Un mensaje para mi ex suegra

Luciano está recién separado y aprovecha el momento para disparar a todas partes sus rabias. Ahora va contra la mamá de su ex. :S

Señora usted cumple a cabalidad con el cliché de la suegra de las pesadillas. Siempre me cayó mal. Se lo digo -con toda la sinceridad del mundo- porque ya me separé de su “regalona”, y ahora ya no le tendré que poner más mi carita de santo. ¿Qué acaso no era eso lo que usted quería? Bueno ahí se la devuelvo nuevecita, envueltita en papelito de regalo como recién sacadita de la tienda. Vieja de mierda. Ahora sí que me desquito. Cada vez que usted llegaba a mi casa me caía como pata´ en la guata. Me descomponía verla, escuchar su voz de pito, ver su culo gordo y tener que alabarle su peinado. Porque sabe qué, a esa telaraña infesta que usted traía en la cabeza, no se le podría llamar peinado, ¿qué acaso nunca se dio cuenta de que su peluquero era terrible?

Yo no sé, pero sólo le puedo decir que con usted pasé los peores momentos de mi matrimonio. Porque es mentira eso que dicen que la suegra tiene que ser tu “aliada”. Pura chiva. Aliada de usted misma habrá sido, porque de solidarizar con otro mamífero que respirara, nunca. Si hasta su perro le tenía pica. Hasta esa huevada chica que la seguía a todas partes, le tenía mala. Qué Foxterrier ni ocho y cuarto, si era más quilterrier que un guarén asesino. Y es que a usted toda la gente le tenía sangre en el ojo. Se acuerda por ejemplo, de ese verano que pasamos juntos en Aculeo. Bueno ahora le digo la verdad, me cagó la vida tener que verla. Ni siquiera pude tirar tranquilo por culpa suya. Porque usted, señora, estaba todo el día ahí -pegada a la puerta- escuchando nuestras conversaciones conyugales.

Sabe qué, era tanto, que a su hija hasta le daba vergüenza empelotarse. Decía que le daba “cosa”, ¿qué significaba eso de que le diera “cosa”? ¿Qué acaso tenía miedo de que usted se le apareciese como el hombre de las tinieblas? ¡Puta la hueva! Habría sido lo máximo espantarla con nuestras poses indecorosas. Le hubiese sacado una pica. Porque de seguro fue usted misma la que le enseñó eso de que le diera “mono”. De que a las “señoritas” las “situaciones” tenían que darles “mono”… Porque sabe qué señora, ahora me atrevo a decírselo, pero mi mayor temor -cuando me casé con su primogénita- era que envejeciera y terminara como el calco suyo. Sí señora. Porque además de todo lo malo, también estaba el tema de la comida.

Qué manera de comer señora. ¡Cómo tanto! Si no tenía conmiseración con nadie. Usted no era na´ la única. Qué carne, qué pollo, qué helado. Puta que tenía grande el buche. Incontinente. Y lo más divertido de todo, es que según usted nunca tenía “a-petito”. Nos dejaba a todos sin nada, pero nunca tenía “a-petito”. Shiii, así cualquiera. Comía con ese plato chiquitito no más, pero se terminaba el azafate completo. Era más rápida que el óxido pues señora. Además que con la chiva de que era una pobre “montepiada”, que apenas si recibía las tres chauchas de su “difunto esposo”, no colaboraba ni con el agua. Y por si eso fuera poco, mal hablada.

No dejaba títere con cabeza. No la paraba nadie. Qué una estaba gorda, que la otra estaba flaca, que una era suelta, que la otra mojigata, y así. Ahora se lo digo, señora, su lengua olía a orín. Me daba miedo de sólo pensar de la forma que me difamaba. Sé, en todo caso, que decía que yo era flojo, mal educado e indecente, que andaba con cara de culo todo el rato. Pero dígame, ¿Qué cara iba a poner, si tenía que verla todo el tiempo?, ¿Qué acaso usted cree que era muy fácil soportarla? No si uno a veces puede ser cínico, pero nunca tanto. Además, qué significaba eso de andarme hostigando todo el santo día para que le dijera “mami”. No sabe como le agradezco a Dios que no tengamos la misma sangre. Porque le re juro que en toda mi familia, no hay nadie tan re mala como usted, señora. Se lo juro. Mi mamá, por ejemplo, es buena. Hace queques y le sonríe a todos sus yernos aunque sean flojos. No como usted, que además de comelona, es facha. Más momia que Tutankamon. Porque puta qué es momia.

Todavía estoy traumatizado con todas las cosas que me decía. Qué acaso no se recuerda cuando me decía, que “la gente pobre era pobre, sólo porque quería”, porque -según usted- eran tan flojos que no querían trabajar. Si inclusive ilustraba todo esto con un ejemplo. Con ese ejemplo estúpido del “hombrecito”. Que una vez a usted, pobrecita, se le había acercado un “hombrecito”, “muy vagabundo y muy zarrapastroso”, “¡Ay qué atroz!” para pedirle “una moneda” y que usted como era “tan buena” para “darle una lección” en vez de darle plata, le dijo que “le limpiase los vidrios para ganarse su sustento”. Pero como el “hombrecito era tan flojo”, salió “arrancando”. Pucha señora qué básica. ¿Realmente cree que se puede explicar la realidad de la pobreza chilena con ese ejemplo? Facha. Y no sólo eso. Además todavía sigue siendo devota de Cema Chile, ¿quién mierda puede seguir siendo devota de Cema Chile? ¡Cómo tan fanática! ¿Qué acaso todavía no se da cuenta de que han pasado más de 30 años? Dura de roer me salió. Tan dura que por más que quiero, aún no puedo sacarla de mis pesadillas.