Recomendación de una canita al aire para el hombre bueno

“A la única que sí tiene que mentirle usted señor, es a la propia mujer. Porque no lo comprenderá nunca. Aunque le explique una y mil veces que ella también puede hacerlo”.

Mentira. No es verdad que la canita al aire sea pecado. No es pecado. Los que dicen que es pecado son sólo una tropa de cartuchones reprimidos imbéciles de mierda, que únicamente quieren reprimir a los demás para sentirse mejor. La canita al aire es necesaria. Imagínese usted amigo. Imagínese usted que se amarra a una mujer para toda la vida. Acaso cree posible que no mirará jamás a otra, al menos para saber que todavía existe. Qué acaso se conformará por siempre con el mismo corte de carne hasta la muerte. Imposible. Si a usted le toca, le toca, aproveche no más, amigo.

Si una mujer le tira los cortes, hágase él de la chacra y vaya. Mire que después se hará viejo y tendrá que andar pagando por lo mismo que ahora le sale gratis. Porque su vida no puede reducirse a su vermuth de las cinco de la tarde y su conversación del clima o de la farándula con su mujer. La vida es más que eso, amigo. La vida es una y ocurre hoy. La fidelidad no existe.

Ser fiel es sólo un eufemismo para decirle a los fomes que son fomes y que no tienen ningún brillo. Y esto corre tanto para mujeres como para hombres, porque yo aclaro aquí que machista no soy. Todos tienen derecho a su canita al aire: mujeres, hombres, perros, y los otros tipos de mamíferos también.

Y es que imagine su vida sin su canita al aire, amigo. Imagínese usted, qué hace si de improviso le cortan el agua. Si a usted que es básicamente un hombre común, que nunca le ha hecho mal a nadie, que nunca ha roto un huevo, que nunca ha dejado de pagar una cuenta, y que siempre ha donado sí o sí su pesito en el supermercado, de pronto le cortan el agua ¿Qué hace ahí? ¿Qué hace si de improviso su mujer queda embarazada y se le taima?, ¿Qué hace, si al quinto mes, la muy desgraciada cara raja le dice, que ya no le volverá a dar más “su merecido” hasta nuevo aviso porque “le da cosa que le pase algo a la guagua”?, ¿Qué hace ahí?, ¿Qué acaso es justo que le haga eso acaso? Es justo que se le amurre y se le de vuelta todas las noches mostrándole su peor cara. A usted, más encima, que no ha hecho nada más que quererla, ¿Qué acaso ahí también es pecado que usted se arrogue su canita al aire? No sea huevón. Aquí nada es pecado. Usted se lo merece amigo. Haga lo que yo, póngase una botella de ron del fuerte, unos calzoncillos sin agujeros, y parta directo a la fuente: a Orrego Luco amigo. Al lugar más zorrón de todos. Allí encontrará de un cuanto hay. Es el persa de las mujeres. Existe toda una gama de distintos portes, tamaños y colores. Todas dispuestísimas a tirárselo a usted. Se lo garantizo. Yo lo hice y no hay donde perderse. Yo llegué allá con el Kino acumulado y la revancha y me encontré al tiro con una que me hizo el favor. Una rucia media loca que iba a todas.

Simpática la rucia. Buenas piernas. Buena conversación. Buen sexo. Perfecto. Liberal además, porque le dio lo mismo que yo fuera casado, inclusive lo encontró hasta mejor, para que después no me la anduviese joteando. Le sobraban los minos a la rucia. Porque eso sí, amigo. Tenga claro que usted no puede andar por ahí, mintiéndole a las chiquillas. Si es casado, sea bien hombrecito y asúmalo, y sí de esa forma, las chiquillas aún quieren irse con usted, vaya, si no, no. Pero no les mienta. No sea de esa clase de chantas, que andan por la vida escondiendo la argolla. Tengo un amigo que es así, que es tan saco de huevas, que anda diciéndole a todas las minas que es soltero, siendo que está más que casado y tiene más de cinco hijos. Saco de huevas. Lo que él hace es una canita al aire “ilegal”. La canita al aire “legal” es la que se hace de frente. La que se hace diciéndole a la chiquilla toda la verdad: “oye, soy casado, te quieres venir conmigo sí o no”.

A la única que sí tiene que mentirle usted señor, es a la propia mujer. Porque no lo comprenderá nunca. Aunque le explique una y mil veces que ella también puede hacerlo, no lo entenderá nunca porque esa es la más posesiva. Mejor miéntale. Considere que es como una especie de mentirita piadosa y así se le hará más fácil. A ella no le va a doler. Nunca va a saber. Ojos que no ven corazón que no siente. Aunque lo óptimo sería decirle toda la verdad, desde ya le digo que no se arriesgue. Porque si lo hace, lo más probable es que su mujer lo terminará viendo a usted, como mi ex mujer me ve a mí, es decir como un maldito canalla. Lo va a encontrar fresco, mal hombre, desgraciado y sinvergüenza. Las mujeres son así, amigo. Son como el perro del hortelano: no comen y no dejan comer. A veces hasta les da por cortarte el agua y ni siquiera ahí, por humanidad, te permiten una canita al aire. Son desgraciadas. Tampoco sea cobarde amigo, no vaya a ser de esos a los que les baja la culpa y le cuentan todo a su mujer para desahogarse. Porque si lo hace, caga. Las mujeres son rencorosas, amigo. Le aseguro que si su mujer sabe, se lo cagará enseguida. Por partida doble: con plata, con minos y quizás con qué más. Así que mejor muera pollo. Quédese calladito, y que la culpa no lo corroa. En esto hay que morir con las botas puestas y eso es lo único que hay que saber.