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Me rompieron el corazón por primera vez

¿Recuerdas aquella vez en donde te rompieron el corazón por primera vez? Yo creí que nunca me ocurriría…

Cuando él me pidió noviazgo, dudé en tomar una decisión de tal importancia, no porque no lo quisiera y me encantara pasar tiempo junto a él, sino porque sabía que tarde o temprano me dejaría, se iría cansado y aburrido, tal vez me engañaría y yo, yo sabía que no podría soportarlo…

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Pero ¿por qué duele tanto? Más que dolor, es un interminable sentimiento de vacío que nunca acaba, que no desaparece, que siempre está ahí. Puedes cambiar de habitación, salir a pasear, tratar de distraerte, pero no puedes, tú y ese sentimiento de soledad irán juntos por un tiempo de la mano.

Está bien, siempre supe los riesgos de una relación y también sigo creyendo que no todo será bueno, pero sigo con el corazón apretado de sólo pensar que los malos tiempos pueden volver y mi odiada amiga, la soledad, volverá.

Pero ¿quién acaso no lo ha sentido? Si pudieras hacer memoria y ver cómo han terminado tus noviazgos, ¿en qué conclusiones terminarías? Existen relaciones que terminan bien, y eso claramente es bueno, pero no me ha pasado, no soy de aquellas mujeres que sienten completa indiferencia al ver cómo su ex novio besa enfrente suyo a otra mujer y eso que los sentimientos de amor ya no están.

Un portal mostró que un estudio británico creado por Graeme Simsion, el mismo autor del Proyecto Esposa, señaló entre varias categorías, que a la mujer le rompen el corazón dos veces en promedio en su vida… ¡¿Dos veces?! No por favor, no de nuevo, ya llevo una y fue terrible, terrible no sólo el perder a un compañero con quien llevaba más de un año, sino que terrible al verme a mi así de vulnerable, decaída y triste.

También he pensado en no tener más parejas, así de tajante, de  convertirme en una mujer alfa, independiente con los sentimientos, nada vulnerable a los vaivenes de pareja, contenta y satisfecha por ser quien soy y sin nadie más, nunca más, pero ni yo me la creo. Es un sentimiento que se siente estupendo, pero que no me viene y ni siquiera llego a aplicarlo.

Si bien ya ha pasado más de un año de mi primer quiebre de corazón, sigo recordando aquella fecha como odiosa, pero igualmente aprendí, aprendí a que soy yo importante, a que no quiero volverme a ver ni sentir así, a que la vida continúa, y si alguien no te merece en los malos tiempos, no te merecerá ni siquiera en la rutina, mucho menos en los momentos especiales.

Me costó, pero aprendí una lección de vida que le contaré a mis hijas…

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