Quiero ser soltera para siempre

Cassandra está desencantada y no quiere volver a estar en pareja nunca más. ¿Te ha pasado?

Hoy debo confesar un montón de cosas. Cosas malas. Cosas que sólo podría pensar una mente tan egoísta como la mía. Primero que quiero ser soltera para siempre. No quiero casarme y que después alguien venga y me diga que metí las patas. Los matrimonios nunca duran para siempre. Mi madre dice que los únicos que duran para siempre, son los que se establecen entre dos ciegos que viven eternamente engañados. Mi madre es pesimista. No creo que el matrimonio sea tan así. Los matrimonios son sólo cosa de acostumbramiento. Pero yo me rehúso a acostumbrarme. Me rehúso a convertirme en el peor arquetipo de la mujer casada. Me rehúso a firmar un papel para convertirme en la “señora de…”, y después ir a un lugar para que todos me traten como “la señora de…”.

No tengo nada contra el matrimonio. Sólo que sé que el mundo jamás mejorara porque dos seres firmen un pacto de amor eterno. Así no funciona el mundo. Sé que la esperanza del anillo de metal precioso, y la firma en tu registro civil más cercano, no funciona. O al menos para mí no funciona. No quiero que nunca llegue ese día. Ese día fatídico en que un tipo del supermercado me pregunte, “qué va a querer señora”. Odiaría ese día. Me daría miedo convertirme en “la señora”. Me daría miedo pisar un supermercado con un hombre al lado, que me dijese: “Quiero paltas mi amorcito”, “Quiero yogurt descremado para no engordar”, “quiero que me compre plateada para que me haga una carnecita bien jugosa a la nochecita”. Sería simplemente apestoso.

También me daría miedo que después ese mismo hombre se sentase frente a mí en una mesa del Mc Donal´s, se pusiese a calentar asiento y no tuviese nada más qué decirme. Imagino a ese hombre. Imagino también que me haría terriblemente infeliz comer hamburguesas con él. Logro imaginar cómo esos pequeños pedazos de carne se irían atascando en mi garganta y me da pavor. Sé que soy pesimista y que no debería pensar así, pero lo siento, algunas personas vemos las cosas más negras no más, y mala suerte. Al que no le guste que se aguante. Yo opto por ser soltera. Opto por ser soltera porque no quiero casarme y después convertirme en una de esas parejas.

He visto a esas parejas. Un hombre y una mujer sentados frente a frente con cara de nada. Sin tener nada qué decirse. Por eso no busco marido. Porque no quiero llegar a eso. Porque no quiero llegar hasta ese punto. Pienso que cuando una está soltera, al menos, se asegura de no ser abducida por un tipo que sólo está contigo porque piensa que es mejor chancho conocido que chancho por conocer. Odiaría ser ese “chancho”. Por eso sigo sola. Aunque vaya de cama en cama. Aunque este más loca e inconsciente. Aunque en el mejor de los casos sea sexo por amor, y no sexo por sexo. Porque da lo mismo. Porque al final del día lo único que importa es que una tenga sexo. El orgasmo te ayuda a pensar en otras cosas. El otro día conocí a uno que quiso sexo por sexo, pero en el camino se arrepintió. De pronto quiso otras cosas. Se enamoró o más bien pensó que se había enamorado. De mis rodillas. Lo hicimos y después me pidió que “por favor lo abrazara un poquitito más… Sólo un par de segunditos más para sentirse menos solo”. Me lo pidió, mientras entornaba sus ojillos oscuros de perro sin dominio.

Odio a los hombres que ponen esos ojos de perro sin dominio. Ya me cansé de ser romántica. Ya me cansé de los mamones que se sienten “sabios” sólo porque son blandengues y se hacen pipí como los niños. Odio a los maridos que se sienten “cooperadores” sólo porque saben pasar la aspiradora. Yo jamás me casaría con un tipo sólo porque sabe pasar la aspiradora. El año pasado una amiga se casó con un tipo sólo porque sabía hacer leche con frutilla. La paradoja es que ahora se hastió de la leche, pero aún sigue con el tipo. El tipo no quiere separarse. Inclusive cuando tienen relaciones ella comienza a contar las florecitas del papel mural, de lo agobiada que se encuentra. Lo de ella es sexo por deber. Pero ya está hecho y es inevitable.

Mi amiga aún dice que la leche con frutilla pudo más, y que la convencieron porque se sentía demasiado sola. Todos los gatos son negros cuando una se siente demasiado sola. Esa es la verdad. Yo definitivamente jamás podría casarme con un hombre a cambio de una leche con frutillas. Aunque en los inviernos pase frío. Aunque en los veranos me mate el aburrimiento. Aunque a veces me sienta un poco puta. Aunque a veces este cansada de escuchar siempre la misma cantinela. Aunque a veces este cansada de dormir en tantas camas diferentes. Aunque a veces hasta yo misma tenga miedo de enfrentar mi propia sombra.

Porque definitivamente lo más fuerte que hay en el mundo es enfrentar la propia sombra y decirle, “te desconozco”. Porque de hecho fue justamente el tipo que me pidió un abrazo, él que primero me dijo que a veces, hasta nuestra propia “sombra” podía traicionarnos. Me lo dijo porque me encontró media “malilla”. Media mal nacida por la forma en que lo miré. Recapitulo. Lo miré media “malilla” cuando me preguntó si podía abrazarlo. Lo miré así porque me causó urticaria que alguien me tratase como su “mujer”, pese a que yo le dije más de cien veces, que lo que menos quería era serlo.