo, explorábamos curiosos…llenos de querer saber y de querer sentir.

¿Recuerdas cuando caminábamos? El mundo era un escenario gigante sobre el que soñábamos ser eternos y quedarnos en él como si nos perteneciéramos. Las calles eran cómplices de nuestros pasos. Las aceras guardan aún cada una de nuestras huellas, imborrables. En cada paso que dábamos, nacía una nueva ilusión.

De nuestras bocas surgían risas llenas de vida, suspiros e historias que las canteras de la ciudad guardan y conservan para devolverlas a nosotros. Las esquinas parecían asegurar nuestro andar prometedor, lleno de futuro. Dibujamos el amor con cada caricia bajo las farolas, hoy ya apagadas.

¿Recuerdas cuando caminábamos? Entre nuestras manos no había distancia, la que ahora parece infinita. El tiempo y las estaciones nos escoltaban los paseos que parecían no llevarnos a ningún lado, y no importaba, porque todo lo tuvimos ahí.

No había melodía más bella que el sonido de las hojas al pisar, que el viento en los tejados de las casas viejas y abandonadas, en donde nos escondíamos para descubrir el mundo de nuestros cuerpos; lo bonito que podía ser, lo bonito que pudo haber sido.

El sonido de la lluvia era, a veces, el dulce y sutil coro de la humedad que nos encantaba. Todo conspiraba a favor y sin miedos; explorábamos el mundo, explorábamos curiosos…llenos de querer saber y de querer sentir.

¿Recuerdas cuando caminábamos? Fueron los pasos más inocentes e ingenuos de mi vida. No necesitaba más luz que la que solías (sueles) despedir con tu asombro de lo naturalmente bello. Y yo pasaba horas contemplándote y admirando cada uno de tus gestos mientras me hablabas efusivo de tu solitaria vida, la que nunca ibas a dejar, o quizá algún día, pero al final la preferiste a ella.

¿Recuerdas cuando caminábamos? Porque ahora es justamente eso, un recuerdo. Ahora son lágrimas que se confunden con la lluvia en los charcos de las calles que tanto nos vieron pasar; ahora son reflejos en un cristal a través del que miro desde que vengo a este café, en el que me siento todas las tardes a ver llover, en donde me gusta la nostalgia de pensarte.

Gracias por ser, estar y compartir.