El ex eterno

Ese pelotudo que siempre te hizo reír, aunque también te hizo rabiar… Es imposible odiarlo.

Hay un tipo de ex que es casi imposible olvidar, y no porque se te mojen los calzones cada vez que escuchas su nombre o ves una foto de él, sino porque gran parte de tus cercanos te lo recuerdan constantemente, y lo peor, juran de guata que a pesar del par de años desde el término, tú aún conoces cada uno de sus movimientos.

Él fue ese pololo de años, conocido por toda tu familia y amigos, el que te acompañó a tu fiesta de graduación, el que conoció a tus compañeros de colegio y universidad, el que llegaba a tu casa y abría el refrigerador sin pedir permiso, ese patúo simpático, gorrero por genética o el que te cagaba porque se sentía solo o aburrido.

Pero también, fue ese pelotudo que siempre te hizo reír, y aunque fueron varias, más bien demasiadas, las veces que te hizo rabiar, es imposible odiarlo, pese a que parecías un verdadero alce a su lado.

Ese mismo weón que dejó de estar a tu lado hace un tiempo más que considerable, pero el que sigue llamando a tus padres para sus cumpleaños, Navidad, año nuevo o cualquier celebración familiar.

Ese mismo weón que comenta las fotos de tus primos en Facebook con frases como “Saludos primos, cariños a los tíos”. Razón para que varios de la familia lo sigan considerado como parte de ella, aunque tú, ya tengas a varios washitos más sobre el cuerpo.

Él es ese mismo ex al que eliminaste de cuanta red social te encuentras inscrita. Ese mismo que es odiado por tus amigas más cercanas y amado por tus padres, tíos y primos.

Él es ese mismo saco de pelota que te convencía de que toda mina que lo buscaba era una loca acosadora, ese mismo al que le aguantaste hasta lo imposible.

Ese que te convirtió en una verdadera huevona y por el cual lloraste más de cincuenta veces… Ese mismo que te preparaba las mejores tostadas con huevos revueltos y café.

Ese mismo weón que hoy tiene una relación estable. Ese mismo que de vez en cuando te manda un correo para saber de ti. Ese mismo, que cuando te ve dice extrañarte, te invita a salir. Ese mismo al que ahora le dices no.

Ese mismo por el que siempre todos te preguntan.