El ego enemigo

El ego no es más que una máscara, bastante útil por cierto, para medio ocultar una inseguridad. Somos personas vulnerables, y eso no nos hace mejores o peores.

Cada cumpleaños tiene un significado diferente para mí. Es como repasar lentamente una película en donde al final todo se resume en una sola palabra. Esta vez la palabra fue CONFIANZA.

Hace una semana festejaba mis veintitantos años de edad. Y, como cada vez que esto sucede, hice la respectiva reflexión.

Es bonito cuando, con el tiempo y la experiencia, dejas salir ciertas cosas atrapadas en ti. Cada año, me doy un tiempo para tratar de hacer esa ‘limpia’ que al final termina siendo un aprendizaje.

Sin importar el momento, esa desintoxicación debe sucedernos bastante seguido. De lo contrario, nos terminamos convirtiendo en una infección horrorosa que se empieza a expandir a todos lados.

Me recuerdo hace un año temerosa, indecisa y con un montón de sentimientos encontrados que más bien parecían una nube enorme. Yo era gris. Me sentía decepcionada, enfadada y muy molesta con lo que en ese momento la vida me estaba haciendo pasar. Estaba tan nublada, que no veía solución.

Todo lo que salía de mí tenía la intención de resolver, pero mi ego y esa soberbia del tipo: “¿Cómo es posible que me pase esto a mí?”, no me dejaba usar la razón ni la lógica.

Este ego solo me hacía más insegura, me llenaba de sensaciones difíciles de encaminar, reacciones desesperadas y agresivas, miedos, frustraciones, y empecé a cuestionarme todo. Todo lo que me sucedía debía tener una explicación para que las cosas encajaran y nada me tomara por sorpresa. Estaba paranoica de que las cosas no salieran como yo esperaba, porque a esas alturas yo ya no tenía fuerzas para reponerme de nada.

Hoy que analizo al respecto, me da un poco de risa haber dudado de mi capacidad y de mi fortaleza. Rendirse y ceder ante las dificultades, no es una opción, y espero no lo sea nunca.

Afortunadamente decidí hacer algo por esa pobre alma en desgracia. Lo increíble es que quizá mi entorno jamás lo notó. Y es que – otra vez vuelvo al ego – ¿cómo me iban a ver triste y frustrada? Una de las cosas que me reproché bastante este año, fue mi propia censura.

Hoy lo entiendo y se los comparto: no hay nada más tóxico para el alma, que reprimir los sentimientos y las emociones. Ninguno de ellos es malo, simplemente tendemos a llevarlos al extremo tomando malas decisiones por el miedo que nos da enfrentar las cosas.

El temor al fracaso junto con una pequeña dosis de orgullo (porque ni siquiera se necesita mucho), puede ser letal para nuestra salud emocional.

Se lo atribuyo a la falta de confianza. Al final, el ego no es más que una máscara, bastante útil por cierto, para medio ocultar una inseguridad. Somos personas vulnerables, a las que les pueden pasar cosas desagradables. Y eso no nos hace mejores o peores.

Aún con esa nube gris tuve momentos de felicidad infinita, y fue en uno de ellos cuando descubrí que algo no andaba muy bien. Al final uno siempre debe darse cuenta que todo lo que sucede alrededor es consecuencia y uno mismo es la causa.

Estaba tan agotada de sentirme responsable, de querer controlarlo todo para que siguiera una estricta línea de ‘cómos’ y ‘por qués’, que pedí un tiempo fuera y me aplaqué.

Y así como niña regañada, me quedé sentada en el rincón de la reflexión, y después de muchos días me cayó el veinte de que todo lo que me estaba pasando, era porque dejé de confiar en mí. Dejé de ponerle atención a mi felicidad por atender al ego, mío y de otros.

Después de la última vez que traicionaron mi confianza, creí que me había repuesto. Pero me sorprendió darme cuenta que no fue así. Yo seguía cargando con las dudas y los miedos de volver a sentir lo que un día casi me destrozó. Y eso no me dejaba estar satisfecha con nada. Por eso a todo le quería encontrar una razón de ser, necesitaba que todo funcionara perfecto para estar tranquila.

Lo único que logré fue agotarme, y no pude hacer más que ceder. La confianza me ha permitido sentirme tan ligera como una pluma. Es una sensación deliciosa no tener que cuestionarse cada cosa que sucede, ni mucho menos preocuparse por lo que pase afuera.

El miedo es inversamente proporcional a la basura emocional que vamos cargando. La única manera de desintoxicarse es soltar; dejar de estar tan pendientes de la vida de otras personas, hacer a un lado la crítica y las malas intenciones.

Vaciar el costal de toda esa basura solo nos permite empezar a llenarlo de energía bonita, de esa que no pesa nada. Una vez que tengamos el costal así de ligero, con toda confianza podemos lograr una vida tranquila y feliz.

Gracias por ser, estar y compartir.