Carta abierta por tus 20 años

No te quiero arruinar la sorpresa de lo que tienes enfrente, pero sí decirte que voy a estar ahí para ti.

Desde hace unas horas estoy intentando recordar el día en que naciste. No lo logré. Pero fue hace exactamente 20 años.

El recuerdo más lejano que tengo de ti fue unos tres meses después. Tu mamá y yo recorrimos todas las farmacias de la ciudad comparando precios de pañales. A ella le daba pena preguntar cuánto costaban y luego no comprarlos, así que saqué una de mis libretas de la secundaria y le dije que fingiéramos que hacía una encuesta para mi tarea.

Y dormías en mi cuarto, y llorabas en la madrugada. Y te levantaba y te cantaba una canción. “Cómo funciona la mente -me dijo mi mamá una vez- esa canción que le cantas es con la que te dormía yo”. Fue hace veinte años que decidí que quería ser madre. La tuya, si era necesario.

Cuando yo tenía 20 años tú tenías ocho. Yo vivía en otro país y vine de vacaciones. Te sentaste en mis piernas y me contaste de tu escuela. Me preguntaste qué seguía de la primaria. “La secundaria, y después la prepa” “¿Y después, Francia? ¿De esa escuela casi nunca te dejan salir?”.

Me dibujaste dentro de un edificio que se llamaba Francia, con la F al revés. Tenía ventanas pero no puertas y yo lloré un poquito porque te había abandonado.

Ahora que estás tú en la universidad y que te pones los vestidos que ya no me quedan, quiero preguntarte si quieres ser mi amiga. Lo digo aceptando que me ha faltado paciencia, que me fui por demasiado tiempo, que te he fallado muchas veces quizá.

No te voy a arruinar la sorpresa de lo que se siente tener 20 años. Solamente voy a decirte que lo enfrentes como todo lo que haces: con tu sonrisa que adoro, con la valentía que sé que tienes y con la fuerza con la que ganabas medallas de oro a los diez.

Y que yo prometo no volverte a abandonar jamás, pero es ahora donde debes aprender a no abandonarte a ti misma. Que no va a ser fácil. Y que te quiero.