¿Qué pasaría si pudieses tocar a tu actor porno favorito?

Porque a través de una pantalla todo es mucho más fácil, bonito y sin rostros que nos delaten en un momento complicado.

Dando vueltas por Internet me encontré con información de la segunda versión del Salón Erótico de Barcelona, que es un encuentro de dos días donde se podrán ver distintos  shows eróticos y porno en los diferentes escenarios, exhibición y venta de productos, artistas españoles y extranjeros, además de exposiciones de arte, juegos, concursos, etc.

Para llamar la atención, han puesto a circular por Youtube un video que se titula Touch Me. En él se te hace la pregunta ¿qué harías si te encontraras con un actor o actriz porno y te dijera “tócame”?

Las reacciones de la mayoría de los participantes del video pasaron desde el asombro, la inacción y la timidez, hasta un grado relativamente mayor de confianza.

Esto me hizo pensar en lo diferente que nos comportamos cuando estamos detrás de una pantalla y cuando nos encontramos con una persona cara a cara.

No deja de sorprenderme las dificultades que existen hoy en día para encontrar gente y  tener una grata conversación. Y me refiero a encontrar gente a través de la forma tradicional y no con la ayuda de aplicaciones y demás artilugios que hoy nos permiten tener amistades e incluso noviazgos. ¿Dónde ha quedado la comunicación directa? Que bellos tiempos que eran aquellos.

Hemos encontrado aplicaciones para tener sexo y otras para acurrucarnos y darnos mimos. Los padres de las nuevas generaciones, complicados por cómo están viviendo sus hijos, en vez de incentivarlos a conocer gente cara a cara inventan otra aplicación para tener sexo seguro. Claro, “sí no puedes contra ellos, únete” dice el refrán, pero prefiero por el momento seguir valorando los momentos en un café, un parque o en una simple caminata, antes que los que ocurren con una pantalla de por medio.

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© Franco Vogt/CORBIS

Con esto de las pantallas sucede algo extraño. Por el trabajo y por los estudios he tenido que pasar la mayor parte de mi tiempo de estos últimos 5 años conectada a Internet. He podido ver gente de todas las edades y de todos los tipos, sin embargo, lo que no deja de asombrarme es la valentía que les inspira a algunos el resguardo del anonimato.

Relacionándolo con el video de arriba, ¿cuántos y cuántas se atreverían de buenas a primeras a hacer lo que los actores solicitan? Porque claro, a través de un ordenador es muy fácil dárselas de galán, ganador, conquistador y follador. Sí, un follador compulsivo que le hará a la señorita del video o la imagen que está viendo todo lo que él desee. Porque claro, es un ganador, y como ganador escribe cosas de ganadores.

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© Oliver Rossi/Corbis

También he visto como cientos de chicas pelean y se atacan en redes sociales, crean perfiles falsos para llenar con comentarios negativos todo lo que hace la otra persona, o mandarles mensajes abusivos. Me ha tocado vivir en carne propia estos problemas y aún no logro entender por qué son capaces de hacer estas cosas terribles por una pantalla, pero se quedan increíblemente mudas cuando se trata de una conversación cara a cara.

El concepto de “troll” abunda por todos lados (si es que no lo conoces se trata de gente que se dedica a molestar vía web), y más que darme rabia, siento que despierta en mi un pequeño sentimiento de pena. Gente que tiene tanto tiempo para andar comentando en posts, fotografías o vídeos, de distintas páginas o perfiles personales, no debe tener una vida muy entretenida que digamos, ¿o sí?

Sucede que una vez pude llegar a conocer en persona a uno de estos chicos que había hecho un comentario negativo y que no venía al caso en una página en la que trabajaba. Me acerqué a él y lo saludé. Como no lo ataqué ni le hablé de mala forma no supo qué decir, pidió disculpas y se marchó. Problema solucionado. Valentía en la vida real, cosa extraña.

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© Owen Franken/Corbis

Finalmente lo que pasa con las relaciones es lo mismo. Está bien, todos usamos las redes sociales con nuestros noviazgos o amistades, pero no las hacemos la parte más importante. Si la valentía y galantería que se demuestra por Internet también pasara en la dimensión de la realidad, muchas cosas cambiarían. En el fondo se podría resumir que no debemos olvidar que un abrazo real, un beso real y una conversación real vale mucho más que un millón de corazones de Emoji.