¡No más acoso!

Se trata de un proyecto fotográfico, audiovisual y editorial donde se agrupan una serie de imágenes de personas contra esta forma de abuso.

El acoso contra la mujer en la calle es una compleja realidad que vivimos a diario desde que entramos en la adolescencia y nuestros cuerpos se desarrollan desenfrenadamente.

En varias oportunidades hemos hablado sobre lo vulneradas que nos sentimos cada vez que un tipo nos grita de manera abusiva e irrespetuosa en la vía púbica o peor cuando se atreven a incluso tocarnos sin autorización. Cuántas veces nos hemos sentido terribles tras un “agarrón callejero”.

Obviamente, hay algunas frases o palabras que pueden ser más bien gentiles cuando el momento lo amerita, pero como mujeres tenemos clara la diferencia con las situaciones antes descritas

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Nicolás Aros Marzá

Por esto apoyamos y queremos destacar la buenísima iniciativa del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC), ¡No más acoso! Se trata de un proyecto fotográfico, audiovisual y editorial donde se agrupan una serie de imágenes de personas contra esta forma de abuso.

El fotógrafo Nicolás Aros ha captado una serie de imágenes de hombres y mujeres cargando carteles con frases como “Que use el espacio público no quiere decir que mi cuerpo también lo sea”, “Yo me visto para mi no para ti”, entre otros.

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Nicolás Aros Marzá

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Nicolás Aros Marzá

Además, a esto se suman variadas historias de experiencias de acoso callejero enviadas por personas que las han vivido.

Si quieres participar de esta iniciativa puedes enviar el siguiente material al mail [email protected] o contactarlos a través de Facebook:

1. Tu experiencia de acoso (puedes permanecer en el anominato si lo deseas)
2. Un video tuyo con tu argumento de por qué no te gusta que te acosen a [email protected]
3. Una foto con una consigna contra el acoso callejero

A continuación les dejo algunas historias y espero que todas nos sumemos.

Experiencias Personales #15 (Anónima)

Iba caminando por Providencia, con una tenida demasiado normal, de echo con una polera mega suelta, recuerdo que hacia calor ese dia y andaba en mañana de tramites, así que de glamorosa no tenia nada. Cuando en un semáforo pasa un camión y el copiloto no encontró nada mejor que gritarme algo tan desagradable: “Wachita rica, le chuparía las tetas”Al escuchar ese pseudo piropo quede en shock, uno por lo directo y otro por lo ordinario. Me sentí demasiado pasada a llevar y mas encima por un tipo que jamas en mi vida había conocido y ojala no vuelva a ver. Me hice la weona como que no escuche nada, porque no supe como contestar a semejante tontera.

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Nicolás Aros Marzá

Experiencias personales #13 (Jabi)

La verdad este es el peor de los varios episodios de acoso callejero que he tenido. Era verano y unos amigos me pidieron que los fuera a buscar al metro más cercano a mi casa, me fuí caminando porque la zona en la que vivo es usualmente apacible y agradable de transitar. Cuando estaba cerca de la estación, yo caminando hacia adelante, se me aproxima un ciclista y, pillándome desprevenida, me toca los glúteos con toda la falta de verguenza que alguien se pueda imaginar, fué tan rápido y yo me quedé helada cuando sucedió, el muy asqueroso me susurró algo que no pude procesar y salió pedaleando a toda velocidad. Yo, en mi estado de conmoción increíble, y una palidez famélica sobre mi rostro moreno seguí hasta mi destino de modo cási sistemático, como dejando que mis piernas se movieran una adelante de la otra sin que realmente yo hubiera dado la orden, entonces veo a mis amigos y me preguntan qué me pasaba y yo simplemente pude comenzar a llorar, para asimilar lo terrible y humillada que me sentía, estaba triste y enojada. Hay que decir que el tipo debe haber sido bien enfermo, porque entonces yo tenía 16 años, mido 1.51, tengo un cuerpo menudo y una notable cara de pendeja que me obliga a recurrir a las maravillas del maquillaje para verme de la edad que en verdad tengo. Esa fué, sin duda, una anecdota digna del olvido, sumada a todas aquellas que me han hecho pensar que es mejor permanecer en la comodidad y seguridad del hogar antes que salir a exponerse a la humillación de ser el objeto de burla de tantos simios sociopatas sueltos por ahí.