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Juntémonos “en la semana”

Sobre la habilidad de los chilenos para evadir una cita.

Cuando uno habla con extranjeros, una de las primeras cosas que suelen decir es que los chilenos somos súper malos para quedar de acuerdo para juntarse. ¿De verdad nos vamos a juntar o sólo lo dijiste por quedar bien el “juntémonos en la semana”? ¿Hora chilena o me hablas de la hora de verdad?. El problema es saber si el encuentro va y si es a esa hora o no.

Luego está el quedar de acuerdo en un día y lugar, y concretar. Porque además somos trabajólicos y parece que en nuestro panorama no está el reunirse con la gente, hacer un espacio exclusivamente para conversar o comer algo. Porque obvio, para tomarse una cerveza TODOS pareciera que tenemos tiempo siempre. ¿Pero juntarse a conversar? Y aquí quiero dejar una pregunta ¿Cuándo fue la última vez que te juntaste con tus amigos sin alcohol de por medio?

En la semana

En la semana es como un “Nunca nos juntaremos pero no quiero quedar mal y decirte que no de plano, así ES que mejor peloteo para un después que no llegará nunca”. Por eso he hecho un par de reglas en mi vida: Odiar profundamente los “En la semana” ( partiendo por los míos, claro. Nunca me crea si lo llego a decir) y si algo queda pactado con día, hora y lugar, así queda en mi cabeza y no necesito más confirmaciones. Se me viene la típica frase del Principito respecto a los ritos y ahí quedo, priorizando y dándole valor al gesto de concretar. Cuando algo queda en el aire, como “en la tarde”, “en la semana” “de ahí vemos”, “de ahí te aviso” o “nos llamamos”, probablemente no llegaré, pues habré agendado el resto de cosas que tengo que hacer y que me gustan a mí, de esas con día, hora y lugar.

Hoy por ejemplo tuve una reunión que había pactado hace un par de semanas. Día, hora y lugar. Listo ¿Necesito un teléfono para re confirmar lo re confirmado? ¿Necesito cambiar y modificar? NO. Sólo necesito que mi disposición sea que si acordé una cita -principalmente de trabajo, de amistad, romántica- la tenga. Me molesta profundamente el que la gente no lo tome así, pues por lo general tengo muchas cosas que hacer. Hacer algo no es “porque tengo tiempo” sino “dejé de hacer algo importante por hacer esto otro”. El “alguna vez”, me revienta.

¿Y cómo entonces?

Me ha costado mucho aprender a dar mi palabra y cumplirla, soy la reina de darme vueltas, no llegar a tiempo a cosas que no creo tan importantes o urgentes. Porque es muy bonito esto de quedar de acuerdo y no cambiar de parecer, pero de repente el tiempo no me da o me atraso o simplemente hay cosas a las que no quiero asistir. Hay situaciones sí que me han ayudado a metérmelo en la cabeza, a aprender a dar la palabra y espero aprender que cada vez más puedo hacerlo mejor.

Amigos extranjeros: Creo que con las únicas personas que puedes tener la certeza de que van a llegar, son extranjeros ¿Por qué? Porque tienen mucho más asumido que nosotros que la palabra vale, sobre todo si estás en otro país que no es el tuyo. Y yo creo que se debe más que nada, al segundo punto que menciono a continuación.

Viajar: Cuando viajas, normalmente tus medios de comunicación se limitan: el celu no te anda, no alcanzaste a cargar la batería o simplemente no andas con algo que te sirva mucho. Si quedaste de juntarte a las 5 en cierta plaza, probablemente no existan maneras de cancelar o simplemente se enreda todo por idioma, ubicación, etc. Llegas o no llegas. Y con los amigos viajeros, acostumbrados a este sistema de verse enfrentados constantemente a problemas de comunicación tecnológica, siempre ocurre eso: sólo te queda confiar en que la cita sea.

Amigos freelance: Tuve 2 amigos actores que me enseñaron del rigor del arte en serio, ese que paga tu arriendo, techo y comida. Y con rigor quiere decir que si nos quedamos de juntar a una hora, es porque a la hora siguiente tengo algo -tan importante como reunirme contigo- que hacer, por lo que intentaré ser puntual o congeniar con el resto de cosas que también son muy importantes.

Pero el enemigo número uno es…

¿Quién es el enemigo número uno? ¿Quién es este bichito que nos vino a contagiar de no dar la palabra, no concretar, pelotear, todo modificable, etc?

El teléfono es el que más que nos pasa la cuenta. Nos acostumbramos a llamar un rato antes para decir que estamos atrasados, que no podremos asistir, que cambiemos el lugar. Llego en 5 que se transforman en media hora y al final del día, nada fue como quedamos. ¿Nos acostumbramos a cambiar de opinión? Tal vez. ¿Nos acostumbramos a que siempre tenemos la opción de avisar que vamos atrasados? Gracias amigos jipis sin teléfono, viajeros errantes, gente de palabra (más que yo, claro) por todavía dar un hálito de esperanza a la palabra de las citas.

En un ejercicio que estoy realizando de estar sin teléfono (la verdad es que está malo y no lo he reparado), la vida se me pone bastante a cuadritos, porque actualmente estar sin él es como una infamia, un pecado mortal, algo que no se puede creer. Las sensación incluso física de no poder comunicarse ni estar comunicada se vuelve terrible ¿Y como me van a contactar? ¿Y si me quieren llamar y yo no estoy disponible? Nuestra dependencia del aparatito es increíble, sobre todo cuando sustituye en gran parte del día, el contacto físico, el mirar a los ojos a la persona que quieres contactar o para pelotear nuestros encuentros con ellas. Sabemos de nuestros seres cercanos a veces por semanas única y exclusivamente por teléfono o chat, en vez de contactarnos para juntarnos, aunque sea un ratito, a compartir.

Pero volviendo al tema y para rematar: hay frases que odio, frases que me repugnan y “En la semana”, sobre todo cuando la uso yo. Favor, usted no lo haga. Si la uso, usted no me crea hasta que le ponga día, fecha y lugar.

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