El amor como el café

En algún momento se termina, se enfría. Pero eso sí, de ahora en adelante, es lo primero con lo que quiero despertar.

Amo el café y amo el amor. Parecen distintos, pero para mi son la misma cosa. Así que hoy me puse metafórica y escribí algo…

Elijo el café como elijo el amor; confundida por las diferencias sutiles y a veces con temor de que no me guste después. Porque difícilmente puedes saber. Tómalo o déjalo.

Solía pensar que la mejor bolsita tenía el mejor sabor, pero luego me topé con el típico café comercial que me encantó presumir en mi alacena, hasta que lo probé y escupí. Hoy prefiero el café de apariencia discreta, pero interesante, porque sé que lo mejor lo encuentro al abrir la bolsa.

Preparo el café como preparo el amor. Con la fuerza de una palabra. Prohibido preparar un café bajo los efectos de uno anterior, el gusto está adormecido y no eres capaz de percibir el sabor original. Al principio parece igual, pero sabes que es un buen café si al final te gusta el sabor que deja en tu boca.

Es un arte que requiere paciencia y tiempo, aunque el método es simple, prefiero lo rudimentario; peltre, cuchara de madera y colador, para alterar el café lo menos posible. El soluble está prohibido; es débil, fácil, prefabricado y se escurre como agua.

Me gusta explorar la textura del café mientras lo muevo, me gusta observar cómo se deshace y se impregna en el agua mientras hierve. Cómo se mueve en la taza cuando lo sirvo.

Sirvo el café como sirvo el amor. Tan caliente como un abrazo. Con un colador para evitar mezclar lo que no sirve. En una taza grande, para moverlo fácilmente. Sin derramar. No me gusta que el café salga de su taza, no me gusta el desorden, sírvelo con vehemencia y estropearás todo.

Bebo el café como bebo el amor. Pausada y serena. Sintiendo el escalofrío del primer sorbo, a veces dulce, a veces amargo. Depende del mood. Me encanta ese momento del primer trago. Es en donde empieza la magia y no importa lo que venga después, nadie te quitará ese dulce experimento.

El café es impredecible como el amor, nunca sabes lo que va a resultar. No importa el método de preparación ni cómo lo sirvas. El buen café es noble y flexible, se adapta a su degustador. La fuerza del sabor depende del tamaño de la cuchara, y no importa las vueltas que le des, mientras esté lo suficientemente caliente.

Me gusta comparar el amor con el café, porque los dos me regalan un placer único, a veces ni siquiera lo puedo describir. Me gusta porque no importa el lugar ni la hora, mientras lo pueda disfrutar.

En algún momento se termina, se enfría. Pero eso sí, de ahora en adelante, es lo primero con lo que quiero despertar.

Gracias por ser, estar y compartir… y por seguir leyéndome.