Amazon Cinthia, la mujer que encontró la liberación en el BDSM

Mide más de 2 metros, pesa más de 90 kilos y se gana la vida como dominatrix. Ésta es su historia.

Cuando se trata de sexo, las preferencias de cada quien son muy variadas. A algunos, por ejemplo, les gusta la gente alta y robusta. Gracias a ello, Amazon Cinthia tiene cientos de clientes a los que convierte en sus esclavos. Ella cumple sus fantasías, ellos le pagan las cuentas. Su historia es un ejemplo de que la prostitución puede convertirse en una forma de empoderamiento.

Aunque la prostitución es ilegal en casi todo el mundo, pagar o cobrar por sexo tendría que funcionar como un derecho humano. Hablo de la prostitución consensuada, del uso del cuerpo a voluntad. Lo mismo pasa con prácticas como el BDSM: mientras las partes estén de acuerdo y lo pasen bien, no hay razón para condenar a nadie.

Algunos, además, encuentran en el sado una suerte de liberación, como Amazon Cinthia, cuyo verdadero nombre es Ana Lucía Barbosa. Esta brasileña es alta y corpulenta (2 metros y 90 kilos aproximadamente), lo que le asegura muchos clientes que quieren tenerla como dominatrix. Gana unos 300 dólares por hora y cuenta que ha llegado a ganar hasta 10 mil dólares en un solo día.

Prostitución, una nueva vida

Pero lo más interesante de su caso es que esta forma de prostitución ha funcionado para ella como una especie de salvación. Cuando era niña y adolescente, sus compañeros de clase la molestaban, le ponían apodos, la llamaban “Jirafa”, la colocaban en situaciones desagradables. Tanto, que decidió dejar la escuela cuando tenía 15 años.

Ahora, que vive de sus servicios sexuales, su vida ha cambiado considerablemente, como ella misma comenta:

Tengo esclavos en todos lados, que hacen todo por mí: cocinan, lavan y planchan mi ropa, me llevan en auto de un lugar a otro… […] Este trabajo ha cambiado mi vida. Ha cambiado la vida de mi familia, sobre todo la de mi madre. Porque yo vengo de una familia pobre.

Por supuesto, el empleo de Amazon Cinthia implica riesgos. Ha tenido que aprender a medir su fuerza, a preguntar a sus clientes por padecimientos físicos, para no lastimarlos. Y, claro, independientemente de su empleo, tiene que lidiar todos los días con gente que quiere tomarse fotos con ella en la calle.

Sin embargo, tiene una vida independiente, estable en el plano económico. Se libró del bullying. Aprendió a aprovechar su físico y está habituada a su labor de amazona, que es un trabajo como cualquier otro, no lo olvidemos.